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Catalina Sánchez o el cáncer de la unidad de Desprotección

inicio mi  entrada a  este blog este  año hablando de una mujer extraordinaria qué hace país desde su realidad y lo hago  para visibilizar que en Bogotá también están corriendo peligro la integridad y la vida de los liderazgos sociales, esta es la historia: No me sorprende la renuncia de Pablo Elías González, hace muy poco a la Unidad de Protección. Evidentemente le quedó grande proteger a las personas amenazadas del país. Lo que me preocupa más es si quien lo reemplace de verdad podrá asumir adecuadamente ese reto, porque las historias de fracasos de la Unidad, de personas asesinadas o a punto de ser asesinadas luego de haberle entregado su vida a la causa de mejorar este país se cuentan por decenas. La Unidad no pudo cuidarles y por eso a muchas personas les mataron y a muchas están a punto de matarles. Lo peor es que, en no pocos casos, la Unidad les dejó botadas  en el peor momento. Para la muestra un botón.

Catalina Sánchez es una lideresa de Teusaquillo, en Bogotá, que ha dedicado los últimos años a luchar contra la explotación sexual infantil en su barrio. Lo ha hecho de la mano de la Junta de Acción Comunal y de algunos funcionarios y funcionarias conscientes que no se han dejado amedrentar por las mafias que se mueven en esa zona de la ciudad, haciéndo de la vida de niños y niñas un verdadero infierno.

Dio esa lucha a pesar de que su círculo más cercano le insisitía en que tuviera precaución: que ir a hablar con la Policía o con la Alcaldía Local solo serviría para ponerse a sí misma como “objetivo militar” de los delincuentes, y que la posibilidad de que el Estado de verdad contribuyera a solucionar el problema era bajísima.

Ella, digna lideresa de este país, siguió adelante sin medir riesgos, fiel a lo que su trayectoria como profesora, como música y como comunal le dictaron: ¡No se podía dejar a niños y niñas a su suerte, con esos explotadores sexuales actuando en su localidad!

Y así, sumando esfuerzos con otras voces valientes del sector, Catalina continuó con su causa. Y aún cuando los delincuentes la trataron de amedrentar y hasta le hicieron advertencias violentas entrando a la fuerza a su casa, ella levantó más alto su voz. Solo entonces, tras años de trabajo acudió a la Unidad de Protección.

Al principio fue algo  muy duro,y dificultoso  y hasta incómodo, pero con el paso de los días se convirtió en algo de vida o muerte. Los explotadores de la infancia defienden su horrenda actividad ilícita con uñas y dientes. Solo quien ha vivido ese terror nos podría explicar al detalle lo que se siente.

Pero lo peor llegó hace solo unas semanas cuando la Unidad decidió quitarle la protección que tenía asignada, justamente en su momento de máxima vulnerabilidad: cuando se encuentra luchando contra un cáncer que ha puesto en jaque su vida: cuando está en su mayor grado de vulnerabilidad han optado por dejarla a merced de quienes la han amenazado durante varios años. ¿En qué cabeza cabe?

Citarán estudios, darán razones y plantearán excusas. Que esa protección sirve para quien podrían matar mañana y que tal vez ella aguante hasta pasado mañana. Y yo digo: ¡Qué horror que el Estado abandone así a nuestros liderazgos sociales, igual en Bogotá la capital del país que en todas las esquinas de Colombia! ¡Qué frustrante! en ninguna ciudad debería existir el terror qué sentimos quienes defendemos la justicia social

Por eso le pido a la nueva persona a cargo de la Unidad de Protección que cuide a todos nuestros líderes y lideresas, pero en especial le pido que no deje que las  bandas de explotadores sexuales infantiles maten a Catalina. Ella y el equipo médico a cargo están luchando en  contra de un cáncer muy agresivo, con todas las limitaciones del sistema de salud colombiano… ¡Al menos devuélvanle su esquema de seguridad! No es justo que la dejen a su suerte en el peor momento.                                                – Les escribe Mar Candela ideóloga  del feminismo Artesanal

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