Las palabras y las cosas

Publicado el Diego Aretz

La última entrevista de Antonio Caballero

«Siempre me ha parecido que el periodismo es un instrumento para hacer política»

Pues… entre otras cosas que vamos a hablar, está este libro que escribió usted que se titula “Historia de Colombia y sus Oligarquías” ¿cómo es eso de las oligarquías, por qué ese nombre?

Me parece que es una obviedad. Los países siempre han sido gobernados por oligarquías, lo que pasa es que en Colombia se ha hablado siempre de la oligarquía y es me parece que es una equivocación, porque la oligarquía no ha sido una sola en Colombia ni mucho menos, sino que han sido distintas oligarquías sucesivas. Evidentemente se han renovado por cooptación, pero también por guerras y matanzas. De todas maneras, la historia de Colombia ha sido contada por las oligarquías, es decir por quienes mandan, por quienes controlan el país, por quienes tienen el gobierno y el poder económico. Me parece que valía la pena contarla señalando también que son ellas las que la manejan…

¿Cómo llega a escribir este libro?

Desde que yo estaba en el colegio, me llamaba mucho la atención que cada vez nos enseñaban de nuevo la historia de Colombia desde la conquista y parábamos en la patria boba, en primero de bachillerato, en segundo, en tercero, en cuarto…entonces, cuando yo estaba como en sexto tal vez, empecé a hacer una historia de Colombia también con dibujos como esta, pero con textos y dibujos muy breves. Empecé a publicar en la revista cromos, pero no hice sino unos quince o quizás veinte episodios. Hace dos años le propuse la idea a la directora de la biblioteca nacional y empezamos a hacer publicaciones mensuales por internet.

¿Qué descubre después de terminado el proyecto en esas oligarquías?

Descubrí que en tiempos de la colonia la iglesia había sido mucho menos dañina de lo que yo creí siempre. Desde el siglo XVI en Colombia ha existido todo un sector de la iglesia enemigo de las oligarquías y de las autoridades locales.

Este libro como usted mismo lo dice es una crítica al concepto de oligarquía como un lugar fijo ¿es también autocrítico en un punto? evidentemente usted tiene apellidos muy fuertes en la historia de Colombia.

La oligarquía es el gobierno de unos pocos, yo nunca he tenido poder económico; que haya tenido tíos, abuelos y bisabuelos que hayan gobernado y hayan tenido poder económico es otra cosa. No me ha tocado, no lo vivo desde adentro, si esto es lo que pregunta. No ve que tenga ninguna responsabilidad en lo que hayan hecho.

Colombia siempre ha tenido una historia de narradores conectados a políticos.

Inevitablemente, porque la educación en Colombia es una cosa muy reciente, es un privilegio, entonces las personas que saben leer y escribir han sido siempre una pequeña minoría, cosa que ha cambiado bastante en los últimos treinta o cuarenta años.

A sus veintitrés años, se encontraba usted en París en mayo del 68 ¿cómo era estar joven en París siendo latinoamericano?

Yo estudiaba en el instituto de ciencias políticas de París SciencesPo. Una de las cosas que me llamó la atención es que era un instituto universitario evidentemente de derechas, y después de mayo del 68 se convirtió en homogéneamente de izquierdas, de una manera que me pareció inverosímilmente servil frente a los grupúsculos izquierdistas que en ese momento dominaban el mundo estudiantil en Franca. En general lo que fue mayo del 68 en Francia fue un festival, una fiesta estupenda, pero una farsa; eso nunca fue una revolución, aunque pretendía serlo. Era un carnaval.

¿Por qué farsa?

El hecho de que fue una farsa se demuestra en que no hubo ni un muerto, era una revolución de los hijos de la burguesía contra sus padres, no era una rebelión social ni muchísimo menos, en eso no participaban los obreros. Chon-Bendit insultaba a los comunistas porque no llevaban a los obreros a la revolución. Naturalmente los comunistas no estaban interesados en esta revolución de hijos de papá. Las revoluciones francesas han sido siempre farsas de teatro me parece a mí.

¿Cada cuánto venía a Colombia?

Yo duré casi diez años en Francia sin venir a Colombia, de ahí pasé a España y luego vine para acá, para la fundación de la revista Alternativa.

¿Quién lo invitó a Alternativa?

Enrique Santos y García Márquez, los dos. Yo había participado en la fundación de la revista Cambio16 en España, que fue la primera revista antifranquista que apareció en vida todavía de Franco. En Londres trabajé con una revista del Economist que se llamaba El Economist para América Latina, y luego con la BBC para américa latina en español.

