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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>¿Colombia gira a la derecha? | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Colombia gira a la derecha?</title>
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        <description><![CDATA[<p>Las elecciones de este domingo dejaron algo más importante que un resultado electoral. Dejaron una fotografía política del país. Y esa fotografía muestra con bastante claridad una realidad que muchos analistas se resistían a aceptar hace apenas unos meses: Colombia, al menos en esta elección, gira hacia la derecha. No se trata simplemente de quién [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones de este domingo dejaron algo más importante que un resultado electoral. Dejaron una fotografía política del país. Y esa fotografía muestra con bastante claridad una realidad que muchos analistas se resistían a aceptar hace apenas unos meses: Colombia, al menos en esta elección, gira hacia la derecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata simplemente de quién obtuvo el primer lugar en la primera vuelta. Se trata de la dirección general del voto, de los traslados previsibles entre candidaturas y de un estado de ánimo colectivo que parece haber cambiado después de cuatro años de gobierno de Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera gran conclusión es quizás la más sorprendente de todas: Abelardo de la Espriella, un hombre que jamás había participado en una elección popular, logró convertirse en la principal figura electoral de la derecha colombiana en cuestión de meses. Eso no es un accidente estadístico. Es un síntoma político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años se asumió que el uribismo era una estructura imposible de reemplazar. Que cualquier proyecto de derecha debía necesariamente pasar por los liderazgos tradicionales del Centro Democrático. Pero estas elecciones parecen demostrar exactamente lo contrario. El electorado conservador, cansado de las fórmulas conocidas, decidió migrar hacia una figura más emocional, más confrontacional y más cercana a los nuevos populismos de derecha que hoy triunfan en distintas partes del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derrota de Paloma Valencia representa precisamente ese fenómeno. Durante años fue presentada como la heredera natural de Álvaro Uribe. Tenía estructura, maquinaria, reconocimiento nacional y el respaldo del partido que dominó la política colombiana durante dos décadas. Sin embargo, terminó relegada a un papel secundario frente a una candidatura que entendió mejor el clima emocional del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta ahora no es si esos votos migrarán hacia Abelardo. La pregunta es cuántos lo harán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la respuesta parece bastante evidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto Paloma Valencia como Álvaro Uribe han dejado claro que su prioridad es impedir la continuidad del proyecto político de Gustavo Petro. Ideológicamente existe una enorme proximidad entre sus electorados y el de Abelardo de la Espriella. Seguridad, orden público, endurecimiento frente a los grupos armados, defensa de la propiedad privada y oposición frontal al petrismo son puntos de encuentro demasiado evidentes como para ignorarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta difícil imaginar otro destino para la inmensa mayoría de esos votos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación es completamente distinta en el centro político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los votos de Sergio Fajardo constituyen una incógnita mucho mayor. Pero precisamente porque Fajardo ha construido toda su carrera alrededor de la independencia política, parece prácticamente imposible imaginarlo invitando explícitamente a votar por alguno de los dos finalistas. Lo más coherente con su trayectoria es la neutralidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar ocurre con Claudia López.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No parece probable que termine respaldando abiertamente a Iván Cepeda, ni tampoco que se convierta en una aliada de Abelardo de la Espriella. Su capital político siempre ha descansado sobre una posición independiente frente a los grandes bloques ideológicos. Entrar de lleno en una de las dos campañas significaría renunciar a buena parte de esa identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece un dato fundamental para entender lo que viene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque Claudia López representa una centroizquierda moderada y Sergio Fajardo un centro y centro derecha moderados, sus resultados permiten medir el verdadero tamaño electoral del centro político colombiano. Durante años se insistió en que el país estaba atrapado entre dos extremos. Estas elecciones muestran que existe un espacio de centro importante, pero también que sigue siendo insuficiente para disputar el poder cuando la elección se polariza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gran pregunta es qué harán ahora esos votantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la respuesta más probable es que muchos no harán nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una parte podría votar por Cepeda. Otra podría hacerlo por Abelardo. Pero una proporción considerable probablemente se abstendrá en segunda vuelta. Porque justamente llegaron a las urnas buscando una alternativa distinta a los dos proyectos que terminaron clasificando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La neutralidad de Fajardo y Claudia sería además coherente con esa realidad. Ninguno tiene incentivos políticos para entregarle su electorado a uno de los finalistas. Ninguno puede garantizar que sus votantes obedezcan una recomendación de ese tipo. Y ambos tienen más que perder que ganar comprometiéndose con cualquiera de los dos bloques.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la elección termina dependiendo principalmente de los votantes ideológicamente más definidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí las cifras parecen favorecer claramente a Abelardo de la Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la inmensa mayoría de los votos de Paloma Valencia y del uribismo terminan respaldándolo, mientras una parte importante del electorado de Claudia López y Sergio Fajardo opta por la abstención, el escenario más probable de segunda vuelta podría ubicarse entre el 54 % y el 56 % para Abelardo de la Espriella y entre el 44 % y el 46 % para Iván Cepeda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, las elecciones no se ganan sumando votos mecánicamente. La política siempre guarda espacio para las sorpresas. Pero cuando se observan los bloques electorales y las afinidades ideológicas, la tendencia parece bastante clara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa tendencia dice algo más profundo que quién puede ganar la Presidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice que el gobierno Petro no logró consolidar una mayoría nacional para el continuismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante meses se discutió si Colombia avanzaba hacia una consolidación de la izquierda como nueva fuerza dominante. Las urnas parecen sugerir otra cosa. Lo que muestran es que existe un núcleo sólido de apoyo al petrismo, probablemente el más disciplinado y leal de todo el sistema político colombiano, pero también una mayoría igualmente sólida que busca una corrección de rumbo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la paradoja de la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces hablamos de la voluntad popular como si fuera una verdad moral absoluta. Pero las democracias funcionan bajo una lógica mucho más simple y mucho más dura: las mayorías deciden. No necesariamente porque tengan razón, sino porque son mayoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las mayorías son cambiantes. Hace cuatro años la mayoría votó por una ruptura histórica representada por Gustavo Petro. Hoy parece inclinarse hacia una reacción frente a esa experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese movimiento pendular no es exclusivo de Colombia. Está ocurriendo en gran parte del mundo occidental. Gobiernos progresistas enfrentan electorados cansados de la inflación, de la inseguridad, del deterioro institucional y de la sensación de que los cambios prometidos nunca terminan de materializarse. Frente a ello emergen liderazgos que prometen orden, autoridad y soluciones rápidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella entendió mejor que nadie ese clima emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras buena parte de la derecha seguía discutiendo programas, coaliciones y matices ideológicos, él convirtió la campaña en una narrativa de confrontación directa. No ofreció una derecha tecnocrática. Ofreció una derecha emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso parece haber conectado con un país cansado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vuelta dejó un mensaje claro: Colombia está agotada del experimento petrista y busca orden, seguridad y liderazgos que no pidan permiso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cifras terminan dibujando un panorama difícil de ignorar. Si la mayor parte de los votos de Paloma Valencia y del uribismo terminan consolidándose detrás de De la Espriella, y si el centro permanece fragmentado o simplemente decide quedarse en casa, Colombia podría estar a pocas semanas de elegir el gobierno más claramente ubicado a la derecha desde la llegada de Álvaro Uribe al poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noticia de esta elección no es solamente quién pasó a la segunda vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noticia es que Colombia parece haber tomado una decisión política mucho más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de cuatro años girando hacia la izquierda, el país parece haber comenzado a girar de regreso.</p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Mon, 01 Jun 2026 00:41:05 +0000</pubDate>
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