LA CASA ENCENDIDA

Publicado el Marco Antonio Valencia

LEVITACIÓN

Por: Laura González (sahumadora)

Poco creo en la levitación, pero el Jueves Santo de 2018 estoy segura de que sentí mi cuerpo levitar entre el aroma del incienso y las diferentes especies, al son de los tambores, las luces, los flashes; al sentir la solemne procesión, las calles blancas, tan coloniales, la luz incandescente de las velas y de los faroles de las calles; el canto del orfeón obrero, y de igual manera, aunque inexplicable, en medio del silencio que rodea las mismas calles sumergidas en miles de peregrinos, creyentes y devotos ante la magnificencia del señor Jesucristo. Es una sensación que solo es posible de vivir cuando se es sahumadura.

Se ve todo tan nítido, pero a la vez tan borroso. Las 21 cuadras, que son recorridas desde la Iglesia de San Francisco en 3 o 4 horas, se vuelven minutos, instantes; y cuando te das cuenta todo ha acabado, y solo queda el gran recuerdo, el gran sentimiento de orgullo de haber participado en el 462 recordatorio de la muerte y Resurrección del Señor Jesucristo, por las calles de la majestuosa, colonial e inmóvil Ciudad Blanca.

Haber estado ante el Señor, ante la talla del Prendimiento, genera aún más sentimiento en mí, cuando el significado de ella evoca el conocimiento de las traiciones de la humanidad y lo que le sobrevendría; y aun así, decide aceptarlo y, sin más reparo, entregarse para ser aprehendido y poder perdonar las traiciones. Yo, delante de tal talla, solo pronunciaba para mis adentros: «Gracias, Señor, por este sueño cumplido».

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