Cambio16 y Alternativa me hacen pensar en un periodismo de izquierda, un poco crítico ¿qué pensaba usted del deber del periodismo en esa época?

Siempre me ha parecido que el periodismo es un instrumento para hacer política, por supuesto que se trata de informar, pero es que la información es política siempre, y la manera de transmitir información, y la manera de transmitir la opinión sobre la información, son actividades políticas.

El M19, y mucha gente cercana al M19 escribió en alternativa ¿sabían ustedes que eran militantes y periodistas o era algo que no sabían?

Nosotros teníamos relaciones con todos los grupos armados. Para el ejercito éramos subversivos, un par de veces nos pusieron bombas, sobre todo en la segunda época de Alternativa, cuando empezó el gobierno de Turbay y el estatuto de seguridad.

Volviendo a su libro ¿hay ciertos patrones de comportamiento entre los líderes de izquierda en Colombia?

Qué llaman los líderes de izquierda en Colombia?

Los líderes de los partidos de izquierda. Me encuentro con que es muy piramidal, los comandantes viven de una manera y las bases viven de otra manera.

En las FARC es absolutamente natural porque se trata de un ejército, es una organización jerárquica y disciplinada. En cualquier grupo que venga de organizaciones como lo fueron originalmente los partidos bolcheviques de Lenin, existe esa organización piramidal o centralismo democrático. Esto es así en todos los partidos de izquierda de Lenin para acá. En el siglo XIX, los partidos de izquierda entre otras cosas pretendían ser democráticos antes de que Lenin inventara la expresión “centralismo democrático”.

¿Cómo ve a las FARC ahora en política?

Los veo haciendo muy torpemente política, pro siempre ha sido así, porque ellos fundamentalmente son un grupo militar. Saben hacer la guerra y no saben hacer política, por eso han sido tan odiados. El contraste entre cómo fue recibido el M19 cuando dejó las armas y cómo fueron recibidas ahora las FARC, los unos con simpatía y los otros con gran antipatía. El M19 dejo las armas y a continuación gano un tercio de los votos para la constituyente. Las FARC dejan las armas y a continuación ganan 52 mil votos en todo el país, al margen de que los están tratando muy mal, les están incumpliendo todos los pactos.

¿Cómo ha sido la prensa con todo esto los últimos 20 años?

Cuando surgió Alternativa, la prensa negaba la existencia de la guerra, como Uribe hace 10 años u hoy mismo.  Negaba que hubiera motivos para la subversión en Colombia, esto era una democracia ejemplo para el mundo, todo el mundo era feliz aquí, y eso cambió. La prensa colombiana hoy reconoce la existencia de una política exterior, a lo que fue el frente nacional (liberal-conservador), esto hace 40 años era inimaginable realmente. La prensa ha dejado de ser por otro lado partidista (hablo de la gran prensa), es una prensa muchísimo más abierta y liberal en el sentido amplio de la palabra, no en el sentido partidista. Al mismo tiempo es una prensa que responde más a intereses financieros y económicos, los tres grandes grupos económicos de Colombia: Sarmiento Angulo, Santo Domingo y Ardila Nule son los dueños del 80% de la prensa colombiana.

¿Ese monopolio económico también lleva monopolio de narrativas?

Claro que sí. Pero de todas maneras es perfectamente posible en la prensa colombiana, sobre todo en la escrita, llevarle la contraria a los propietarios.

Desde que usted volvió, a fundar Alternativa y demás, suponiendo que tenía una visión de país deseable ¿algo de eso se logró?

Para empezar, me fui después de Alternativa un montón de años por fuera, y volví solo hace unos 15 años. Naturalmente que las cosas han cambiado, es lo que estoy diciendo. En Colombia ha cambiado la prensa completamente, no existe la censura en prensa, existe algo peor, y es que matan a los periodistas…

¿Eso no es censura?

Eso no se puede entender como censura. Censura es cuando se le impide a alguien decir lo que quiere, si se lo mata por haberlo dicho, eso es otro problema, gravísimo naturalmente.

 En una columna hace un tiempo en Semana, habla usted de Petro, y dice que le recordaba mucho a un personaje de derecha ¿puede ahondar un poco en esto?

El temperamento autoritario, soberbio, mesiánico de Petro es muy característico de los líderes de derecha, como lo era Mao, o el comandante Chávez en Venezuela.

¿Cómo ve los liderazgos políticos de izquierda en la región México por ejemplo?

