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Mil veces dicho: la educación es el camino

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En 1995, la Misión de Sabios* decía que el futuro de Colombia iba a estar profunda y directamente relacionado con la capacidad que tuviéramos los colombianos de organizar la educación, su hija la ciencia y la hija de ésta, la tecnología. Estamos ahora con el reto Colombia la mejor educada en el 2025 y, aunque las pruebas Pisa 2015 y Saber 2016 muestran avances, le meta está muy lejos aún.

Sabemos que una educación de calidad en toda la trayectoria de vida es fundamental para lograr equidad, inclusión y desarrollo. Es determinante para que niños, niñas y jóvenes puedan explorar y desarrollar sus talentos, descubrir sus pasiones, potenciar su creatividad,  diseñar con propósito y sentido, proyectos de vida que respondan a sus sueños y aspiraciones y que éstos sean realizables. También para hacer surgir nuevos liderazgos, que asuman las agendas de desarrollo y transformación en  sus territorios. Ciudadanos éticos, con sentido de justicia social,  responsabilidad, valoración del bien común, con capacidad para vivir pacífica y respetuosamente en medio de la diversidad y la complejidad.

Esto cobra especial relevancia en la actual coyuntura si queremos genuinamente una paz sostenible y duradera para todos.  Así lo afirmaba Jacques Delors, en 1996, en el texto introductorio ‘La Educación o la utopía necesaria’**: “Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social”.

El país cuenta con experiencias diversas que tienen resultados concretos sobre comunidades educativas que se han movilizado y han logrado trasformar positivamente la vida de niños, jóvenes y sus entornos. Escuelas, que en medio del conflicto armado han sido ámbitos de protección y cuidado. Esas son las victorias tempranas que el país tiene que recoger. Ahí están Rubén Darío, Emperatriz, Aníbal Bubu, Indalecio, Edgar, Ana Beatriz, Aurora, Sandra Cecilia, Nancy Estella, Edgardo Ulises, Osmar Ebeiro, y muchos más.  Rectores, docentes, comunidades educativas, líderes e innovadores sociales que tenemos la obligación de rodear y fortalecer. La invitación que hacemos desde la Fundación Compartir es a trabajar ya,  con ellos, desde sus territorios,  acompañando sus procesos de reflexión, sus desafíos, aprendiendo con ellos, escuchando lo que tienen para decir sobre cómo si se puede ofrecer educación de calidad, en contextos complejos y diversos, como lo son la mayoría de los territorios en este país.

Una última pero no menos importante reflexión: de las Normales Superiores dependerán muchas de las transformaciones que se tienen que dar en la educación rural, por esto es indispensable que las pongamos todos en el radar y les demos la importancia estratégica que tienen.

Que en 9 años no seamos sorprendidos porque no fuimos “los mejor educados” y en 20 porque no pudimos hacer todo lo que dijimos que íbamos a hacer. Valoremos y pongamos a la educación y a las comunidades educativas en el centro de los procesos de transformación de los territorios que requiere el país.  Que sea este nuestro destino compartido, nuestra causa común.

Por: Marta Lucia de la Cruz Federici
Gerente Innovación Social
Fundación Compartir

* Colombia al Filo de la Oportunidad.
** La Educación encierra un Tesoro.

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