En la antesala de una nueva consulta política este domingo, el nombre de Roy Barreras vuelve a circular con intensidad en los corrillos políticos. Es asombroso: todo el mundo habla de Roy en los círculos políticos, pero al mismo tiempo en las encuestas simplemente no aparece con la fuerza que su protagonismo sugeriría. Esa paradoja me recuerda a un profesor que solía decir que hay tres clases de mentiras: las buenas, las malas y las estadísticas.
Roy es, sin duda, una figura singular. Médico de formación, político curtido en múltiples batallas legislativas, fue protagonista en uno de los capítulos más trascendentales de la historia reciente: la implementación normativa del Acuerdo de Paz firmado en 2016 bajo el gobierno de Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Su papel no fue el de un teórico del proceso, sino el de un operador eficaz, capaz de articular mayorías y convertir textos negociados en arquitectura jurídica. Ese episodio lo retrata bien: reformista pragmático, hombre de acuerdos, político que entiende que la transformación real pasa por las instituciones.
La campaña de Roy suele decir que es “la de todos”, que él es un candidato de todos. Y, en eso, acierta. Roy es respetado —y también controvertido— en prácticamente todo el espectro político. Eso es extraordinariamente raro en este país, donde la polarización suele convertir al adversario en enemigo. Roy habita un mundo medio que transita de manera única: no es un outsider antisistema ni un cruzado ideológico. Es un reformista que cree en cambiar desde dentro, en tender puentes donde otros prefieren dinamitarlos.
A mi modo de ver, es un líder popular con una conciencia liberal del país. Popular, porque entiende el lenguaje de la calle y la importancia de conectar con las mayorías; liberal, porque su apuesta es por el Estado social de derecho, por la deliberación democrática y por la reforma institucional antes que por la ruptura. Ese equilibrio —difícil y a veces incómodo— lo convierte quizás en el mejor ejemplo local de ese reformismo pragmático que Colombia necesita.
En una contienda donde abundan los discursos maximalistas, Roy representa algo distinto. Es, además, el único candidato con cercanía política a Gustavo Petro que, al mismo tiempo, promete estabilidad y la posibilidad de producir la confianza que hoy requiere el país: confianza en los mercados, en la institucionalidad, en que las reformas no serán sinónimo de salto al vacío.
Eso no lo exime de críticas ni de escepticismo. Las encuestas pueden subestimarlo o pueden estar reflejando límites reales de su proyecto. Pero reducir su candidatura a un dato demoscópico sería simplificar una realidad política más compleja. Hay apuestas presidenciales serias en esta contienda. La de Roy lo es.
Ya lo veremos este domingo.
Diego Aretz
Diego Aretz es un periodista, investigador y documentalista colombiano, máster en reconciliación y estudios de paz de la Universidad de Winchester, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal y colaborador de El Espectador. Ha trabajado con la Unidad de Búsqueda y con numerosas organizaciones defensoras de DDHH.