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Educación: dama de honor en campaña maltratada en el mandato

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Desde hace varios años hemos insistido que la educación es un tema importante en las campañas, pero en los mandatos es la cenicienta del gobierno y esto se da tanto en las esferas nacionales como en las territoriales.

Como la educación es un asunto de todos, vale la pena usarla para conseguir votos, pero una vez elegido el candidato, pasa a un tercer plano, por no decir menos.

En Colombia es necesario que la educación se vuelva una política de Estado tal y como lo estableció la ley 1804 del 2 de agosto de 2016 para el desarrollo integral de la primera infancia.

Recordemos que una política de Estado son normas generales avaladas por el más alto nivel de conducción política del Estado y respaldadas por un amplio consenso social o político, para que un determinado sector o actividad pueda alcanzar sus objetivos con un horizonte de cierta estabilidad y permanencia en el tiempo. Se fundamenta en los intereses superiores de la Nación y no en la coyuntura ni en metas de corto plazo.

Basta con mirar las hojas de vida de algunos ministros, secretarios de Educación y funcionarios, para darse de cuenta de su desconocimiento e inexperiencia en el sector y aún más crítico de la institución educativa, ya que, como le educación es la cenicienta, sus asuntos se resuelven a través de improvisaciones y desaciertos.

Lo crítico es no tener en cuenta que malas decisiones afectan a los miles de niños y jóvenes que diariamente asisten a las instituciones educativas del país, a los maestros y rectores que con entusiasmo, dedicación y profesionalismo los atienden y en general a toda la sociedad, pues en la medida en que a nuestros estudiantes les sigamos aplazando la oportunidad de recibir una educación de excelencia, seguiremos transmitiendo el mensaje cultural de lo que llamamos la “viveza criolla” que no es otra cosa que la filosofía de vida, de querer siempre obtener alguna ventaja, donde lo que importa no es servir al otro sino favorecerse a sí mismo. Solamente con revisar las noticias diarias sobre casos de corrupción nos damos cuenta de lo anterior.

Permanentemente, en mis visitas a colegios y en diálogos con los actores del sistema educativo, encuentro la constante insatisfacción de todos ellos por lo que les brinda el sistema educativo.

Los maestros y rectores se quejan de la obligatoriedad de una gran cantidad de cátedras y asignaturas que no permiten flexibilidad curricular, ni hablar de los malos servicios de salud que reciben y los bajos salarios.

Los “Pilo paga” enviaron una carta a las autoridades manifestando su desacuerdo con el incumplimiento en el pago de sus mesadas, los estudiantes no encuentran interés y motivación para ir a la escuela pues la misma no es pertinente para el contexto en el que se desenvuelven.

Padres de familia frustrados porque sus hijos no cumplen con los requisitos y los promedios de ingreso a la educación superior, maestros en formación que no adquieren las competencias y habilidades para el ejercicio de su cargo, profesores universitarios insatisfechos con sus estudiantes porque les toca enseñarles a leer y escribir durante los primeros semestres y empresarios que no consiguen mano de obra calificada para el desarrollo de las actividades que requieren sus empresas.

Por todo lo anterior es que, creo, llegó la hora hacer una evaluación de la ley 115 de 1994 o ley general de educación y de todo el sistema educativo, para ver si permiten desarrollar el perfil de egresado que queremos formar en Colombia, es decir un ciudadano que sea capaz de afrontar con éxito los retos y desafíos del siglo XXI, dentro de una convivencia en paz.

El problema se debe resolver de raíz, pero para eso se requiere contar con las personas que mejor conocen el sector: estudiantes, maestros, directivos docentes, padres de familia, empresarios, universidades, sindicatos y miembros de fundaciones para que revisen la ley 115 y sugieran los cambios necesarios para que Colombia sea la más educada, siquiera, en 2050.

No más intentos frustrados de realizar documentos con sabios del país como “al filo de la oportunidad” y planes decenales que no han logrado mejorar la calidad de la educación que reciben nuestros estudiantes.

Javier Pombo Rodríguez
Director de Innovación Educativa
Fundación Compartir

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