La conspiración del olvido

Publicado el Ramón García

Emma Araujo y el apostolado de la museología

Por Ramón García Piment

Dulzura y calidez, son las sensaciones que se sentían al entrar al hogar de Emma, quien abría las puertas de su casa- museo, llenas de obras de arte, permitiendo explorar de primera mano la trasmisión de las realidades del país y la intrínseca relación con las expresiones pictóricas.

Bien hizo William López al acuñar el término “Señora del Museo” a Emma, quien desde su infancia interactuó entre los avatares de la vida política y las relaciones internacionales de Colombia que llevaban a identificar la forma de expresar los gustos y disgustos de las expresiones del arte colombiano, formándose como una de las primeras historiadoras en esta materia en el país, logrando transformar conceptos en la manera de ver los museos en Colombia y abrió talleres educativos sobre museología.

Sus primeros recuerdos de infancia los tuvo en las playas brasileñas, cuando podía maravillarse de la naturaleza, de un juego de idiomas y de la lectura de textos críticos de feminismo y libertad de expresión, regresó a su país a los 20 años luego del periplo de su padre en cargos diplomáticos por Brasil, Estados Unidos y Europa.

Su padre, Alfonso Araujo, recordado en muchas de nuestras poblaciones, por tener su nombre en homenaje de puentes, parques y calles, tuvo una gran carrera política que le permitió ser en varias ocasiones ministro con un gran valor humano y una gigantesca sencillez, fue quien forjó en Emma, las características analíticas que hilaron la personalidad disímil de ella y de sus otros tres hermanos. El legado completo de Alfonso y Simón Araujo se encuentra testimoniado en los anaqueles del Archivo General de la Nación, junto a los de Carlos Lozano y Lozano. El acervo documental de inmenso valor en la construcción de la nación moderna fue donado por Emma, gracias a esa mirada que conectaba el pasado con el presente.

Emma, al igual que casi todos nosotros, tuvo unos “fuertes días tristes”, que mezclados con la vida culta y herencia de la política hicieron que, en medio de esa entropía y crisis, cambiara de vida. El clic se dio tras la separación de su esposo, un belga padre de sus dos hijas, sintiéndose sola en las calles de Paris, logró partir su vida en dos, pues dejó de ser enfermera, madre, y esposa, para transformarse, a manera del ave fénix, en una museóloga, curadora y crítica, transformando no solo su vida sino, la manera de ver el arte de nuestro país.

Esa crisis se dio cuando ella se encontraba en Nueva York, muy triste por la enfermedad de su padre, pues el cáncer que tenía Alfonso Araujo, lo tenía a portas de la muerte, encontrándose también sin dinero, con un matrimonio destrozado y deambulando en los corredores del museo metropolitano. Es allí donde se encuentra con el Español Luis de Zuleta, quien había sido profesor de su hermana: Elena.  El le indica que debe dejar la enfermería para estudiar historia del Arte en la Universidad de los Andes. Ese fue el inicio de su cambio.

Podemos imaginarnos su expresión, ¡¡Qué diablos voy a hacer con todo esto!!, logró resurgir de la crisis gracias a su manera de ver la vida y analizar las dificultades. La claridad le permitió unir elementos de la gestión de las colecciones, con valoración, estudio y documentación. Trabajó con los estados de conservación y con la puesta en escena dentro de la sala de conservación. Además de conseguir uno de los anhelos del ser humano, trasmutó además su libertad, la concesión de su vida, el apostolado de la museología, enérgica, sincera y con su corazón blanco.

Su trayectoria profesional fue reconocida en el año 2015, gracias a la obra literaria de William López que se inició en el año 2008 y terminó con una biografía y la contextualización de la teorización de los museos modernos.

Emma Araújo donó en el 2014 con un inmenso cariño al archivo de la Universidad Nacional 66 cajas, con documentos autografiados por ella, cuadernos cuando ella recibía clases con Marta Traba en la Universidad de los Andes y correspondencia familiar, entre otros. Estudiando los documentos entregados, podemos ver que su vida y obra se enlaza entre los archivos de las donaciones y la historia institucional, como una red. Se encuentran archivos correlacionados con José Félix Patiño, también con Camilo Torres, correos de ellos con la bisnieta de Manuel Ancizar, también, con Marta Traba y con sus hermanas Helena Araújo y María Mercedes Araújo, así como con Luis Caballero.

El Encanto de Emma se incrementaba cada vez que la Universidad Nacional, de alguna manera se acercaba a ella. Así fue como en los albores de su despedida de este mundo, Desde el día del fallecimiento de su esposo: Darío Vallejo, recibió una llamada del, en ese momento, estudiante de sociología, Steven Navarrete, preguntándole por el Colegio de su abuelo, Simón Araujo. Desde ese momento, la academia y la vida de Emma se fusionaron, brindándole al destino una forma de evitar el olvido y adaptar los recuerdos en identidad.

Nos quedan los recuerdos de su sonrisa eterna, su disciplina, profesionalismo y su voz plasmada en cuatro programas radiales en  “pioneros del saber”, entrevistada justo hace 5 años, en noviembre de 2014 por Claudia Patricia Romero, quien dio a conocer las facetas poco conocidas que permiten inmortalizar la esencia del alma de Emma Araujo[1]. Es así como Emma nos permite ver más allá de la vida terrenal, la huella que se hace consiente en los simbolismos, en nuestra propia identidad y que nos permite conspirar contra el olvido.

[1] (http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/pioneros-del-saber/article/emma-araujo-1.html)

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