J’accuse!

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La pesadilla de Bolívar

En el 2004 el director austriaco Hubert Sauper ilustró magistralmente la pesadilla social, económica y ecológica que vivía Tanzania. La historia, siguiendo la teoría del caos, empieza con un simple hecho, un simple cambio, que genera una infinidad de consecuencias inesperadas. El cambio de una variable puede producir cambios radicales en el sistema a un estado sucesivo. Un solo pez, un pez que no existía en ese ecosistema, fue introducido por un hombre, un simple hombre. Eso fue todo. La reproducción de esa nueva especie en el ecosistema acabó completamente con las especies autóctonas, así como con las plantas acuáticas. Esa rápida reproducción generó a su vez un interés económico que impuso ciertos «controles» e incentivó guerras, alimentadas por países extranjeros que veían en la nueva especie del Lago Victoria el desarrollo de un mercado completo. De hecho, ese mercado generaba conflictos en los grupos locales que, a su vez, necesitaban armas que estos países extranjeros les vendían. Así se formó un ciclo cruel. Los aviones de dichos países llegaban a Tanzania cargados con armas y volvían cargados de pescado, mientras que las comunidades que vivían cerca del Lago Victoria, bajo las balas, empacaban el los filetes para los países ricos y consumían los huesos de los pescados: los restos. Los pilotos de estos aviones generaron una gran demanda de prostitución en la zona, y así muchas chicas africanas se prostituían a cambio del pescado. Pero como la pesadilla nunca termina, este tráfico de armas y prostitutas produjo una epidemia de sida sin precedentes. Con ella, no solo aumentó la miseria y la mortalidad, sino que también aumentaron los niños huérfanos que, para calmar el hambre, aspiraban pegamento en las calles de lo que antes fue una ciudad. La miseria se expandió rápidamente por la región y con ella la violencia. Pero eso no fue todo. Pues el lago, un lago muerto por el desequilibrio ecológico causado por un solo hombre, un solo pez, dejó de producir el famoso pescado. Claro, como la nueva especie había acabado con las autóctonas y con las plantas, a ese pez ya no le quedaba nadas más que el canibalismo y, a través de lo cual, se estaba extinguiendo: intensificando las guerras por el control económico, aumentando la miseria, aumentando el sida, la prostitución, la mortalidad infantil, etc. Este documental solo podía llamarse La pesadilla de Darwin.

El hombre que introdujo esa nueva especie en esta historia juega un papel casi divino. Un hombre con un poder infinito, el poder de acabar la estabilidad total de una región. Creo que este hombre actuó ignorando completamente las causas de ese gesto, que, en su momento, debió parecer un gesto humano; sacar un pez de una bolsa de plástico y regalarle el segundo lago más grande del planeta.

Las analogías con nuestro país vecino son alarmantes. ¿No es el presidente venezolano ese hombre que está jugando el papel «divino», otorgándose el poder infinito de acabar con una región? ¿No es Chávez ese hombre que sumergido en su ignorancia no esta midiendo las causas de sus gestos? ¿El desarrollo de los aviones no tripulados y sus alianzas con Rusia e Irán, no son para la gran parte de pueblo venezolano un gesto «humano» y «revolucionario»: la añorada «libertad del yugo yanki»? ¿No son sus seguidores ecuatorianos, bolivianos y nicaragüenses reflejos de ese hombre que pone la nueva especie en el agua?

Las primeras causas de ese desequilibro son por ahora pintorescas. Por ejemplo, la conmemoración en Quito del aniversario de la muerte del ayatolá Jomain, este último comparado con Bolívar: «Toda una vida dedicada al pueblo y la revolución», rezaban los carteles del evento. ¿No es una causa pintoresca la inauguración en diciembre de Hispan TV, el canal de televisión del régimen iraní que emite durante todo el día noticias en español? ¿No podríamos comparar la multiplicación de los peces con los 145 diplomáticos iraníes en suelo boliviano?

Menos pintoresco es el caso de la colaboración militar entre Irán y Venezuela que permitió el desarrollo de aviones no tripulados, y muy preocupante es el nuevo concepto de libertad y democracia que estas nuevas alianzas están generando en la región –que, a mi parecer, ya se han arraigado en el inconsciente colectivo de estos países–. Si no es así, ¿cómo podríamos explicarnos que un país que se considera democrático y defensor de los derechos humanos haga tales alianzas con un país que no respeta los derechos fundamentales ni de las mujeres, ni de los homosexuales, ni de los opositores? ¿Cómo podría justificar el Chávez pacifista una alianza y una tal amistad con Ahmadineyad, el hombre que nunca pierde la oportunidad de revindicar como deseo máximo la eliminación de todos los judíos y de los homosexuales del planeta? Un hombre que como objetivo tiene el inicio de una guerra nuclear en el medio oriente y que espera con toda su alma que esta guerra se extienda hasta nuestro continente. Peor aún, ¿cómo un comunista como Chávez (comunista católico, único en su especie) puede hacer alianzas y compartir su lucha con un musulmán integralista? ¿Es un deseo de Chávez instaurar una republica-socialista-bolivariana-católica (o cato-comunista-musulmana, que también sería una especie única) en Venezuela? ¿Qué opina Chávez sobre la laicidad del Estado?

No deja de ser preocupante la serie de causas y efectos que ese «socialismo andino» está generando en todo el continente americano. Espero nunca cruzarme con un documental titulado La pesadilla de Bolívar. Aunque material para la primera parte de un documental así ya está disponible: basta con un vistazo a los archivos de Telesur.

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