La conspiración del olvido

Publicado el Ramón García

Los sueños prófugos de ciudades imaginadas

Por: Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero

 

El límite de nuestros logros se encuentra en la poca o mucha capacidad de nuestros sueños, en la determinación y dedicación que le impongamos a dicho propósito y en la voluntad de un destino no casual. A partir de la memoria documentada, podemos encontrar como pudo haber sido diferente el destino de nuestra identidad nacional o regional.

Ese es el caso del conocido e inmenso sueño de impacto internacional, donde intervinieron potencias globales intergeneracionales de la colonia y del nuevo orden mundial, que tuvo su enfoque en lo que en su momento fue parte de nuestro territorio y que ahora hace parte de nuestra vecina Panamá y de parte de las inhóspitas selvas chocoanas y antioqueñas.  En ese lugar desde hace más de 250 años se gestaron proyectos conducentes a llevar a cabo el increíble plan de un sistema de comunicación intermodal de impacto mundial que permitiera la comunicación de dos océanos, y que ubicaría aquel territorio desconocido en el centro del mundo actual, y que concluiría luego de más de 130 años de proyectos truncados, con la apertura del Canal de Panamá, la separación de la República de Panamá y el consecuente desarrollo y crecimiento de esta ciudad en el siglo XX.

Los que si fueron poco conocidos, y se perdieron en la hostilidad del olvido, fueron los proyectos iniciados con toda la determinación por trasformar completamente culturas y regiones a través de colonizaciones e implantaciones de ciudades completas, comunicadas de manera integrada con el mundo, a través de sistemas y vías de comunicación novedosas.  Tres de esos proyectos se conectan en los registros cartográficos que se conservan en la mapoteca colombiana ubicada en el corazón del Archivo General de la Nación, nos llevan a imaginarnos como hubiera transformado la identidad de la región, ellos son: Nueva Caledonia, la colonia escocesa en América, Atrato, la ciudad radial mundial y el Proyecto de ferrocarril de Panamá.

En la amalgama de posibilidades, estos tres proyectos buscarían generar al menos dos enigmáticas metrópolis americanas conectadas con el mundo en una primera línea. Es así como Nueva Caledonia, se ubicaría al occidente de Cartagena, en la costa caribe de nuestro territorio americano, un poco más al occidente del Canal interoceánico del Darién, lograría divisar grandes construcciones comerciales integradas a las fortificaciones militares coloniales a lo largo del Golfo de Caledonia, avistándose desde el mar, con un faro ubicado en la Punta de Escocia, que descubriría una majestuosa ciudad luego de pasar la Isla de Oro, ingresando por el Canal de Putrigandi. Allí se encontrarían calles llenas de prácticas traídas desde la Abadía de Iona, su idioma gaélico se hubiera hecho predominante en estas tierras americanas, y la inclusión del caldo escocés y el haggis o morcilla, como parte de la tradición en esa ciudad en la cena de Burms.

La existencia  de Nueva Caledonia se testimonia en dos mapas guardados en la mapoteca cuarta del Archivo General de la Nación, en donde se dibujan magnamente, la geografía y  las profundidades de  los canales de acceso a dicha ubicación, la cual fue ocupada por cinco emblemáticas  naves expedicionarias llamadas: San Andrés, Caledonia, Unicornio, Delfín y Esfuerzo, que habían salido del Puerto de Leith, Edimburgo, el lunes 14 de julio de 1698 con 1.200 almas decididas a apropiarse de estas tierras y tomar nuevos territorios para garantizar la preservación de su cultura milenaria, a razón de una heroica y desesperada intención de no depender de Inglaterra para impulsar el naciente capitalismo Escocés y sus ímpetus mercantilistas de mover en ultramar sus productos comerciales e industriales. Para ello, la propuesta estructurada fue ideada por el banquero y visionario proyectista William Paterson, de quien existe innumerable bibliografía de la forma estratégica de conseguir para tal proyecto, cerca de 600.000 libras esterlinas aprobadas por el Parlamento Escocés dentro de la Company of Scotland Trading To África and Indies, y quien definiría este lugar imaginario como “La puerta de los mares y la llave del universo”.

La travesía fundadora en la costa atlántica del territorio del virreinato de Nueva Granada, inició a comienzos de noviembre de 1698 con la trazabilidad y construcción de canales y vasos comunicantes entre sectores del territorio ocupado, sin embargo, a poco tiempo de su inicio, encontraron reticencia de los pobladores originarios de estas tierras,  indígenas amigables pero no decididos a ceder su territorio ante trueques desproporcionados e inocentes que habían tenido sus antepasados a la llegada de los Españoles. El inicio del declive de la ciudad se dio antes de su primer año, cuando se diezmó la población colonizadora al recibir el embate de la fuerza de las enfermedades tropicales de la selva húmeda, que se unió con el impacto de la naturaleza al recibir un huracán que hundió sus barcos y con ello sumergió la idea de construcción del nuevo imperio de Caledonia.

