Las palabras y las cosas

Publicado el Diego Aretz

De Cacao, esmeraldas y paz: un viaje al corazón minero de Colombia.

 

Ilustración María Ochoa

«En la guerra el que paga el pato* es el que no está en la Guerra, el que no camina a los violentos»

Fura y Tena son dos montañas en el occidente de Boyacá que se dice encierran tesoros y representan la minería artesanal y la historia minera de siglos y generaciones de Boyacenses que han dedicado su vida y han construido su economía a partir de las Esmeraldas. 

La famosa «guerra de las esmeraldas» de 1985 al 1990 que llegó a su punto más álgido en los años 90, cobró miles de vidas en la región, era la región donde: “incluso los grupos paramilitares y guerrilleros tenían miedo de entrar». 

Pauna, Coscuez, Muzo, San Pablo de Borbur eran solo unos de los muchos pueblos que sufrieron una guerra incruenta, una guerra en la que era imposible para los habitantes de un pueblo cruzar al otro. Una guerra fratricida atravesada por la riqueza, la «plata fácil» «la vida fácil».

Fura y Tena cortesía Diptongo.

Es una región rica en todo; en agricultura, según estudios la región del occidente de Boyacá que se conecta con Puerto Boyacá y la Serranía de las Quinchas es una de las regiones más fértiles del país. En la minería también es una región de una inmensa riqueza pero sobre todo en una población y una comunidad que ha logrado superar el conflicto y encontrar nuevos caminos de desarrollo a través del diálogo. 

La Coca también ocupó un lugar importante en la economía de la región, en un tiempo fue un producto que trajo consecuencias terribles en términos del conflicto «Con la coca llegaron varios grupos, y ahí sí que tuvimos no un problema sino varios» me dice Gustavo Torres ex alcalde de Pauna.

«En la guerra el que paga el pato* es el que no está en la Guerra, el que no camina a los violentos» dice un Campesino de la región.

El origen de la extracción de esmeraldas en Colombia es profundo, podríamos decir que ha hecho parte de nuestra historia precolombina, nuestra historia colonial y nuestro presente. Sin lugar a dudas la política regional y la historia reciente estuvo marcada también por el conocido zar* de las Esmeraldas Don Víctor Carranza , un hombre de orígenes humildes que se convirtió en el monopolizador y líder de la producción y exportación de las esmeraldas en el país, a pesar de su riqueza y su éxito el desarrollo de la región curiosamente no vino de mano de las Esmeraldas sino de otros productos como el Cacao o los servicios de Turismo. El corredor de Pauna y Coscuez hoy deviene importantes recursos del Turismo. 

 «las esmeraldas colombianas son únicas en el mundo. No solo por su ya reconocida calidad y su intenso color, lo que las hace las más apetecidas en el mercado internacional, sino por el proceso que llevó a su formación, que es diferente al de otras regiones productoras en el planeta.»

Las esmeraldas Colombianas tienen una historia, un pasado de alturas monárquicas y de colonialismos complejos, como lo contaba la Revista Semana hace unos años sobre una de las joyas nuestras que en un triste neo colonialismo ha terminado en el Museo Metropolitano de Nueva York: «La Corona de la Virgen de la Inmaculada Concepción de Popayán tiene dos kilos y medio de oro y 443 esmeraldas colombianas, que sumadas rondan los 1.500 quilates. La Corona de los Andes, como se le conoce, fue creada con un solo propósito: adornar la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción durante las procesiones y fiestas religiosas de la capital del Cauca.» 

El viaje a Pauna dura alrededor de 4 horas saliendo de Bogotá por la autopista norte, manejé de noche con Nicolas Urbano, un líder social y empresario de Pauna que con su familia ha desarrollado su propia empresa de Cacao, Nicolás viene de una larga línea de personas que han tenido que ver con la historia esmeraldifera pero también con la historia política de la región. Recorríamos el camino en la noche al occidente de Boyacá mientras me decía

«Al principio la plata fácil de las Esmeraldas nos llevó a la plata fácil de la Coca, pero luego descubrimos que eso solo traía pobreza y sangre a la región, hoy tenemos un presente y un futuro diferente».

Cortesia Diptongo

El objetivo de mi viaje a Pauna, Coscuez y  San Pablo de Borbur fue reunirme con la comunidad, especialmente con jóvenes que han transformado su presente con emprendimientos, también quería ser testigo de los avances y la realidad en una región que aún inspira temor por su larga historia de conflicto. 

Es una verdad en todas las regiones del país que los jóvenes abandonan el campo, trasladan sus deseos, sus sueños y sus esperanzas a las ciudades grandes. No solo por el conflicto sino quizás más por esos bloqueos económicos, accesos a los servicios básicos, a la educación superior y al trabajo, también porque perciben que pueden tener un mejor futuro movilizándose .

