George o nomics

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Confiabilidad energética, populismo y verdades a medias.

TERMO

 

Por estos días bastante tela se ha cortado sobre el tema de un posible nuevo apagón energético como el sufrido por el país comenzando la década de los 90 cuando Cesar Gaviria era presidente, quienes teníamos uso de razón recordamos con pavor el tener que salir de la casa aun a oscuras, las salidas en falso con las barcazas generadoras y el aterrador ruido de las plantas de generación a diésel.

Más allá de esto, los costos económicos del racionamiento fueron enormes y se demostró entre otras cosas la insuficiencia del parque de generación hídrica para suplir la demanda en condiciones climatológicas extremas, cuando la ausencia de lluvia reduce considerablemente los niveles de los embalses (fenómeno del Niño); la falta de capacidad del estado para administrar y operar los agentes de generación, y la clara necesidad de contar con plantas de generación termoeléctrica de respaldo con combustibles diferentes al agua como los son el carbón, el gas o los combustibles líquidos, que entraran a cubrir la demanda cuando el recurso hídrico escaseara.

Como puede resultar obvio, la fuente generación más barata con que contamos es el agua, las plantas que usan otros combustibles (térmicas) solo son llamadas a generar cuando precisamente el agua falta, por lo que la mayoría del tiempo están apagadas. Después del apagón de los noventa el país decidió que la inversión en activos de generación no-hídricos la deberían hacer inversionistas privados, y el capital privado como es obvio, tiene un costo. ¿Qué inversionista racional, va a invertir en una planta que la mayoría del tiempo estará apagada, sin recibir un centavo de ingreso?, ¿Qué banco va a prestar recursos para un proyecto que no tiene la más mínima certeza de facturar?

Ante este problema, el gobierno creo el cargo por capacidad, que después paso llamarse cargo por confiabilidad, que no es más que un ingreso mínimo pagado por el mercado (los usuarios) que permite a estas plantas térmicas cubrir sus costos fijos (nómina, impuestos, mantenimientos regulares), hacer las inversiones necesarias para mantener su disponibilidad y además, garantizar que los inversionistas obtuviesen un retorno mínimo por su capital invertido, para dar un ejemplo, una planta a gas de 90 MW, la cual puede costar por lo menos 1,3 MM de dólares de inversión por MW instalado, podría recibir cerca de 10 millones de dólares en ingreso por cargo por confiabilidad, de los cuales después de gastos fijos, mantenimientos, impuestos etc., pueden dejar (en el mejor caso) cerca de 3 millones de dólares anuales para repagar su inversión, es de decir un retorno estimado anual del 2,6% en dólares, no es un retorno elevado, pero pertinente si se tiene en cuenta el bajo riesgo que representa un flujo de caja respaldado por cargo por confiabilidad.

Para poder calificar para recibir cargo por confiabilidad se exige a un agente básicamente dos requisitos: (1) Contar con los activos de generación (planta) y (2) contar con un contrato de suministro de combustible que garantice que cuando los precios de la energía alcancen el nivel de escasez, el operador tiene el combustible necesario para cumplir con sus compromisos de generación, la forma como se calcula el precio de escasez es parte fundamental para entender la actual crisis de las Térmicas en Colombia .

 

Precio de escasez:

 

El precio de escasez tiene varias características esenciales:

 

  1. Se supone que corresponde al costo de generación de la térmica más ineficiente, usando el combustible más costoso, por ello, al menos en teoría, ninguna térmica debería operar a perdida si se le remunera este precio por su energía.
  2. Es el máximo precio que el mercado pagará por la energía.

Funcionamiento del mercado de energía:

Por otro lado, los precios de energía en Colombia se fijan (al menos en teoría) por oferta y demanda, organizados por un agente regulador de mercado (XM) que actúa como cámara de compensación. Con un día de anticipación todos los agentes que tienen activos de generación deben remitir de forma individual y secreta ofertas horarias para el siguiente día, es decir, a qué precio estarían dispuestos a generar en cada hora para cubrir sus costos variables de generación (principalmente combustible), de este modo en condiciones estables de hidrología, los primeros llamados a generar son los hídricos (de menor costo de combustible), si con estos no se alcanza a llenar la demanda estimada se comienzan a despachar las térmicas de menor a mayor costo, primero las de carbón, luego gas, y finalmente combustibles líquidos como el diésel. El precio que se remunera a TODOS los agentes despachados lo fija el último agente que entro en el despacho, de este modo, los primeros tienen una utilidad adicional por su eficiencia que se llama “por mérito”.

De este modo en la medida que los agentes hídricos empiezan a tener expectativas de la llegada del fenómeno del niño, comienzan a elevar sus ofertas, dándole entrada a los agentes térmicos que en condiciones normales están apagados, subsistiendo con el cargo por confiabilidad, un concepto clave es que los precios de la energía no responden al fenómeno del niño, sino a la expectativa de fenómeno del niño, Colombia viene enfrentado precios record de energía desde Abril de 2014 cuando aún no estábamos técnicamente en fenómeno del niño pero se esperaba su llegada, es decir llevamos dos años pagando energía más cara que la que vimos en el último fenómeno del niño, solo por la expectativa, las utilidades del sector en 2014 fueron altísimas, todo ello contra la competitividad del país.

 

¿Que está fallando ahora?