En la selva quedaron los moribundos colonizadores, esperanzados de recibir una ayuda que fue negada por parte de los ingleses, quienes no solo no apoyaron humanitariamente al agónico propósito, sino que prohibieron dar ayuda alguna a ese intento que ponía en riesgo las relaciones inglesas con la potencia española, al tratar de colonizar un territorio ya reclamado por España como la Nueva Granada. Por su parte, los españoles realizaron avanzadas en busca de atacar y retirar a los invasores, sin embargo, la fuerza de la naturaleza y lo agreste del terreno circunvecino a Nueva Caledonia, evitó que pudieran acercarse a embestir. No hubo necesidad de guerras o asaltos, pues el destino mismo aisló y consumió la esperanza de estos intrépidos, encabezados por Paterson quien a pesar de haber perdido a su propia esposa y hallándose Él mismo enfermo, nunca perdió la fe, que ya había desboronado la moral de todos los demás. A los nueve meses de haber arribado, sin provisiones y con menos del 10 % de la fuerza humana con la que llegaron,  abandonaron el lugar, junto con sus sueños, saliendo de allí en las únicas dos naves que lograron mantenerse a flote, es así como Él Unicornio y Él Caledonia, salieron rumbo a Escocia, llegando a destino solo el Caledonia, con un informe vergonzoso y deshonroso que consumió en una depresión nacional  sin reverso a todo el País, a tal punto que repercutió en la decisión de tener que acoplarse al Reinado de Inglaterra en 1707, mediante el tratado de Unión suscrito por ambas naciones.

Siglo y medio años después, surge la Ciudad de Darién, una ciudad incrustada en la mitad de la selva de su nombre, diseñada en 1853, provista de exuberantes árboles y vegetación, rica en biodiversidad del trópico, pero inmersa en un modelo urbanístico nacido en Francia, en donde los teóricos contemplaban ciudades modernas que fueran provistas de todo un equipamiento urbanístico concéntrico que permitiría la autosostenibilidad de la ciudad, unida con la eficiencia en los canales de comunicación, flujos de transporte  y accesibilidad. Cuyo centro fuera la plaza principal, y de manera radial, surgirían las manzanas iniciales destinadas a estamentos oficiales y de carácter público. En un segundo nivel concéntrico destinado a los edificios de uso público, locales de servicios y de suministros de la ciudad y seguidos de niveles de usos institucionales como hospitales, albergues, hoteles y desarrollos múltiples y hacia los niveles periféricos se encontraban las manzanas destinadas al uso habitacional.

Ciudad Darién fue imaginada en los sueños de Athanase Aireau, quien la expuso en una espléndida lámina llena de colores identificada con el número 152 de la mapoteca seis del Archivo General de la Nación, dedicada en forma manuscrita y firmada al presidente de la Confederación Granadina, Mariano Ospina Rodríguez.

Esta ciudad habría sido también poblada inicialmente por inmigrantes de origen francés y colonos europeos, por lo que sus calles serían llenas de mixturas de razas y culturas poliglotas. En el mapa 159 de la mapoteca seis del AGN, podemos conocer en detalle su tamaño controlado bajo estrictos controles urbanísticos y demográficos. Su morfología se distribuiría en 8 distritos (Cundinamarca, Panamá, La Magdalena, Bolívar, Antioquia, Cauca, Boyacá y Santander) cada uno con barrios conformados por 50 manzanas a la periferia de la ciudad octogonal que tendrían una población estable de dos millones de habitantes para principios de 1900. El flujo de transporte entre distritos se daría a través de amplios bulevares sembrados de frondosos árboles tropicales, y que llevarían sus mismos nombres, llegando hasta rotondas o explanadas, las cuales se conectan con calles- alamedas principales con nombres intercalados de algunas ciudades representativas de Europa, como Madrid, Londres, San Petersburgo y Marsella, y con nombres de reconocidos personajes granadinos como Bolívar, Mallarino, López, Herrán, Santander, Ospina y Márquez.  Veríamos desde esas glorietas, calles radiadas hacia ocho enormes parques en cuyo centro, estarían ubicadas iglesias que guiarían hacia el gran Boulevard de los Soberanos, el cual une los distritos residenciales con el circulo mundial de negocios, compuesto por 48 grandes manzanas en donde tendrían asiento los edificios comerciales y de negocios. En ese lugar se ubicaría el Centro Económico y Social Mundial, con un paisaje urbano planeado desde el siglo XIX, y ajustes del siglo XX que lo harían semejante al Distrito de Manhattan. Habría también allí representaciones culturales globales, como: la Gran Ópera Granadina, la Biblioteca Pública global y un paraíso de compras con las mejores tiendas y los negocios del mundo de la moda, el diseño, así como sedes de instituciones culturales y diplomáticas globales.

