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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>La maldita costumbre de hablar y no hacer | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La maldita costumbre de hablar y no hacer</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-maldita-costumbre-de-hablar-y-no-hacer/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las realidades y dinámicas de violencia que viven las sociedades, están relacionadas con el grado de su desarrollo odel&nbsp; grupo social en cuestión;así como de las características de este con las formas que en ellas asume la violencia. Hay violencias &nbsp;propias de una sociedad pre moderna,de subsistencia, donde no existe&nbsp; acumulación de riqueza ni de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Las realidades y dinámicas de violencia que viven las sociedades, están relacionadas con el grado de su desarrollo odel&nbsp; grupo social en cuestión;así como de las características de este con las formas que en ellas asume la violencia. Hay violencias &nbsp;propias de una sociedad pre moderna,de subsistencia, donde no existe&nbsp; acumulación de riqueza ni de bienes para su producción, distinto&nbsp; de la tierra. Allí, la violencia,&nbsp; los actos violentos están más &nbsp;relacionados con problemas personales, con &nbsp;pequeños robos&nbsp; de cosechas, de herramientas de trabajo, de movida de cercas para apoderarse de unos metros de tierra. A medida que la sociedad avanza y se transforma, se generan procesos de concentración y apropiación de riqueza,principalmente de la tierra que es el factor central en la producción precapitalista, lo cual modifica&nbsp; a esa&nbsp; violencia inicial.</p>



<p>En la sociedad, la vida económica, con su equilibrio natural, se transforma&nbsp; al ser dinamizada &nbsp;por&nbsp; procesos de generación de riqueza, más allá de la subsistencia; es la producción moderna capitalista, con su dinámica de acumulación y concentración,&nbsp; que avanza&nbsp; a medida que aparecen posibilidades&nbsp; de producir más.&nbsp; La violencia moderna es de raíz económica y se acopla a los perfiles propios de las características de las regiones donde se da; esta violencia a su vez genera una violencia social, alimentada por los desplazamientos de campesinos, convertidos en los nuevos habitantes urbanos, desarraigados&nbsp; y marginales. El desarrollo tecnológico de la producción, tanto la rural como la urbana, desplaza fuerza de trabajo, que no alcanza a ser empleada en la producción de los bienes de capital que requieren los sectores en trance de modernizarse. &nbsp;Cambios fundamentales, especialmente en el campo,&nbsp; que se dan en medio&nbsp; de una significativa ausencia del Estado.</p>



<p>Las situaciones descritas, muestran claramente que las políticas&nbsp; públicas deben estructurarse sobre dos ejes principales. El primero es, como ya empieza a hacerse &nbsp;en el país, &nbsp;no solo reconocer &nbsp;sino identificar y concertar las tareas para el desarrollo, a partir de las posibilidades y realidades que tienen esos territorios y su comunidades. Se ha dicho y habrá que repetirlo las veces que sea necesario, que el desarrollo no se lleva empaquetado, del centro a las regiones, pues es en su seno donde &nbsp;este se genera. Lo que si se requiere son &nbsp;políticas generales, de diseño nacional pero descentralizadas en su estructuración y ejecución. La descentralización/territorialización de las políticas permite &nbsp;atender de mejor manera las necesidades de esas regiones y de&nbsp; sus comunidades, a partir de reconocer sus &nbsp;condiciones específicas. Presupuestalmente implica trasladar recursos de la nación a las regiones, de acuerdo&nbsp; con la reasignación de competencias y responsabilidades. La &nbsp;combinación virtuosa de la acción y la responsabilidad entre región y nación, &nbsp;abre las puertas del desarrollo.</p>



<p>&nbsp;El segundo eje estructurador de la política, hace más de medio siglo, lo definió de manera contundente el papa Pablo VI: el desarrollo es el nuevo nombre&nbsp; de la paz. Podríamos precisar, es el nuevo camino a la paz.</p>



<p>&nbsp;El país está saturado de diálogos que no concluyen,&nbsp; de promesas que se quedan en el aire, mientras tanto, no mejora la situación de las comunidades. El llamado es a actuar, a tomar&nbsp; y ejecutar decisiones concretas pero transformadoras. Pongo un ejemplo de una tal decisión, que en su momento generó grandes discusiones y rechazo,aupadas por las FARC ,pero que le dejó a las comunidades involucradas resultados concretos, de mejoramiento de sus condiciones de vida. Entonces se reconoció&nbsp; a las fuerzas militares como actores de desarrollo regional, integradas a esta gran tarea ciudadana y territorial. Fue hace más de medio siglo, con las llamadas &nbsp;acciones cívico militares. Muchos&nbsp; colombianos en su momento denigraron de ellas, pero &nbsp;indudablemente dejaron una experiencia que hoy valdría &nbsp;la pena analizar y aprovrchar.</p>



<p>No se necesita hacer milagros, sino acciones claras, concretas y concertadas,&nbsp; en territorios determinados y con el propósito de&nbsp; &nbsp;resolver problemas específicos, acordados con las comunidades que allí habitan. No es más que una construcción de condiciones para la paz, en un proceso organizado, laborioso y continuado. La paz no es&nbsp; fruto&nbsp; de un día ni se logra porque el gobernante simplemente la quiera.</p>



<p>&nbsp;Defininitivamente, necesitamos menos discursos. y más acción.</p>
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        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
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        <pubDate>Fri, 15 Nov 2024 04:45:28 +0000</pubDate>
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