La droga, ¿y Colombia?

Publicado el Jorge Colombo*

La reputación del Cannabis

No es poco común, cuando uno discute políticas sociales con otra gente, que ante una propuesta novedosa pero razonable se reciba como respuesta un comentario del estilo: «aún no estamos preparados para eso». Como si las libertades civiles no fuesen derechos o triunfos de la ciudadanía; sino premios que el gobernante le da a los buenos súbditos. Como si las leyes estuviesen ahí exclusivamente para adiestrar bobos y disolutos; y nunca para darle una dinámica a nuestra sociedad.

Así pues, no debemos sorprendernos cuando alguien dice que el régimen actual de fiscalización de estupefacientes podrá ser cambiado pero únicamente en el futuro. Explican que si los adultos tuviesen actualmente la oportunidad de escoger libremente el fumar o no marihuana, la mayoría de los jóvenes escogería o bien andar fumados o, en el mejor de los casos, ir a trabajar o a estudiar trabados. Complementan su explicación diciendo que tal política se podría considerar en países donde sus ciudadanos tienen una ética laboral o unos valores morales muy fuerte; pero no en estos países donde es más fácil  volverse rico e influyente de narcotráficante o de mafioso que trabajando honradamente.

¿Será sólo del futuro entonces de donde podremos sacar el ejemplo de una sociedad productiva que convive con la marihuana? Evidentemente no. Aunque el cultivo comercial de Cannabis para uso recreativo esta prohibido en el mundo entero, las cosas no siempre fueron así. El mejor ejemplo de una sociedad moderna que convivía con la marihuana es la ciudad de Nueva York durante los años de la prohibición. En ese entonces las cosas eran al revés: los consumidores de alcohol eran considerados públicamente como desadaptados, pero la gente pudiente bebía a su gusto, el incremento de casos de alcoholismo entre los adolescentes estaba en incremento y la venta de alcohol financiaba al traqueto de Al Capone [1]. Por otro lado, aunque la marihuana era relativamente desconocida, existían locales comerciales de consumo que traían la planta desde estados aledaños [2]; las clases más pudientes veían el consumo con cierta desconfianza, pero otras clases sociales no compartían esa misma óptica [3].

Después de más de 70 años de prohibición del Cannabis en los Estados Unidos, la reputación de esta planta esta a punto de completar un ciclo. La planta pasó de ser de cultivo obligatorio, a planta con potencial médico y luego a planta asesina; para después regresar a planta de uso medicinal y hoy en día es el cultivo de mayor ingreso. El cambio que se vive actualmente es tan sustancial que el New York Times, el mismo periódico que en 1919 celebraba la naciente prohibición de Cannabis [4], hace dos semanas publicó un articulo destacando como algunos chefs toman tan enserio su marihuana como cualquier otro ingrediente [5]. De igual modo, las encuestas predicen que en Noviembre los californianos, en uno de los primeros estados en criminalizar la marihuana, aprobaran la plena legalización [6]. Convirtiéndose así en el único lugar del mundo donde se permitirá el cultivo comercial de Cannabis para uso recreativo.

Contrasta esto con la situación de violencia que se vive hoy en día en México y en Jamaica.  Tal y como sucedió en Colombia a finales de los años ochenta, cuando un político amenaza con destruir el vínculo entre narcos y estado, los traficantes no encuentran más remedio que arreglar sus disputas a punta de violencia e intimidación. Los lideres de estas naciones necesitan de la ayuda económica de Washington para llevar a cabo sus programas y así poder legitimar su mandato ante los votantes. Y esta ayuda esta condicionada a la voluntad que muestre su gobierno de apegarse a la política anti-narcóticos.

Algunos se quejarán señalando esta ambivalencia entre la sociedad y la política como hipocresía gringa. Pero esa lectura es muy equivocada. Primero que todo, nada más en Nueva York se arrestan por año a más de 40 000 personas por consumo de marihuana [7]. El gobierno de Estados Unidos esta tan comprometido en su guerra contra las drogas que lo único que lo limita en completar su objetivo es su propia Constitución. Segundo, Estados Unidos tiene un gobierno federal y una democracia deliberativa; lo cual le asegura que si algún estado comete un error no todos los demás tiene que seguirle el paso. Basta con que un estado tome una actitud valiente para que otros lo sigan. Ese sistema promueve y garantiza una actitud crítica frente a las políticas de estado. No en vano es ese país, el que vivía bajo la segregación hace poco más de 40 años, el que hoy por hoy tiene la grandeza de escoger un presidente proveniente de una minoría.

Si alguien tiene que rendirle cuentas a la comunidad internacional somos nosotros, que teniendo consumo tradicional de drogas diferentes al alcohol y al tabaco, aceptamos sin pensarlo políticas tan arbitraria y con consecuencias tan catastróficas como lo es la actual fiscalización de estupefacientes.

Referencias

[1]: C. Shaffer, Did Alcohol Prohibition Reduce Alcohol Consumption and Crime?, Schaffer Library of Drug Policy.

[2]: E.M. Brecher y los editores, The Consumers Union Report on Licit and Illicit Drugs, Capítulo 55, Consumer Reports Magazine, 1972.

[3]: C.H. Whitebread, The History of the Non-Medical Use of Drugs in the United States, The Journal of Cognitive Liberties, Vol. 1, No. 3 pp 29–64, 2000.

[4]: C.H. Whitehead, op. cit.

[5]: K. Severson, Marijuana Fuels a New Kitchen Culture, Dining & Wine, The New York Times, Mayo 18 de 2010.

[6]: Encuesta, SurveyUSA #16468, 20 de Abril de 2010.

[7]: New York City: Pot Arrests For 2009 Second Highest Total Ever, NORML, pagina web, Abril 2 de 2010.

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