 

Varias cosas, entre ellas:

 

  1. La fórmula del precio de escasez ya no refleja el costo de la térmica de menor eficiencia con el combustible más caro: Hace varios años ante la imposibilidad de las plantas térmicas de conseguir contratos en firme a gas por la indisponibilidad del recurso sea por oferta o por capacidad de transporte, se autorizó a las térmicas a gas a hacer las inversiones para poder generar también con combustibles líquidos como el diésel y respaldar sus obligaciones con contratos de suministro de este tipo de combustibles, la firmeza de estos contratos, es decir, la prima que paga el generador a su proveedor por garantizarle el suministro cuando lo necesita es sustancialmente menor a la que se paga por uno de gas. La realidad de un generador que a hoy deba generar con diésel es que su costo de generación excede los $600/kw, y la formula de precio de escasez hace que su máxima remuneración sea de $303/kw, esto ha llevado a varios generadores al punto de la insolvencia, como el caso de Termocandelaria que término siendo intervenida. En el momento en que se permitió a las plantas usar combustibles líquidos para respaldar sus obligaciones se debió actualizar la fórmula de precio de escasez, ahora ya inmersos en la crisis, el costo político de hacerlo es enorme.
  2. La nación no hizo o adjudico a terceros las inversiones necesarias para garantizar la disponibilidad del gas necesario para que las plantas térmicas pudiesen disponer del el en periodos de indisponibilidad hídrica, ni se cuenta con los gaseoductos necesarios y una buena parte de las reservas se fue en exportaciones a Venezuela, con el compromiso que ellos después lo devolverían, pero como todo acuerdo comercial con esa nación su validez es en el mejor de los casos incierta.

 

Consideraciones finales:

 

Hacer afirmaciones con retrovisor siempre es fácil y poco productivo, la verdad es que el cargo por confiabilidad, imperfecto como es, permite que la nación hoy cuente con activos de generación energética de respaldo que hace dos décadas no teníamos, a hoy tenemos suficiente energía térmica en capacidad para soportar eventos climatológicos extremos, ahora bien en este momento donde las fallas del mercado se hacen evidente llegó el momento de atenderlas, por ejemplo:

–          ¿Por qué en condiciones hidrológicas normales las ofertas de precio de los hídricos bordean el costo de generación de las térmicas más baratas?, pareciera que sus ofertas buscaran extraer el mayor beneficio a la demanda, si esto es así, un país que tiene infraestructura hídrica suficiente para atender su demanda en condiciones normales termina indexando su energía al costo de los combustibles térmicos, todo esto contra la competitividad del país.

–          ¿Qué consecuencias puede traer la venta de la participación del gobierno en ISAGEN?, es el último jugador relevante controlado por el sector público, mas allá de si la nación recibirá un precio razonable por la empresa, la misma juega un papel estratégico en la formación del precio de la energía, ¿cómo cambiaran las ofertas de precio de ISAGEN una vez sea 100% privado?, ¿no deberíamos estar buscando inversión pública en el sector en lugar de desinversión?, sabemos que el gobierno está muy corto de recursos, que requiere con afán vender ese activo, que llevo al gobierno a esa situación deficitaria y de tensión fiscal es arena de otro costal, pero el riesgo de vender ISAGEN va más allá de si se valorara de manera justa.

–          Como lograr que los precios de la energía no respondan tan drásticamente a “expectativas” de la llegada de “El Niño”, ¿deberíamos considerar un cargo por confiabilidad flexible que remunere a las térmicas cuando no estén generando y a las hídricas cuando lleguen a niveles mínimos establecidos en sus embalses, para desincentivar el “acaparamiento” de agua ante la incertidumbre?

–          Definitivamente la fórmula del precio de escasez se debe ajustar a la realidad de los costos de generación térmica.

–          ¿Estaremos ante un problema de riesgo moral similar al que vivió Estados Unidos en la crisis de la banca en el 2008 cuando el gobierno de ese país se preguntaba si rescatando a los bancos de inversión colosales, lo que estaba haciendo era enviar el mensaje que estaba bien ser irresponsable, tomar riesgos desmedidos porque si algo salía mal, “papa gobierno” saldría al rescate? Los operadores y propietarios de las plantas térmicas muy probablemente sabían el riesgo que corrían de ser llamados a generar a precio de escasez sin contar con el gas necesario para generar en equilibrio financiero, tal vez asumieron ese riesgo fijando sus apuestas en que ante un evento como el actual, era deber de la nación conseguir el gas necesario para su operación o ajustar la fórmula de precio de escasez.

Mal hace nuestra clase política aprovechando la coyuntura energética para hacer populismo, la verdad es que no podemos hablar de un solo responsable sino muchos: por un lado los propietarios de las térmicas que tomaron riesgos desmedidos garantizando sus obligaciones con contratos más baratos de combustibles líquidos sabiendo que de ser llamados a generar en condiciones de escasez y no conseguir gas, llegarían en muy corto tiempo la insolvencia. Por otro lado ¿Qué pasó  que no se anticipo los requerimientos de inversión en infraestructura de exploración y transporte de gas, o regular las exportaciones a riesgo a Venezuela? ¿Por qué el regulador no  ajustó la fórmula de precio de escasez cuando se abrió la puerta al respaldo de combustibles líquidos para las obligaciones de energía?

El modelo de cargo por confiabilidad no es un “seguro” como lo han vendido medios y políticos, era la forma de atraer capital privado hacia la generación térmica y esos recursos cuestan, en ninguna parte el modelo consideraba que los agentes deberían perder dinero al momento de ser requeridos para generar. Llego la hora de tomar medidas a largo plazo, el sistema esta haciendo evidentes sus falencias y es el momento de atenderlas, y eso no se logra con resoluciones en caliente, ni mucho menos haciendo populismo político pésimamente sustentado.

 

@jeborrero

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