Por eso mismo, mi encuentro con una red de jóvenes en estos municipios no dejaba de emocionarme, pues son jóvenes que han encontrado en su propia región y de una manera profunda un camino de desarrollo. El turismo y el Cacao son hoy las prácticas en dónde ven su futuro. 1.267  familias se benefician hoy del Cacao en la región, haciendo de esto uno de los motores posibles de cambio. 

Nicolás Urbano y María José Urbano, líderes sociales y empresarios del Cacao.

 

A pesar de ser una región de Boyacá es evidente la influencia a su cercanía a Santander y también algo que hace parte de la cultura esmeraldifera, una identificación con México, con la cultura Mexicana, con los corridos y con la estética. «Somos el Sinaloa de Boyacá» me dice un habitante de Pauna mientras tomamos unas tequilas y me habla de su pasado. La guerra dejó huellas en todas las familias de esta región, no hay nadie que no tenga un familiar afectado por la guerra. La sombra de la violencia parece ser uno de los motivos más fuertes de resistencia y optimismo de la comunidad, cuando pienso en la gente de Coscuez, de San Pablo, de Pauna me parece ver a esa familia Madrigal de la película  Encanto, que con todo perdido, se deciden a reconstruir su mundo, una mano junto a otra. 

Visité la famosa Mina de Coscuez, de camino a la Mina pasamos por el «Río Minero» y un puente en el río, este puente fue clave en el proceso de paz que se llevó en la región en los oscuros años 90, fue el primer lugar en que los clanes y familias importantes se reunieron. Creo sin dudarlo que es uno de los pocos procesos de paz regionales que han funcionado en Colombia y donde la determinación de las comunidades fue más importante que la arquitectura gubernamental «el gobierno no sirvió de nada, como casi siempre» me dice un habitante sobre ese proceso. 

Cortesía Diptongo

El río también fue un cementerio en esos años, decenas de cuerpos eran lanzados a sus aguas, para su asesinato y desaparición.  Al cruzar el puente, había un silencio inenarrable, lleno de respeto en ese punto del camino, por todas las personas perdidas en la guerra. 

Lo primero que me impresionó en la Mina de Coscuez fue el rompimiento en la montaña, un desgarro en la naturaleza. Al mismo tiempo, los innumerables túneles de donde los mineros y mineras sacan sus preciosos tesoros, que son vendidos en las capitales y en los mercados internacionales. La minería artesanal y el comercio informal han sido el pan coger de gran parte de esta población. En la Mina de Coscuez una minera y líder social llamada … fue mi guía, me invitó a su túnel, un túnel de unos 400 metros dentro de la montaña, cavados por ella misma, con un poco de temor accedí, con un casco y dentro de una de las minas más importantes del país. Estando dentro de la mina, a 45 grados célsius pensé lo duro que es vivir en Colombia para la mayoría de los habitantes, pero también el ingenio y la maravilla de los Colombianos, en lograr salir adelante en condiciones complejas.

Cortesia Diptongo

La mina de Coscuez fue concedida por el Estado a una transnacional de la India, que es una filial de una empresa Canadiense. Desde su llegada se han presentado innumerables abusos a los derechos humanos y a la población, se ha perjudicado la minería artesanal y se han evidenciado situaciones que a todas luces no favorecen a la comunidad. Muchas mineras y mineros al salir de la mina, siendo contratados por esta empresa son obligados a desnudarse para probar que no robaron ninguna esmeralda de la Mina que por siglos les ha pertenecido, desde tiempos antes que vinieran los españoles a estos territorios. 

Muchos líderes mineros han comenzado a sufrir amenazas de muerte desde que llegó esta empresa a Coscuez, las comunidades mineras a las que tanto les costó hacer la paz, sienten hoy que esos tiempos pueden volver, es quizás esto, lo que más me preocupa y quisiera resaltar de este artículo, hoy hay un conflicto social originado por la intrusión de esta transnacional que no tiene ningún compromiso social y ético con el territorio del cual está extrayendo miles de millones. 

También Reuters de la prensa internacional ha escrito sobre este tema «https://www.reuters.com/article/us-fura-gems-colombia-idUSKBN1WO1KU»

Pauna, Coscuez, San Pablo de Borbur hoy definen una nueva historia, hay retos, complejidad y lucha. Los líderes jóvenes de esta región son quizás las personas que hoy con su trabajo, ingenio y pasión transforman una región de conflicto en una región donde ser jóven no tiene que significar ir a la guerra, y dónde ser exitoso no tiene que significar ser un Patrón de las esmeraldas.

Para conocer más sobre esto los invitó a ver el documental Posconlicto Corp de la Fundación konrad Adenauer Stiftung y Diptongo.

Un agradecimiento especial a la Fundación Konrad Adenauer.

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Diego Aretz es un periodista y activista Colombiano, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, colaborador de El Espectador, ha sido jefe de comunicaciones del Festival Internacional de Cine de Cartagena, jefe de  Comunicaciones del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos. Así mismo es jefe de comunicaciones del Consejo Nacional de Bioética y consultor de Terre Des Hommes Alemania.

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