Por: Leonardo Tovar González

Doctor Honoris causa en educación, Miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía.

La acusación que el 11 de enero de 2024 presentó ante la Corte de Justicia de La Haya  la República de Suráfrica contra el Estado de Israel por el genocidio perpetrado contra la población palestina en Gaza puede considerare la mejor expresión de la vigencia del pensamiento político de Kant a 300 años de su nacimiento, pero a la vez una prueba fehaciente de la enorme distancia que nos separa de la realización histórica de sus postulados. Previamente, el Secretario General de las Naciones Unidas había expresado frente a la inmisericorde matanza de niños, mujeres y civiles que asistimos a un fracaso de la humanidad, corroborando la advertencia kantiana según la cual “la violación del derecho en un lugar de la tierra repercute en todos” (Kant, “Hacia La Paz Perpetua. Un esbozo filosófico” AA, VIII, 360, edición consultada, p. 91).

Que sea precisamente Suráfrica, el país que por casi un siglo padeció el más ominoso apartheid (por cierto, con el respaldo del gobierno israelí hasta último momento), el que se adelantó a las demás naciones en la indolente cuando no cómplice comunidad internacional, y se pronunció contra la limpieza étnica colonialista impulsada por el Estado de Israel desde su fundación, podría reputarse como una aplicación en el derecho internacional de la regla del juicio kantiano de “ponerse en el lugar del otro”, en tanto el padecimiento padecido antaño por los habitantes originarios de África a causa de los boers les hace inadmisible el sufrimiento infringido hoy por los judíos invasores a las personas palestinas. En cambio, la conducta adoptada por la clase dirigente israelí constituye la más flagrante violación de este principio, pues con la disculpa histórica de no permitir nunca más el genocidio infringido por los nazis contra los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial justifica el genocidio que ellos imponen a los palestinos, como si haber sido víctimas en el pasado los dotara de un manto de impunidad que los exonerara por siempre de sus responsabilidades como los victimarios en que se convirtieron, en un giro histórico trágico identificándose con sus verdugos y no con los antepasados inmolados cuya memoria proclaman defender, tal como la película “Zona de interés” lo hace patente.

Con más de 39.000 víctimas civiles a la fecha, durante los casi diez meses transcurridos el genocidio no ha hecho sino recrudecerse, apilando más niños destrozados por los bombardeos, aumentando la hambruna en un territorio en el que las personas han sido acribilladas incluso por intentar recoger la escasísima ayuda humanitaria que el ejército de ocupación permite distribuir, llevando a su cumplimiento la infame divisa de “liberar a Palestina de los palestinos”, como gráficamente señaló el 27 de marzo  ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas Francesca Albanese, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos: “En la hora más oscura la comunidad internacional no puede seguir ignorando lo que es el proyecto de Israel de liberar a Palestina de los palestinos …ello ha llevado a un genocidio expuesto a la luz del día en Gaza” ( Francesca Albanese, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos  “Informe ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas” versión en español, 27 de marzo de 2024, 13:08, la cita en 12:30 a 12:48  https://www.youtube.com/watch?v=d5QB71jb2S4 ).

Como lo explica en detalle el iusfilósofo Rodolfo Arango en su reciente libro “Emociones, democracia y anticolonialismo en Kant”(2024), nuestro filósofo cuestionó sin ambages el pretendido derecho de las potencias europeas a apropiarse del territorio de otros pueblos, y el derecho que contrario sensu les cabe a ellas de defender su soberanía. En sus propias palabras,

“[a propósito de] el comportamiento inhospitalario de los Estados   civilizados de nuestra parte del mundo, sobre todo de los que se dedican al comercio, produce espanto la injusticia que demuestran al visitar países y pueblos extranjeros, lo que para ellos equivale a una conquista. América, las tierras de los negros, las islas de las especias o el Cabo eran para ellos al descubrirlos países que no pertenecían a nadie, porque no tenían para nada en cuenta a sus habitantes. En las Indias orientales, el Indostán, introdujeron tropas extranjeras bajo el pretexto de establecer sucursales comerciales, pero con ellas \ advinieron también la opresión de los nativos, la incitación a entablar guerras cada vez más vastas entre distintos Estados, las hambrunas, las sublevaciones, la perfidia y todo cuanto cubra la letanía de todos los males que afligen al género humano. (…) Y todo ello lo hacen unas potencias que pretenden hacer mucho en aras de la piedad y saberse escogidas dentro de la ortodoxia, mientras sorben la injusticia como si fuese agua”.

Kant, I. “Hacia la paz perpetua” (1795), AA, 359, edición citada, p. 91

Por eso, la acción terrorista de los comandos de Hamás el 7 de octubre de 2023 no puede reputarse como el origen del mal sino se explica como una reacción contra la ocupación de larga duración del territorio palestino por el ejército israelí, que como se señaló desde antes transformaron a Gaza en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo. Pero dicha constatación no implica justificar como actos emancipadores las violaciones, asesinatos y tomas de rehenes ejecutados aquel día, pues ni estos crímenes de lesa humanidad pueden celebrarse como actos de liberación nacional, ni los crímenes de Estado contra la humanidad desencadenados por Israel en retaliación pueden avalarse como una justa guerra de defensa nacional.