No están cercanas a las nuestras, no tiene nada que ver Petro con López Obrador, ni tiene nada que ver México con Colombia, aunque en este momento tanto México como en Colombia el principal poder económico sean las mafias del narcotráfico.

Si bien es cierto que todos los países son diferentes, estoy de acuerdo, pero hay procesos que están muy cercanos, ese famoso socialismo del siglo XXI parece que hubiera tenido varias versiones muy diferentes (Correa, Chávez…)

Unas con petróleo y otras sin petróleo. Pero yo no veo que tiene que ver Hugo Chávez con Evo Morales o Nicolas Maduro, ni que tiene que ver la Bolivia de Hugo Chávez, ni con la Venezuela rica de Chávez, ni con la Venezuela miserable de Maduro. Está muy bien que se alíen para votar en las organizaciones internacionales, pero no creo que tengan que ver mucho entre sí.

Hay una responsabilidad del intelectual. Voy a decir que el intelectual para esta pregunta va a ser una persona que piensa, que escribe, que participa en la sociedad con ideas, y que de alguna manera tiene una incidencia política y social dentro de esa sociedad. Usted cuadra perfectamente dentro de ese lugar ¿cómo es la responsabilidad de señalar dentro de un momento de crisis, en un momento político crítico a un candidato o a otro, si es que la siente?

La siento en cierto modo, porque mi oficio en cierto modo desde hace muchos años consiste en opinar fundamentalmente sobre política, y si uno opina sobre política, tiene que opinar sobre los candidatos que encarnan esa política, en consecuencia, cuando vienen elecciones que pueden llevar a cambios profundos, yo creo que es obligatorio opinar. Yo lo he hecho siempre.

¿Cómo mide los alcances de una opinión en un momento de responsabilidad?

Yo creo que mi responsabilidad cuando opino es hacerlo con sinceridad con respecto a lo que pienso sin hacer cálculos de otra índole.

¿Cómo ve los años del actual gobierno en Colombia?

Bastante mal, por todo lo que representa Uribe y el uribismo, y Duque como candidato de Uribe y probable títere de Uribe, pero en todo caso, como representante del uribismo. Es para empezar, el incumplimiento y la destrucción de los pactos de paz con la guerrilla de las FARC, que no son la paz en Colombia, pero son la paz con la guerrilla de las FARC. Todo eso tiene muchísima importancia. Eso puede tener consecuencias muy graves de orden público, y naturalmente, la interrupción que probablemente vendrá de las conversaciones con el ELN. Me parece también nocivo en la reanudación de la lucha contra las drogas mediante el uso del glifosato y la prohibición de la dosis mínima. Es repetir todos los errores que se han venido repitiendo los últimos 40 años en el tema de las drogas, que es un tema fundamental para Colombia, porque es lo que alimenta todas las violencias. El dinero de las drogas es gigantesco por el único hecho que están prohibidas, y están prohibidas por el capricho imperial de los Estados Unidos… es muy largo y llevo 40 años diciendo las mismas cosas todas las semanas. Juan Manuel Santos ha sido el único gobernante latinoamericano y del mundo que se ha pronunciado, que ha dicho que la guerra contra las drogas es una insensatez siendo gobernante, y no cuando ya se ha retirado como lo han hecho tantos mexicanos, brasileros, afganos.

¿Haría usted un balance positivo del gobierno de Santos?

No. Sería más bien negativo, pero no tan negativo como lo hago de los dos gobiernos de Uribe. Santos es un político neoliberal sometido a los Estados Unidos en prácticamente todo, salvo en ciertos aspectos de la lucha contra el narcotráfico. A mi el neoliberalismo me ha parecido muy dañino desde que impera en el mundo hace 40 años aproximadamente.

¿Hacia dónde se debería ir?

Sólo la social democracia ha dado recetas útiles para todo el mundo.

¿Quiénes acá representan…

Nadie.

Es una respuesta muy grave.

No es una respuesta muy grave, sino que no haya nadie que represente eso.

¿Por qué cree que no existe ese tipo de gente acá?

Es que tampoco existe en la mayor parte del mundo. Eso ha funcionado 40 años en la Europa occidental, esa gente no existe ni en Estados Unidos, ni en los demás países de américa latina, ni en los países asiáticos ni africanos. Tal vez en Australia, pero puede ser considerado como un país de la Europa occidental.

 

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Diego Aretz es un periodista y activista Colombiano, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, ha sido jefe de comunicaciones del Festival Internacional de Cine de Cartagena y es el Jefe de Comunicaciones del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos. Así mismo es jefe de comunicaciones del Consejo Nacional de Bioética.

 

 

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