Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

Primero de enero, el primer día del resto de nuestras vidas.

El año 2020, ha sido un libro que muchos quieren cerrar y lanzar a la basura. Pero tiene que ser un texto inolvidable, como los grandes clásicos literarios, debe dejar no solo momentos de llanto o risa, sino importantes lecciones, algunas para no repetir, otras para tener en cuenta a la hora de enfrentar los retos futuros.

Si fuera una novela de ficción, las pasadas 365 páginas tuvieron capítulos de tristeza, algunos realmente crueles, con ausencias, despedidas y soledad. Pero ha sido también un libro con pasajes gratos, de encuentros y reencuentros, con viejos o nuevos amigos, con familia e incluso con nosotros mismos, es posible que algunos por fin cumplieran alguno de esos viejos propósitos de los 31 de diciembre, que al final siempre se aplazaban o que simplemente descubrieran un talento nuevo o aprendieran algo útil para la vida, desde cocinar a organizar una teleconferencia.

La herencia de cada año que se va, son aquellas nuevas palabras que terminan acuñándose en nuestro diccionario cotidiano. El glosario de este año, se alimenta entre otros con vocablos simples o compuestos, como confinamiento, distanciamiento social, teletrabajo, aplanamiento de la curva, nueva normalidad. Muchos aunque no sepan exactamente qué significa, hablan con propiedad de la resiliencia, término que mi computador no reconoce, pero que se hace tan necesario para afrontar la adversidad.

Sin embargo, a pesar de las palabras, el gran riesgo es el olvido, la post-pandemia definitiva. Al intentar pasar la página, cerrar el libro e ignorarlo, estamos contribuyendo a que la próxima pandemia sea peor o que no hagamos nada por remediar como especie, el verdadero apocalipsis que se avecina, el calentamiento global asociado al cambio climático, que ya no es una amenaza, es una realidad que se expresa en fenómenos más agresivos y frecuentes, que traerá no sólo más enfermedades nuevas, también desastres masivos, si no hacemos algo positivo por este único hogar que conocemos, el planeta Tierra.

Al final, quien esto escribe y usted que lo lee, nos debemos felicitar, estamos vivos y algunos de nosotros, tenemos seres queridos que están dando la pelea por la vida, por la salud, con optimismo, fe y esperanza. Nunca como antes, la religión se asoció con la ciencia, las oraciones y buenos pensamientos se han propagado, como las vacunas y tratamientos. Aunque lamentablemente, también por las redes sociales se esparció mucha basura, conspiraciones imaginarias y noticias falsas, verdaderos atentados a la inteligencia humana.

En años anteriores, he planteado en este blog, que el primero de enero es un día inútil, que no debería aparecer en el calendario, pero en las circunstancias que atravesamos, al menos este primero de enero de dos mil veintiuno, que sea muy diferente, el verdadero primer día del resto de nuestras vidas, recordando las lecciones del dos mil veinte. Albricias para todos.

 Dixon Acosta Medellín

En Twitter a la hora del recreo me encuentran como @dixonmedellin

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