Las palabras y las cosas

Publicado el Diego Aretz

La verdad es política, pero la política rara vez es la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Verdad. del Lat Veritas Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. 

Durante décadas los defensores de DDHH e investigadores venimos diciendo al país y recordandole que definitivamente nuestras cifras sobre violaciones a la vida y al respeto de la mínima dignidad humana son absurdas.

El país integralmente se ha dedicado a mamarle gallo a las víctimas. Mamarle gallo a la historia y por supuesto a la verdad. 

Las cifras aterradoras que reitera la Comisión de la Verdad, nos deberían hacer aún más cuestionar los gobiernos pasados y los políticos que han aportado con todo su cinismo a la guerra y a la violencia, cuando hablo de políticos hablo de todos los sectores sin excepción.

Una de las razones profundas que subyacen a esto es que las prioridades reales de los gobiernos nunca han sido las víctimas, nunca ha sido reducir el conflicto interno y construir un país donde los escenarios de guerra no fueran la única posibilidad.

Hay algo irónico que la Comisión de la Verdad nos hable de unas realidades que no son del pasado, el Catatumbo, Cauca, Córdoba, Arauca, Chocó, Cali pueden hoy hablarnos de un presente donde la violencia está viva, donde la guerra sigue cabalgando sobre las vidas y los sueños de las comunidades, donde la paz es solo un relato fantástico de la gente del centro del país y las élites.  La Comisión de la Verdad debería ser una institución que se dedicará a reflexionar el pasado y cerrar un ciclo, pero eso no es posible, no es posible porque casi todos los males que la comisión revisa, siguen presentes en nuestra realidad. ¿Será que deberíamos ir preparando otra Comisión para que nos cuente en unos años lo que vemos en las noticias a diario, en el país?.

Hay otras ironías en la Comisión, un ejemplo es que un sacerdote católico dirija una institución que pretende encontrar la verdad de un Estado laico. El comisionado Francisco de Roux tiene una biografía admirable en su defensa de los Derechos Humanos y eso justifica completamente su rol de comisionado. Pero también hubo ahí una decisión política, una aspiración de que al ser un «cura», la sociedad respetara su «neutralidad política», se aspiraba a que la otra mitad del país le diera confianza que un cura dirigiera la Comisión, pero se olvidaron de que la Iglesia Católica también fue una institución en el conflicto. La iglesia Católica es una institución que participó activamente en la guerra y la violencia que vivimos desde el «descubrimiento de América». También famosa la iglesia por tomar parte en las guerras fratricidas de liberales y conservadores. 

Para escribir esta columna viajé a 4 ciudades para entrevistar a 100 personas; Bogota, Cali, Popayán, Cúcuta. Me desplace a barrios que viven gran dificultad y a municipios cercanos, quise preguntar solo una pregunta a todas las personas que entrevisté; ¿Sabe Ud que es la Comisión de la Verdad?.  De las cien personas 80 me respondieron que no sabían, 11 dijeron saber y estar en desacuerdo por razones como: «parcializada» «Santista» etc. y otras 9 me dijeron estar de acuerdo con la Comisión. Creo que esta muestra no es perfecta, pero quien conoce mi trabajo sabe de la seriedad con que asumo mi periodismo, también invito que quien lee esta columna haga el ejercicio que yo hice en su contexto y si es preciso me cuente que escucha, que le cuenta el país. 

No hay verdad sin contexto. Y aquí los contextos son muy complejos. Las cifras aunque deshumanizan en parte, también ponen de relieve la dimensión de qué hemos sido como sociedad, y de lo que seguimos siendo. El presidente Duque no fue al evento de la Comisión en Bogotá, es un mensaje político muy bien estudiado, invalidar el trabajo de la Comisión desde lo político, aprovechar lo ideologizado que se encuentra el país para dejar en el aire eso que muchos Colombianos piensan; que lo que dice la Comisión es solo una versión más, en un mar de versiones. 

Dos retos tiene el país y la Comisión de la verdad ahora con el informe, el primer reto es lograr que la sociedad lea, comprenda y asuma lo que se vuelve a encontrar en el informe. El reto pasa obligatoriamente por los medios de comunicación y las instituciones educativas. En ambos casos las agendas privadas son importantes, las decisiones personales de dueños de medios, dueños de planteles educativos, periodistas, comunicadores y profesores. Permitirá o impedirá que el relato de la Comisión logre llegar al gran país.

Me suele gustar que vuelve a surgir la idea de «Pacto sobre lo fundamental», una idea de Álvaro Gomez que vuelve a ser usada por Gustavo Petro, ojala ese «acuerdo sobre lo fundamental» ponga en el centro la construcción de un relato donde quepamos todos, pero sobre todo donde quepan las historias y las verdades de un país que ha sufrido la guerra en todos sus grises, en todas sus capas sociales y en todos sus territorios, ojalá ese «acuerdo sobre lo fundamental» no sea otro pacto de clase* más, en que los políticos se roban el país, con la excusa de que nos están salvando a todos.

Popayán Julio del 2022

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Diego Aretz es un periodista y analista político Colombiano, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, colaborador de El Espectador, ha sido jefe de comunicaciones del Festival Internacional de Cine de Cartagena, jefe de  Comunicaciones del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos. Así mismo es jefe de comunicaciones del Consejo Nacional de Bioética, consultor de Terre Des Hommes Alemania y director de Por la Frontiere.

 

 

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