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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 05 Apr 2026 16:43:54 +0000</lastBuildDate>
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	<title>La dañina filosofía del más vivo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La dañina filosofía del más vivo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/la-danina-filosofia-del-mas-vivo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa: “Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa:</p>
<p>“Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 pesos. Al mediodía, llegó otro jornalero pidiendo trabajo y le dijo que le trabajaría 3 horas por 50 pesos. El dueño de la finca aceptó.</p>
<p>El primer jornalero le reclamó al terrateniente porque le parecía injusto que le pagara 50 pesos por 3 horas de trabajo al otro jornalero. El dueño de la finca le contestó que la culpa fue de él por no ser más &#8216;vivo&#8217; y cobrar más dinero por menos tiempo de trabajo”.</p>
<p>Según quien contó la historia, la moraleja es que hay que ser más &#8220;vivos&#8221; y cobrar más para que no aparezca otro más vivo que tú.</p>
<p>Sin embargo, me parece que esa no es la moraleja correcta. El primer jornalero pidió trabajo y cobró lo que honestamente costaba su labor. El segundo jornalero, aprovechado y avivato, cobró más dinero por menos tiempo de trabajo, estafando al dueño de la finca, quien al parecer es un tonto al que le gusta regalar su dinero.</p>
<p>En esta historia se premia la viveza y la estafa, y se castiga la honestidad. Esta situación no es solo una anécdota, sino que refleja nuestro diario vivir.</p>
<p>Cuando la señora me quitó el puesto en la fila, no me quedé callada. Le dije que no fuera tan irrespetuosa, que tuviera un mínimo de educación y me devolviera mi lugar. También le pedí a la cajera que no la atendiera, porque quien seguía era yo. La cajera se hizo la sorda y atendió a la señora maleducada. No discutí más porque estaba en modo namasté y no quería confrontaciones.</p>
<p>Cuando la mujer que me robó el puesto se iba, me dijo cínicamente: &#8220;De malas, eso te pasa por estar distraída y no andar pilas&#8221;.</p>
<p>¿Distraída? Estaba haciendo normalmente una fila. Hasta ahora me entero de que, haciendo cola, tengo que estar alerta para que no me roben el puesto.</p>
<p>Lo peor de todo es que estos comportamientos son festejados, y ser un &#8220;vivo&#8221; es considerado una cualidad y no un defecto.</p>
<p>Álvaro Vargas Llosa, en su libro &#8220;La fauna política latinoamericana: neopopulistas, reyes pasmados e insoportables&#8221;, habla sobre la &#8220;cultura de la viveza&#8221;, manifestando que es una característica social muy arraigada en Latinoamérica. Para él, es un síntoma de sociedades donde existe desconfianza en las instituciones y una debilidad legal. Vargas Llosa explica que cuando los ciudadanos perciben que las &#8220;reglas del juego&#8221; (sean legales o convenciones sociales) son injustas e ineficaces, la tentación de &#8220;ser vivo&#8221; se convierte en una estrategia de supervivencia.</p>
<p>Vargas Llosa manifiesta en su libro que la astucia y la viveza se consideran como una respuesta adaptativa a un entorno hostil. Sin embargo, también hace énfasis sobre los peligros de la corrupción y la falta de ética en esta cultura de la viveza.</p>
<p>Al analizar lo expuesto por Vargas Llosa, la &#8220;cultura de la viveza&#8221; sí puede ser una capacidad de adaptación y supervivencia dentro de una sociedad sistemáticamente injusta y sin equidad; pero, por otro lado, arraiga en la población una inclinación hacia la deshonestidad y la corrupción, que transciende el entorno de la supervivencia y comienza a considerarse un &#8220;hábito útil&#8221; para buscar el beneficio propio pasando por encima de los demás, sin ningún principio ético y moral.</p>
<p>He escuchado siempre que dicen &#8220;tienes que ser el más vivo&#8221; o &#8220;mi hijo es el más vivo del colegio&#8221;. Pero, ¿quién es “el más vivo”?</p>
<p>* El que es capaz de quitarle el puesto a otro, colarse en la fila, irrespetando el tiempo y el derecho de los demás.</p>
<p>* El que estafa, cobrando más de lo que cuesta, engañando, o vendiendo que probablemente no esté en un óptimo estado y tú no lo sabes.</p>
<p>* El trepador que, para alcanzar una posición, pasa y pisa a todo el que puede sin ningún dolor moral.</p>
<p>* El adulador que, a punta de hipocresía, se gana a las personas solo por el mero interés de obtener algo.</p>
<p>* El más bravucón o bravucona que, a punta de gritos, agresividad y mala actitud, se quiere imponer porque &#8220;tiene carácter&#8221;.</p>
<p>* El oportunista que vive del &#8220;papayazo&#8221; para obtener algo &#8220;gratis&#8221; o más barato cuando no lo es.</p>
<p>Este tipo de comportamientos los vemos a diario. Por ejemplo: cuando el taxista le cobra más al turista porque no conoce las tarifas, cuando en Cartagena le cobran un almuerzo a un turista cinco veces más de lo que realmente vale, o cuando una mujer sin educación te quita tu lugar en la fila.</p>
<p>Por fortuna, yo no soy &#8220;la más viva&#8221; ni lo quiero ser. Todos los días trabajo e intento ser respetuosa y decente, sin dejarme de nadie, pero sin pasar sobre nadie para obtener algo.</p>
<p>En una sociedad que se premia la “cultura del más vivo”, se desincentiva la honestidad. Desmontar esta percepción cultural no es sencilla. Necesitamos una educación que promueva valores éticos y un compromiso colectivo por parte de la sociedad para rechazar estos comportamientos.</p>
<p>Debemos redefinir lo que consideramos como habilidades de “éxito”, comenzando con nosotros mismos, crear en nuestras vidas una cultura de integridad y respeto mutuo.</p>
<p>Ser “el más vivo” también es una forma de violencia.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Thu, 06 Jun 2024 20:03:32 +0000</pubDate>
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