La realidad para dummies

Publicado el Nicolás Acosta

De la rueda de prensa con las FARC

Si se la perdió le hago un resumen corto y sencillo: esto no va a estar fácil. Lo que se vio en esta primera aparición fueron dos formas de ver el proceso diametralmente diferentes. Y no es porque uno no se esperara que las FARC iban a venir con la capa de Robin Hood puesta sino porque la guerrilla parece no tener claro qué si y qué no se puede esperar de este proceso.

Recapitulemos: Por un lado vimos a un grupo de guerrilleros que con su acostumbrado tono prepotente y cínico se fueron a echar un discurso retórico dejando en claro su idea de transformar las estructuras del Estado y los modelos de desarrollo económico y social vía este proceso. Por el otro lado, vimos a un grupo de representantes que con un tono serio pero firme fueron a inaugurar una mesa de diálogos con los únicos objetivos de acabar con la guerra y encontrar el camino para que las inquietudes que generaron este conflicto encuentren un cause democrático de exposición.

Son dos cosas completamente diferentes. Una cosa es sentarse a dialogar para poner de presente inquietudes y de qué forma se le permite a la guerrilla exponerlas vía medios democráticos y otra, muy distinta, es sentarse a dialogar para cambiar el orden político, social y económico como condición sine qua non para dejar las armas. Dicho de otra forma: la guerrilla tiene la expectativa de sentarse a cambiar el país 180 grados como resultado del proceso.

El problema que tiene el grupo de negociadores del gobierno, sin embargo, es que más que tratar de aclarar esta dicotomía, tendrá que aprender a manejar a la guerrilla e ir llevándola con paciencia porque es imposible que vayan a cambiar de opinión a estas alturas. La guerrilla no va a dejar de hablar de justicia social y económica en la mesa de negociación. Esa es su forma de legitimar sus muertos. La pregunta del millón es si, en realidad, ese discurso de hoy es una expectativa real o es, simplemente, su retórica revolucionaria.

Y lo menciono porque si es una expectativa real, el proceso no tiene futuro. Es simplemente imposible que el país vaya a aceptar un sin sentido como el que expresó la guerrilla. Eso lo tienen que saber ellos. Es como si se les olvidara que cerca del 95% de la población está en total desacuerdo con ellas. A la guerrilla, entonces, le toca a lo menos dejarse llevar. Es normal que hagan sus pataletas y hablen como si ese temita de los miles de muertos, secuestrados, torturados y mutilados de esta guerra no fuera con ellos. Es normal, por rabia que nos de, que Santrich se ría con ironía cuando le hablen de reparación de víctimas y responda que las víctimas son ellos.

Lo que nunca va a ser normal es que el gobierno o el país permita un cambio en nuestro ordenamiento como resultado de este proceso. A la guerrilla le toca, entonces,  interiorizar esto y demostrarle al país con un cambio de tono que esta vez sí quiere la paz. Le toca ir entendiendo que lo único concreto a lo que se va a llegar es a la forma de dejar las armas y a los mecanismos para que puedan participar con sus ideas en política. Si las ideas de las FARC van a primar en Colombia sólo será porque la gente las escoja en las urnas como lo ha dejado claro hoy Humberto De La Calle.

Yo creo, entonces, que más que asustarse o volverse pesimista hay que tener paciencia y entender la forma rebelde de manejar las cosas de las FARC. De igual forma, estar muy pendientes de los controles periódicos que se le hagan al proceso tanto para verificar que el discurso de hoy no sea más que una pataleta como para asegurarse de que la guerrilla no nos está mamando gallo una vez más.

Twitter: @nicolasacosta33

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