Ilustración : Andres Reina

Les cuento que estoy muy feliz del privilegio de poder estar estudiando mi pregrado, aunque ya tengo 43 años. Viví la experiencia de un  edificante seminario de formación en producción de textos  seminario a cargo del profesor Luis Carlos Pacheco  por eso conocí el libro “La cocina de la escritura” de Daniel Cassany.

Y, me nació compartirles esta experiencia.

 Las preguntas más agudas en el inicio de este seminario de análisis y producción de textos han sido ¿Cuál es mi función como escritora? Y ¿Cuál es la imagen que yo tengo de mí misma como escritora?

¡Que difíciles son estas preguntas!  Respondo aventurándome a quedar insatisfecha con lo que digo:

Siento que mi mayor función como periodista es ser portadora de mensajes relevantes y necesarios para las audiencias.

 La imagen que tengo sobre mí misma como escritora es que soy una escribidora Y a partir de esa verdad escribo desde el corazón y la razón.

Conocer el libro “La cocina de la escritura” me ha resultado bastante pedagógico y esclarecedor debido a que soy cocinera fusión de la línea artesanal y, por esa razón ha sido un verdadero deleite esta lectura.

 Como disléxica con disgrafia he tenido muchas dificultades para dimensionar la técnica de la escritura y aún no soy una escritora. Es por eso que afirmo de manera recurrente

 “¡Soy una escribidora!” 

No sé si algún día llegue a ser una escritora, no tengo claro si realmente eso es algo que desee.

En mi silla de escribidora procuro hacerme entender desde toda la complejidad de mi existencia y mi cosmovisión que es maleable no pocas veces.

Desde mi silla de escribidora en el escritorio del error que se reivindica cada día a pesar de la vergüenza, contra todo pronóstico y con gran pasión por las cosas que deseo registrar en letras. Desde allí hago todo lo que puedo para lograr que mis letras torpes sean mensajes importantes y trascendentes. Por lo menos trascendentes para quienes se conecten con los temas que pongo sobre la mesa, más allá de las letras.

 Me dijeron que nunca aprendería a escribir dentro de los cánones aceptables de la eminente corte que dicta quienes son letrados dignos y quienes no.

 La corte suprema de las letras perfectas que dictan quienes son indignos de ser publicados y leídos.

Y yo simplemente encuentro en el ejercicio de escribir un ejercicio emancipador y sanador más allá de toda técnica, por esa razón nunca dejaré de escribir.

Aunque sea más fácil para mi grabar audios o hacer contenidos audiovisuales.

 Escribir me reivindica en el lugar negado, he venido del “Sin lugar” y he tejido este lugar de las letras desenfocadas y las verdades necesarias para desde mi paraje de escribidora validar mi existencia e identidad.

 Escribir es el testamento de mis pasos, es la evidencia de que tejí un lugar donde mis letras torpes han ganado sus espacios y han sido el eco de las voces del silencio o las voces ignoradas.

Este hermoso recetario de formación lecto escritora ha cambiado mi manera de comprender el oficio de plasmar las palabras en letras.  Por esta bendita experiencia puedo admirar, comprender y valorar mucho mejor a los escritores y escritoras.

 Es un libro que merece toda mi atención. He adquirido un compromiso de vida, el compromiso de leerlo y releerlo para sacarle todo el provecho posible.

 Debo sacar el tiempo para analizarlo, masticarlo, saborearlo, disfrutarlo y digerirlo completamente. Comprendí varias cosas que debo tener en cuenta para redactar correctamente.

Me siento bastante avergonzada por mi mala letra, pero, no tanto como para dejar de escribir:

Ahora con este recetario que me permite tener más conciencia sobre las letras y de la redacción entre reflexiones tan académicas como orgánicas. Percibo dentro de mí a una escribidora con mayor motivación y sobre todo con herramientas.

Mas allá del ser esta el hacer y el hacer “bien hecho”. Y que se noten las comillas porque justamente no creo en la perfección.

Si algún día cuento con la gracia de las letras perfectas será magnifico, pero no me agobia. Las letras imperfectas son mucho mejor que las letras perfectas que nunca salen a la luz.

Como pasa en la vida  que siempre es preferible un logro imperfecto a nunca haber logrado nada. Así las letras. Prefiero lograr letras torpes que nacen a la audiencia posible a quedarme con las letras “bien hechas” que nunca escribiré.

El idealismo de la perfección siempre será enemigo del realismo de la posibilidad.

Colofón: El significado de Escribidor   en el diccionario es “mal escritor” mal escritor o escritora ¿según quién? ¿y por qué?  Según la ilustre corte de la escritura que ya he mencionado. Porque no hay letras impecables y a veces se riegan errores y horrores semánticos y ortográficos.    Al final de la cuenta una escribidora luchara con el alfabeto, pero sus letras que no se escriben con tinta le ganaran al alfabeto.

 

 

 

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