En realidad, tanto los líderes del grupo terrorista como los del Estado terrorista encarnan al “moralista político” denunciado por Kant en “Hacia la paz perpetua”, pues en una y otra orilla no dudan en reivindicar sus intereses parciales validándolos bajo principios éticos a su vez consagrados bajo preceptos religiosos, no sólo mediatizando a los adversarios al  buscar destruirlos como enemigos irreconciliables, sino instrumentalizando a sus propios militantes, poniéndolos alternadamente como verdugos o como víctimas. Las órdenes de arresto expedidas el 20 de mayo de 2024 por Karim Khan, Fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, contra Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, y contra el ministro de defensa, Yoav Gallant, así como sobre los líderes de Hamás Mohammed Diab Ibrahim al Masri e Ismail Haniya, confirman que en los dos bandos asistimos a una instrumentalización del derecho y la moral, sin que por ello deseemos insinuar una justificación cruzada que paradójicamente los exonere a ambos.

En su opúsculo de 1795, Kant contrasta al político moral con el moralista político: “Sin duda, puedo imaginar un político moral para quien los principios de la prudencia política puedan ser compatibles con la moral, mas no un moralista político que se forje una moral según la encuentre adaptable al provecho del estadista” (Kant, I. “Hacia la paz perpetua”, Apéndice I, AA VIII, 372, edición consultada, p. 109). Mientras este último maquiavélicamente convierte la maximización estratégica de sus intereses en criterio orientador de la acción política, aquel se comporta según el principio “La verdadera política no puede dar ningún paso sin haber tributado un previo homenaje de respeto a la moral” (Kant, Hacia la paz perpetua, AA, VIII, 380, edición citada, p. 118).

En este punto, no se piense que irresponsablemente Kant somete las decisiones políticas a la pura intención vacía desestimando por completo las consecuencias de los actos, según la clásica oposición planteada por Weber en “La política como vocación” entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Por el contrario, “…si no asumimos que los principios puros del derecho poseen una realidad objetiva, es decir, que se pueden aplicar y que conforme a ello han de actuar el pueblo en el Estado así como los Estados entre sí, al margen de lo que objete la política empírica” (Kant, I. “Hacia la paz perpetua”, Apéndice I, AA VIII, 372, edición citada, p. 109), llegamos a la conclusión desesperanzada de la imposibilidad de toda política, pues como advierte Kant en metáfora memorable, “hasta un pueblo de demonios”, vale decir, hasta una asociación integrada por individuos intrínsecamente perversos sin ningún escrúpulo moral, debe concordar con la necesidad de fundar una república regida por el derecho, que posibilite la conciliación de las libertades de cada uno con las libertades de todos los demás. “Con tal que tengan entendimiento”, o si se quiere “con tal que tengan sensatez”, puntualiza Kant. El interés racional de los seres humanos por realizar sus plurales propósitos de vida coincide a mediano y largo plazo con su deber razonable de conformar una sociedad político-jurídica donde prime “el derecho de la humanidad”, todo ello posibilitado por el telos moral de la religión, la naturaleza y la historia.

La política ciertamente debe rendirle tributo a la moral, pero gracias a la paulatina incorporación del derecho basado en el derecho de los hombres, esta exigencia deja de ser algo accesorio para convertirse en el deber y la finalidad inmanentes de la política, que entonces reinará con luz propia. En las palabras exactas de Kant: “El derecho de los seres humanos ha de mantenerse como algo sagrado, por grandes que sean los sacrificios que tal cosa le cueste al poder dominante. Aquí no cabe partir la diferencia e inventarse un híbrido pragmáticamente condicionado del derecho a mitad de camino entre lo justo y lo útil, sino que cualquier política ha de doblar sus rodillas ante la moral, si bien cabe esperar que aun cuando sea lentamente alcance un estadio donde brille con luz propia” (Kant, “Hacia la paz perpetua, AA VIII, 380, edición citada, p. 119).

La tesis kantiana sobre una política moral no surge de una piadosa defensa del “deber por el deber” ni por tanto se la puede catalogar dentro de la ética de la convicción, que en la maximización de principios normativos absolutos elude las responsabilidades políticas históricas y a nombre del bien supremo paradójicamente sacrifica el bienestar del pueblo que declara defender. Al contrario, en realidad son los moralistas políticos los que suelen apelar a creencias trascendentes incontrovertibles para justificar su misantropía (odio contra la humanidad) y someter a una especie de “moralicidio” a amigos y enemigos, estos últimos transmutados en víctimas propiciatorias, aquellos en verdugos del bien. Porque no otra cosa es lo que ocurrió en Gaza a partir del pasado 7 de octubre, en que se confabularon dos fundamentalismos enfrentados para sembrar de sangre y destrucción la vida, dignidad y bienes de todas y cada uno de los habitantes de la región.