Una de las manzanas sería denominada como Distrito Financiero, el cual tendría la Sede de la Bolsa del Darién, de seguro sería reconocida como el mayor mercado de valores del mundo al tener el mayor número de empresas adscritas  y un volumen de transacciones inalcanzable por las demás Bolsas del mundo, debido a que desde los balcones de ese edificio de estilo neoclásico ubicado en el corazón del centro económico mundial podrían verse transitar libremente la totalidad de embarcaciones en circulación entre los dos océanos, y atracadas en el enorme puerto central denominado inicialmente Cuenca Norte y Cuenca Sur, que posteriormente sería llamado “la llave del universo”.

Esta idea estaba siendo implantada en el mismo corazón de Paris, desde 1863 a través del Plan del Barón de Haussmann, quien un año después de haber sido escogido por Napoleón Bonaparte, inició la transformación de la Ciudad Parisina medieval, en una ciudad llena de bulevares que se conectaban entre sí en ejes concéntricos que dan formas circulares y radiales las cuales servían como puntos de confluencia urbana, donde se situarían los Arcos del triunfo.

Pero Darién, sería más moderna, se podría ver incrustada en la cordillera centroamericana, desde el Océano Pacifico, como una hermosa y gigante estrella llena de luz y vida, y de canales vivos de abundante agua que confluye hacia el gran canal interoceánico que la atraviesa y que permite el paso de los barcos desde el pacífico hacia el atlántico con un puerto central en el corazón de la misma ciudad, abrumada por la magia que se daría al estar en medio del continente montañoso sin abandonar los navíos de ultramar. Se vería una ciudad ordenada, llena de gente de todos los rincones del mundo a donde se ingresa desde el pacífico por el Golfo de San Miguel hacia el rio de Sabana, hasta donde se podría divisar los Fuertes Firmes que permiten el paso directo al Puerto para luego seguir hacia el Atlántico hasta desembocar en el majestuoso y ya mencionado  golfo de Nueva Caledonia.

A través de los mapas archivados nos podemos sumergir en los detalles del proyecto más ambicioso del Siglo XIX, dispuesto en una serie de cartas que contienen el plan del canal interoceánico para el Istmo del Darién, con construcciones necesarias, vías de acceso, 33 zonas de cultivo adyacentes y lineales desde el Océano Pacífico, hasta el Océano Atlántico, a manera de ciudades radiales o aldeas autosuficientes alineadas en campos equidistantes como suburbios, denominadas Granjas. Los planos explicativos de la morfología de cada granja, la cual estaría conformada por una gran planta urbana octogonal en cuyo centro se ubicaría la Iglesia de Nuestra Señora de Francia, que sería rodeada de cuatro caras de construcciones derivadas de las secciones de la granja y sus secciones cultivadas de diversas especies vegetales. Cada una de sus ocho secciones se encontrarían cultivadas iniciarían con la pradera de las vainillas, luego la pradera de los arroces, de los cacaos, de los cafetales, los viñedos, las cañas, los índigos y añiles y une el circulo la pradera de frutales tropicales. También habrían grandes pastales para bovinos, y mataderos municipales de carnes y centros de distribución de abastos hacia la Ciudad Darién.

En cada granja habría una colonia de habitantes encargados de manejo comercial, marítimo, e industrial, cuya población oscilaría entre 1.500 y 10.000 habitantes

Los intereses de los políticos se encontraban en sus deseos de glorias inmediatas a través de la revolución que el partido conservador, dirigido por Mariano Ospina, contra la administración del general José Hilario López. Era una más de esa serie no interrumpida de revoluciones agobiaron por más de medio siglo de inseguridad y de violencia y que constituyen la historia política de Colombia. Por tanto, este exquisito modelo de planeación urbana nunca tuvo el suficiente interés por parte del poder administrativo de Mariano Ospina, pues su enfoque estaba centrado en el diseño de la Constitución para la Confederación Granadina que permitiera la implantación de un régimen Federal, la construcción del partido político Conservador y a la negación de la venta de los derechos del Gobierno sobre el Ferrocarril de Panamá, que se consideraba como el proyecto ejecutado más ambicioso hasta el momento en este incipiente País.

Al final de todo, nos encontramos con una realidad que golpea directamente la extraordinaria creatividad y proyección del ser humano, a través de una planeación estratégica, de un afanoso plan y de abnegados sueños que, a manera de un prófugo, se despiden de la realidad de un país que pudo ser diferente y que nos deja con proyectos truncados, con identidades inexistentes, con una memoria documental prevalente en nuestros depósitos y un dolor de patria, que debemos recordar para tener la esperanza de no volver a caer en los mismos errores. Sabemos que todas las cosas de este mundo no son más que tierra, pero que nos acercan al cielo si las acopiamos, cosechamos y administramos adecuadamente con identidad y unidad.

 

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