Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

PACHECO, UN APELLIDO CON SABOR A NOMBRE

Homenaje a Pacheco

Al comienzo sólo lo identificamos como Pacheco, eso me ocurrió y seguro a los millones de niños colombianos que en la década de los setenta veíamos Animalandia el legendario programa de televisión que él conducía cuando el mundo era en blanco y negro. Durante mucho tiempo creímos que ese hombre que se autoproclamaba como el más feo, con su voz medio carrasposa, pero que irremediablemente nos atrapaba al frente del televisor, sólo tenía un nombre.

Con el tiempo, sabríamos que Pacheco realmente era la segunda parte del primer apellido del más famoso animador de la televisión colombiana. Fue algo traumático acostumbrarse a identificar a ese hombre barbudo y pecoso como Fernando González-Pacheco Castro, quien había nacido en España pero criado en Colombia y quien luego de probar suerte en oficios disimiles como boxeador profesional y marino mercante al desertar de sus estudios de medicina, terminó descubriendo que su territorio era el de la televisión.

Y así como Animalandia fue la escuela de la infancia con el maestro Pacheco, los ya no tan niños seguimos creciendo y llegaron una cascada de programas de concurso como Cabeza y Cola, Sabariedades, Compre la Orquesta, El Programa del Millón, entre otros, en donde se combinaba cultura, música y entretenimiento, todo de la mano del animador por excelencia.

La mayoría de edad nos hizo descubrir a un Pacheco que hizo de la conversación, el secreto de un gran entrevistador. Discípulo del mejor método socrático, hacedor de preguntas simples y llanas que permiten revelar complejidades, sin caer en las inquietudes-conferencia de algunos periodistas actuales empecinados en demostrar que son más doctos que los mismos entrevistados. En Cita con Pacheco y Charlas con Pacheco, sus invitados olvidaban que estaban ante la cámara y  en diálogo ameno podían develar hasta sus más íntimos secretos.

No podemos olvidar al Pacheco actor, a quien nos divirtió en Música Maestro y otras telenovelas, pero se consagró en ¨El Viejo¨ un Cuento del Domingo, la serie de RTI, protagonizando un mano a mano actoral con el maestro Boris Roth. Pacheco no se limitó a la televisión, incursionó en el cine y aparece en un segmento de ¨Tres cuentos colombianos¨, cinta que abordaba el realismo social. Lo recuerdo en el teatro musical, en ¨Sugar¨, de hecho la única vez que pude en vivo aplaudir su desempeño.

Sin lugar a dudas, la televisión fue el mar en donde ese marinero frustrado se desenvolvía cual pez. Rememorando la infancia del primer párrafo, en su momento Pacheco sucedió a otro grande, el chileno Alejandro Michell Talento, el inolvidable Tío Alejandro, pero Pacheco no ha tenido parangón ni heredero en la pantalla, sobre todo a la hora de marcar como buen padre a sus millones de hijos televisivos, nosotros, los que ahora quedamos huérfanos.

Dicen que Pacheco ya se fue, la verdad desde el día que no volvió a aparecer en la pantalla se marcó su despedida, pero independientemente de la partida definitiva, siempre será un motivo de alegría permanente, pues hace parte de nuestra infancia colectiva. Un hombre al que siempre le llamaremos Pacheco a pesar de su largo nombre, como reconoció en su libro autobiográfico con prólogo de otro infaltable, Daniel Samper Pizano.

Como en el teatro en donde pude apreciarlo, va otra salva de aplausos para el inmenso Pacheco, los cuales no alcanzan a compensar a quien nos enseñó el significado grato del día domingo, pues el otrora ¨Kid Pecas¨ nos dejó noqueados con golpes de sonrisa.

Dixon Acosta Medellín

@dixonmedellin

P.D.: La fotografía que uso en la imagen que encabeza el presente texto la tomó el diseñador, publicista y fotógrafo Carlos Duque.

 

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