En cambio, el político moral comprende que los principios valen en cuanto autofágicamente no se destruyan a sí mismos, sometiendo la vigencia formal del principio a su realización efectiva. ¿O alguien cree que después de la incursión del 7 de octubre en Israel la vida es mejor para los palestinos y está más cerca la conformación de una nación palestina independiente? Recíprocamente, ¿alguien considera en serio que a mediano y largo plazo la vida será más segura para la ciudadanía isrealí después del genocidio multidimensional perpetrado en Gaza para vengarse de aquel ataque, cuando todas las evidencias históricas apuntan a que precisamente aquel acto reprobable pero no injustificable sucedió como reacción contra setenta y cinco años de colonialismo, apartheid y ocupación? Al expedir el sexto artículo preliminar para la paz, Kant ya lo había sentenciado lapidariamente: “una guerra de exterminio, donde cabe el aniquilamiento de ambas partes al mismo tiempo y con ello la desaparición de todo derecho, sólo conduciría a la paz perpetua sobre el vasto cementerio de la especie humana, por lo que no cabe permitir ninguna guerra de ese tipo ni los medios conducentes a la misma” (Kant, I: “Hacia la paz perpetua. Un diseño filosófico” AA, VIII, 347, edición citada, p. 75). Y así, se desata una cadena interminable de retaliaciones, en la que generación tras generación sufren infantes, mujeres y hombres a nombre de principios esgrimidos tan cínica como fanáticamente por quienes siguen la máxima antimoral: “Obra con la convicción de que los demás y tú mismo son medios para la realización de tus dogmas, nunca fines en sí mismos”.

Es por ello que la demanda jurídica de Suráfrica a nombre de la humanidad contra el genocidio en Gaza constituye un paso fundamental en la actualización de la filosofía política kantiana. Gracias a la instrucción del caso contra el Estado de Israel ante la Corte Internacional de Justicia, la política moral fincada éticamente en el “deber de humanidad” ha adquirido objetivación legal y por tanto eficacia política, alcanzando pase lo que pase el brillo con luz propia pronosticado por Kant. Con ejércitos aquí y allá ya embarcados en la guerra los indicios inmediatos no son nada halagüeños, pero en la estela de la aprobación kantiana de la Revolución Francesa, consideramos que la denuncia interpuesta por un pueblo del sur a nombre del sagrado derecho de la humanidad a la larga será reconocida como el “signo rememorativo, diagnóstico y pronóstico” de un nuevo republicanismo cosmopolita, en el que los pueblos de la tierra se reconozcan mutua y efectivamente como sujetos de derecho.

(Apartados de este texto se tomaron de la conferencia remota “¿Es la política moral de Kant una ética de la convicción?”, orientada por el autor ante el “Programa Nacional para la Promoción de la Ética Ciudadana” de República Dominicana, el 22 de abril de 2024, día de la conmemoración de los tres cientos años del nacimiento de Kant)

Fuentes consultadas de Kant

KANT, I. “Teoría y práctica. En torno al tópico “eso vale en la teoría pero no sirve de nada en la práctica”” (1793, traducción de Francisco Pérez y R. Rodríguez Aramayo) 1793, trad. R. R. Aramayo y Francisco Pérez López),en KANT, I  ¿Qué es la Ilustración? Y otros escritos de ética, política y filosofía de la historia (edición de Roberto Rodríguez Aramayo) Madrid: Alianza, 2004, pp. 179- 240.

KANT, I. Hacia la paz perpetua. Un diseño filosófico (1795, trad. Roberto Rodríguez Aramayo) Madrid: Alamanda, 2018, 141 p. Contiene: “Introducción”, de Roberto R. Aramayo, 9- 64; “Primera Parte”: Artículos Preliminares”, 69; “Segunda Parte: Artículos definitivos”, 77; “Apéndices y Anexos”, 93- 128. Edición digital https://ctkebooks.net/wp-content/uploads/2018/10/HACIA-LA-PAZ-PERPETUA.pdf

KANT, Immanuel La metafísica de las costumbres (1797, traducción Adela Cortina y Jesús Conill) Madrid: Tecnos, 1989, 374 p. En especial, Primera parte: “Principios metafísicos de la doctrina del derecho”, pp. 3- 219.

KANT, I. “Replanteamiento de la pregunta sobre si el género humano se halla en continuo progreso hacia lo mejor” (1798, traducción Roberto Rodríguez Aramayo), en El conflicto de las Facultades. Segunda parte: “El conflicto de la Facultad filosófica con la jurídica”, Madrid: Alianza, 2003, pp. 149- 172.

Avatar de Damian Pachon Soto

Comparte tu opinión

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 EstrellasLoading…


Todos los Blogueros

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.