La UNAD logra calificación AAA y se desmarca del modelo financiero de las universidades públicas
La Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) acaba de recibir una de las señales de confianza financiera más altas del mercado colombiano: la calificación AAA con perspectiva estable otorgada por BRC Ratings – S&P Global. Más allá del lenguaje técnico de las calificadoras, el reconocimiento pone sobre la mesa una discusión de fondo sobre…
La Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) acaba de recibir una de las señales de confianza financiera más altas del mercado colombiano: la calificación AAA con perspectiva estable otorgada por BRC Ratings – S&P Global. Más allá del lenguaje técnico de las calificadoras, el reconocimiento pone sobre la mesa una discusión de fondo sobre el futuro de la educación pública superior en el país: ¿es posible sostener una universidad estatal con autonomía financiera, expansión territorial y crecimiento sostenido sin depender casi exclusivamente de los recursos de la Nación?
La respuesta que hoy intenta mostrar la UNAD es sí.
La institución, especializada en educación abierta, virtual y a distancia, se convirtió además —según un reciente informe de la Contraloría General— en la única universidad pública colombiana capaz de sostener la mayor parte de su operación con recursos propios. Un contraste marcado frente a la realidad del resto del sistema universitario estatal, donde la dependencia de las transferencias nacionales sigue siendo la norma.
El anuncio llega en un momento particularmente sensible para las finanzas públicas y para el debate sobre la sostenibilidad de la educación superior. Mientras varias universidades del país advierten sobre presiones presupuestales y déficits crecientes, la UNAD exhibe un modelo que mezcla virtualidad, cobertura nacional y control del gasto como fórmula de estabilidad.
“Cuando la educación pública se gestiona con innovación, transparencia y sostenibilidad, puede alcanzar la máxima confianza financiera sin renunciar a su misión social”, aseguró el rector Jaime Leal Afanador tras conocerse la decisión de la calificadora.
Parte del reconocimiento se explica por el modelo operativo que la universidad ha consolidado durante más de una década. Según cifras divulgadas por la institución, formar a un estudiante en un esquema universitario tradicional puede costar cerca de 27,9 millones de pesos al año. En la UNAD, en cambio, el costo ronda los 3,1 millones.
La diferencia no es menor. El sistema híbrido y virtual le ha permitido ampliar cobertura, abrir nuevos centros regionales y aumentar ingresos sin replicar los costos de infraestructura y operación de una universidad presencial tradicional.
Para Leonardo Urrego, la calificación no responde a un solo indicador financiero, sino a una combinación de factores: crecimiento sostenido de ingresos, control operativo, diversificación de fuentes de financiación y capacidad institucional de adaptación.
También influyó el manejo prudente del endeudamiento y la existencia de mecanismos de gobierno corporativo y rendición de cuentas que, según BRC Ratings, fortalecen la confianza sobre la administración de los recursos públicos y propios.
La obtención de una calificación AAA suele asociarse con empresas privadas o entidades financieras. En el caso de una universidad pública, el significado es distinto: implica que el mercado considera que la institución tiene una capacidad “extremadamente fuerte” para cumplir sus obligaciones financieras y sostener su operación en el tiempo.
Pero el caso de la UNAD abre además una discusión más amplia sobre el modelo universitario estatal colombiano. Mientras históricamente el debate se ha concentrado en la insuficiencia de recursos públicos, esta experiencia pone el foco en la eficiencia administrativa, la transformación digital y la capacidad de generar ingresos propios.
Desde la universidad insisten en que el superávit reportado por la Contraloría —superior a los 35 mil millones de pesos— no debe leerse como una utilidad empresarial, sino como capacidad de reinversión en tecnología, laboratorios y permanencia estudiantil.
En otras palabras, el argumento institucional es que la sostenibilidad financiera no necesariamente contradice el carácter público de la educación.
El reconocimiento también tiene implicaciones reputacionales. En un mercado laboral cada vez más competitivo, la solidez institucional se convierte en un elemento adicional para estudiantes y egresados.
“La señal es que el título proviene de una universidad pública reconocida no solo por su cobertura y modelo educativo, sino también por su sostenibilidad y buen gobierno”, señaló Leal Afanador.
La pregunta que queda abierta es si el llamado “Modelo UNAD” puede replicarse parcialmente en otras universidades estatales o si responde a condiciones excepcionales derivadas de su naturaleza virtual y de educación a distancia.
Por ahora, la institución parece haber encontrado una fórmula que combina expansión, cobertura y sostenibilidad financiera en un sector donde esas tres variables rara vez avanzan al mismo ritmo.
Diego Aretz
Diego Aretz es un periodista, investigador y documentalista colombiano, máster en reconciliación y estudios de paz de la Universidad de Winchester, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal y colaborador de El Espectador. Ha trabajado con la Unidad de Búsqueda y con numerosas organizaciones defensoras de DDHH.
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