La droga, ¿y Colombia?

Publicado el Jorge Colombo*

Sobre la posición del Procurador Ordóñez contra la dosis personal

Invito al lector a hacer el siguiente ejercicio: póngase en la posición de un católico piadoso que vive en Estados Unidos durante la prohibición del alcohol. La eucaristía, que es un rito fundamental del dogma, requiere de pan y vino. Para poder practicarlo, los sacerdotes necesitaban un permiso del gobierno federal para poderse proveer de vino de consagrar. De no existir tal permiso y de no permitir la practica de este rito ¿no cree usted que se estarían violando las libertades individuales?

Entremos ahora en materia: la posición del Procurador frente al consumo de drogas, que esta resumida en un articulo en Semana. El Procurador dice:

la prohibición del porte y consumo de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, salvo prescripción médica, no es restrictivo del derecho fundamental de la libertad y la autonomía personal.

¿Quiere decir que al prohibirme el consumo de hongos alucinógenos, los cuales consigo sin darle un peso a nadie, no esta restringiendo mi autonomía? ¿Tendría yo derecho a ver que pasa cuando uno se come uno de esos hongos? No, mi curiosidad, que no afecta a terceros, quiere prohibirse. ¿Puedo tener mi huerto de coca para mi consumo personal? Tampoco. Es que según Ordóñez:

la convivencia está regida por normas que son el resultado de un proceso democrático de consenso más que de imposición, razón por la cual el porte y el consumo de drogas no son asuntos íntimos, ni individuales, sino asuntos sociales relevantes para el derecho.

¡Ah cosas! ¿Cual fue el proceso democrático que dio origen a la prohibición en Colombia? Pregúntele a los colombianos si queremos criminalizar la coca. La mayoría ve la guerra contra las drogas como una imposición gringa. Nadie nos preguntó si queríamos este compromiso. Lo que sí es resultado de un proceso democrático es la Constitución de 1991.

Ahora bien, explicarle al Procurador (que cada noche debe suspirar por la Constitución de 1886) que el consumo de drogas es una decisión personal que pertenece a la intimidad de cada quien es una perdida de tiempo. Para la godorria colombiana eso de que toca prohibir el consumo de drogas, no es por el cuento de las libertades, sino porque, por un lado, es un compromiso de Colombia con la comunidad internacional; y por el otro, porque ese es un mecanismo efectivo para atacar la toxicomanía y el microtráfico. Ambos argumentos falsos.

Ningún compromiso con la comunidad internacional implica prohibir el consumo. Pero por encima de todo la prohibición simplemente no funciona. No funcionó ni en Europa ni en Japón con el tabaco; no ha funcionado ni en la China, ni en Rusia, ni en el medio oriente con los narcóticos; ni funcionó con el alcohol ni ha funcionado con la marihuana ni con la cocaína, ni con cualquier otra droga, en Estados Unidos. Las únicas sociedades que han podido controlar el problema de consumo son las que se han separado de la doctrina prohibicionista.

Además, la policía en Bogotá ya tiene suficiente trabajo con los delitos que realmente afectan a terceros (como atracos, asaltos, robos…) como para ahora ponerla a corretear pescando marihuaneros. Hoy por hoy, en Colombia, 98% de las personas encarceladas por drogas no tenían, o no se les pudo probar, un vínculo importante con el narco. ¿Acaso este porcentaje va a mejorar con la prohibición del consumo?

Lo que sí esta haciendo la godorria es meter miedo inventándose una amenaza. Desde la administración Uribe se quiso inventar una crisis pegando el grito al cielo: ¡Colombia pasó de ser un país productor a ser un país consumidor! ¡La toxicomanía va a acabar con la juventud en Colombia! ¡Es culpa de nuestra permisividad con la dosis personal, y ahora tenemos el microtráfico financiando a las mafias! ¡Tenemos que revertir el fallo de la Corte y modificar la Constitución! Crisis que quieren explotar implementando políticas que aparentemente arreglan la situación pero que solo sirven para corroer la democracia.

A los países árabes les ha tocado aguantarse años de dictaduras financiadas por los gringos. Es que, según las potencias, a los pobres árabes no se les podía permitir seguir su propio proceso o sino terminarían instalando un fundamentalismo que amenazaría la paz mundial. Pero al final esos gobiernos no eran sino un fortín de corruptos.

Acá a nosotros nos ha tocado aguantarnos por años la política de control de estupefacientes orquestada y financiada por los gringos. Es que, según las potencias, a los pobres latinoamericanos no se les puede permitir autonomía en el asunto o terminarían con una sociedad de toxicómanos, instalando un narcogobierno que amenazaría la salud de la humanidad. Pero al final esa política no ha hecho más que permitir a los narcotraficantes capturar nuestro Estado.

¡¿No se pone esto en evidencia cuando el mismo día en que nuestro ministro del interior, Germán Vargas Lleras, llama a la Dirección Nacional de Estupefacientes «un fortín del hampa», la embajada gringa nos invita cándidamente a la DNE a seguir el concurso «Colombia país de contrastes»?! ¡Con que derecho los gringos vienen a asesorarnos en materia de consumo de drogas si ellos son las sociedad más farmacodependiente y drogodependiente en la historia de la humanidad!

Volviendo al ejercicio del principio, todos sabemos como terminó la prohibición del alcohol: con el traficante de alcohol, es decir traficante de droga, Joseph Kennedy fundando una de las grandes dinastías políticas del siglo XX, al ser nombrado, gracias al capital político que logro con sus actividades, cabeza de la U.S. Securities and Exchange Commission (oficina encargada de proteger a los inversionistas y mantener la integridad de los mercados de valores). ¿Vamos para lo mismo?

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