Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

En el centenario de Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Nota preliminar: Esta columna se publica simultáneamente en El Correo del Golfo, en donde su autor firma con sus apellidos de pila.

El 25 de agosto se cumple el centenario del gran escritor colombiano Álvaro Mutis, de quien en septiembre se conmemoran diez años de su desaparición física de este mundo. Mutis, un poeta transmutado en novelista, creador entre otros libros, de la saga del navegante Maqroll el Gaviero. El ganador de los premios Príncipe de Asturias (1997) y Cervantes (2001), a quien le quedaron debiendo el Nobel, tuvo una vida tan fascinante como su obra, un hombre cosmopolita y políglota, que sin embargo suspiraba por la “tierra caliente”, una región tan amplia como indefinible que los bogotanos identificamos por fuera de nuestra fría comarca.

A pesar de vivir en Europa y radicarse en México, Mutis era un enamorado de la finca cafetera en la que pasó largas temporadas en su infancia y juventud, lo que se lee y huele en sus primeros poemas. Sin embargo, el mar fue su debilidad y siempre que podía navegaba en persona o mediante su alter ego, el mencionado Maqroll. Álvaro Mutis se declaró poeta, pero siendo consciente que resultaba muy difícil vivir de su pasión literaria, desempeñó diversos oficios, fue locutor y periodista radial, así como trabajó en relaciones públicas de diversas empresas, especialmente en petroleras como la Esso, en la cual tuvo un incidente que le llevaría unos meses a la cárcel, experiencia que como sucedió con otros renombrados escritores, le serviría como acicate literario, pasando de la poesía a la prosa.

Hombre de cultura enciclopédica, ironizaba diciendo que el último suceso destacable en la historia humana, había sido la caída de Constantinopla, defensor del régimen monárquico, reaccionario ilustrado que detestaba la política lo que no impidió ser uno de los mejores amigos de Gabriel García Márquez. Es memorable la anécdota cuando Mutis ante un bloqueo creativo de Gabo, le llevó un ejemplar de la novela Pedro Paramo de Juan Rulfo y le dijo: “Lea esa vaina, carajo, ¡para que aprenda!”.

Maqroll apareció primero en un poema y luego dio para siete libros, compendiados en lo que él llamó “Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero”. Como he comentado en esta columna en el pasado, Mutis quizás fue el más célebre actor colombiano de doblaje de voz, en la versión en español de la serie de televisión “Los Intocables”, aquellos agentes de la ley contra la mafia de Chicago, liderados por Eliot Ness. Para quienes quieran escucharlo, aquí pueden hacerlo:

https://www.youtube.com/watch?v=y-V9RGMo14w

Mansión de Araucaima

El cine no le fue extraño a Mutis, quien había trabajado como representante de 20th Century Fox y Columbia Pictures para América Latina en Bogotá. Hasta la fecha, hay dos versiones cinematográficas de obras suyas, realizadas por directores colombianos, “La Mansión de Araucaima” (Carlos Mayolo, 1986), basada en un relato del cual se dice fue producto de una apuesta del escritor con su amigo el director Luis Buñuel, para demostrarle que se podía realizar una obra de “gótico tropical”. Así mismo, la inolvidable “Ilona llega con la lluvia” (Sergio Cabrera, 1995), la única cinta en la que Maqroll ha aparecido, lo cual no deja de ser un desperdicio, pues el personaje da para una saga de películas o una serie de televisión.

No puedo dejar de mencionar una anécdota que tuve con el gran Mutis. Alguna vez, en la Feria del Libro de Bogotá, durante una conferencia del laureado escritor, le hice una pregunta incómoda, concretamente si pensaba “matar” a Maqroll el Gaviero en alguna novela, algunos espectadores me chiflaron y el escritor me miró con un gesto entre curioso, drástico y compasivo, respondiendo de manera diplomática, me dijo que todavía era prematuro pensar en la muerte del personaje, lo cual desató la euforia de sus seguidores y me salvó de ser inmolado por alguna turba poética enfurecida. Luego corrí a comprar uno de sus libros y saliendo del recinto, le pedí un autógrafo, aunque mi bolígrafo justo no quería funcionar, volvió a mirarme con el mismo gesto inefable y fue paciente hasta que el artefacto funcionó y dibujó su firma.

El encuentro lo recuerdo con gracia y compasión, los mismos sentimientos que seguro le inspiré a uno de los más grandes escritores del siglo XX. A quien guste de la lectura de relatos con personajes solitarios que transcurren en mares embravecidos o en calma, recomiendo que se sumerjan en el universo literario de Mutis y de ese aventurero taciturno llamado Maqroll.

Dixon Acosta Medellín

En lo que antes se llamaba Twitter aparece ocasionalmente como @dixonmedellin

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