Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

INFLEXIONES FILOLO-HUMORÍSTICAS DE “CONTRAER MATRIMONIO”

A Carmen Patricia, mi contraparte en la vida.

Nunca antes me había detenido a considerar las variaciones lingüísticas de la expresión “contraer matrimonio”, quizás porque jamás la puse en práctica (hasta diciembre del año 2000).

En efecto, la definición aceptada y usual, es precisamente la decisión fundamental, la que obliga a una pareja a mantenerse unida por la eternidad. Sin embargo, un acto tan serio y sublime, no parecería estar bien representado por las palabras elegidas para denotarlo (un querido amigo filólogo diría que el significante no le hace justicia al significado) y para ello analizaremos por separado los términos contraer y matrimonio.

1) Contraer según el diccionario es estrechar, encoger, disminuir, lo cual explicaría que varios casados caminen como si llevaran una gran carga a cuestas. Pero en ocasiones, esta acepción se contradice con el evidente aumento del volumen abdominal de los cuerpos de los contrayentes, quienes olvidan los días, cuando trataban de conservarse esbeltos para el ser amado.

Pero la palabra contraer también significa reducir un discurso o razonamiento a un punto. En el caso que tratamos es sacrificar y simplificar una serie de argumentos sobre la independencia y libertad, a un pequeño monosílabo: “sí”.

Contraer también sirve para expresar cuando una persona adquiere deudas y obligaciones económicas, generalmente impagables, las cuales motivan coacciones de diversa índole. Algo similar como cuando el suegro lleva al altar de la oreja al novio, para que devuelva el honor perdido de su hija.

La cosa se agrava, cuando llegamos al tema de la salud, pues contraer normalmente se asocia con la posibilidad de contagiarse de cualquier enfermedad, epidemia, virus o sinónimo patológico. Aunque a decir verdad, el hecho físico del matrimonio puede acarrear una amplia variedad de patologías, como las venéreas, el VIH, o por lo menos dolores óseos y musculares, que provocan gemidos, cuando no alaridos, estos últimos por lo menos justificables y agradecidos.

Sin embargo, todavía no se presentan situaciones de personas que lleguen a un consultorio médico en avanzado estado de debilidad y dolor, gritando “contraje matrimonio”. Existen casos documentados pero en consultorios jurídicos y sabemos que los remedios, pueden ser de efecto lento como el divorcio o solución inmediata como la viudez. Quizás la relación entre “contraer matrimonio” y enfermedad, se derive de la expresión “hasta que la muerte los separe”, frase que para algunos se convierte en terrible sentencia de ejecución. No puede olvidarse la expresión “todo se ha consumado”, utilizada tanto para la noche de bodas o cuando alguien ha fallecido, que en el caso del matrimonio sería “todo se ha consumido”. Puede ser eso, o que el matrimonio y la enfermedad, usualmente se combaten y controlan en la cama.

En fin, queda claro que para la Real Academia, contraer no trae nada bueno.

2) Matrimonio, pareciera una palabra compuesta. Así “matri” es raíz de madre o sea de mujer, otras palabras cuyo prefijo es “matri” son “matriz”, “matrilocal” y “matriarcado”. Mientras “monio” suena a mono y peor aún a monopolio, es decir el dominio de uno, en este caso de una.

Así las cosas, desde el punto de vista filológico, matrimonio denota una situación particularmente riesgosa para el hombre, pues consagra legal y sacramentalmente el poder de la mujer sobre aquel ser, que tradicionalmente se autoengaña con el discurso gastado del “macho dominante”, visto en los programas sobre animales en televisión. La palabra matrimonio parecería tener un equivalente masculino, “patrimonio”, que se define como el conjunto de bienes propios, la raíz lingüística lo relaciona con el padre es decir con el hombre. El matrimonio al señalar una situación ulterior y definitiva, traslada el sentido (y por ende el conjunto de bienes) del hombre a la mujer.

Por todo ello, resultaría incomprensible que existan algunos hombres dispuestos a participar en una ceremonia tan nociva para su esencia. Sin embargo, cuando se encuentra una mujer bella en su forma, inteligente en su pensamiento y bondadosa en su espíritu, un hombre como el suscrito, está dispuesto a cometer semejante locura e incluso a recomendarla. Siempre y cuando el elemento sustancial del matrimonio sea el amor, estado del alma cuya sintomatología es lo más parecido a la enfermedad o la demencia, pero que en últimas es el remedio de todos los males.

Dixon Acosta Medellín

@dixonmedellin

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