Hypomnémata

Publicado el Jorge E. Pacheco

La extrañaba tanto, tanto la quería

Without_A_Doubt_ Part_2

La extrañaba tanto, tanto la quería, que compró el desodorante que usaba para recordar su olor. Siempre las manos ocupadas: en una el celular, en la otra el recipiente. Cerraba los ojos y lo aspiraba con fuerza una, dos, tres veces; entre los olores primaverales aparecía ella. Radiante. Suave. Tersa. Seca y protegida de las irritaciones de la piel sensible. De acercárselo a la nariz, le apareció una mancha blanca entre el bigote. Se veía mal, pero olía a lavanda.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que no podía dormir sin ver su colección de lencería. La puso en todas partes. La tanga verde en el refrigerador. La bata colgada como bandera en el patio. Un brassier en la cocina. Unos calzones en el baño, en la cama, debajo de la almohada. Después le hizo falta en el trabajo. Dos tangas en el bolsillo. Sobresaltos en la oficina. No era suficiente: Reemplazó sus calzoncillos por bragas ajustadas.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que recordaba haberle dicho que odiaba las obleas, el caldo de papa y las empanadas de pollo. Ahora, arrepentido, desayunaba obleas, almorzaba caldo y cenaba empanadas. Empezó a pasearse por centros comerciales, aprovechaba los descuentos de los almacenes de cadena, se fijaba en las zapatillas, en los vestidos de noche, en los bolsos hechos a mano, en las comedias románticas del cine, en las flores del parque, en los cachorros de gato, de perro, de cerdo, de vaca.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que olvidó que él odiaba a Roberto Bolaño y a José Rafael Pocaterra y empezó a leer sus libros, sus subrayados, sus anotaciones a pie de página. Olvidó que amaba a Scorsese, a Tarantino y a Coppola y empezó a preferir a Woody Allen, Wes Anderson y Hal Ashby. Abandonó a Coetzee y regaló sus Vila-Matas. Las noches fueron más oscuras, él las creía luminosas.

La extrañaba tanto, tanto la quería, que al observar su registro de nacimiento decidió olvidar la patria. Memorizó el himno de Venezuela y aprendió su historia. Le puso estrellitas a la bandera del 8 de agosto. Averiguó quienes eran Andrés Navarro, José María Vargas, Antonio Leocadio Guzmán, Pedro Gual Escandón, José Ruperto Monagas, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez y Luis Herrera Campins. Empezó a decir “Chico” en lugar de “Mano” y programó vacaciones a Maracaibo.

La extrañaba tanto, tanto la quería.

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  • Pintura de Oliver Jeffers©

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