Filosofía de a pie

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Recipientes vacíos

Hace unas semanas presenciamos el infame fenómeno del Ice Bucket Challenge: la sensación viral de las redes sociales que a través de videos de Youtube y Vine, nos posibilitó ver a los más famosos actores de televisión y de cine, a los músicos más reconocidos, deportistas, científicos y hasta marionetas descargando baldes de agua helada sobre sus cabezas, pretendiendo con ello dar relevancia e interés a ciertas enfermedades.

La dinámica era muy sencilla: se recibía el reto de alguien cercano que hubiese hecho el reto anteriormente, y se tenía la posibilidad de optar entre dos vías: donar dinero a la organización de caridad preferida o verter un balde de agua helada sobre la cabeza.

Se rumora que el fenómeno tuvo reconocimiento desde el momento en que el golfista Chris Kennedy aceptó el desafío y donó una cantidad de dinero no revelada a la ALS Association, dedicada a la investigación de tratamientos para la esclerosis lateral amiotrófica, siendo este el primer momento en que el reto se relacionó directamente con dicha enfermedad. Desde este punto ya no habría espacio para nada más.

Posteriormente, el movimiento creció gracias a Twitter y Facebook, logrando gran reconocimiento y utilidades (Más de 100 millones de dólares). Varias organizaciones relacionadas con el tratamiento de la enfermedad intentaron registrar el Ice Bucket Challenge como marca registrada exclusiva, poniendo en tela de juicio tanto a los donantes como a dichas organizaciones concebidas para tal fin.

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Al convertirse en un fenómeno mundial, el jet-set criollo tenía que ser partícipe del fenómeno -hasta jugadores de la Selección Colombia lo hicieron-, pero contrario al caso estadounidense, el recaudo nacional no logró superar los 50 mil pesos, generando un sentido  de reproche por la sociedad colombiana en general. Ahora bien, teniendo en cuenta el desarrollo del fenómeno en nuestro país y las críticas por parte de los colombianos podemos plantearnos varias cuestiones: ¿por qué resultó tan popular entre los famosos mostrar el cumplimiento del reto? ¿Por qué las donaciones fueron inversamente proporcionales a los baldados de agua?

Realizar el reto se convierte en una herramienta para reafirmar el reconocimiento. Lamentablemente el caso colombiano escapó del altruismo -como sanguijuela en alcantarilla- notandose el contraste con el caso estadounidense donde también se notó el hambre del ser visto, pero se reafirmó el altruismo por medio de las  donaciones. Eso sí, cabe agregar que Charlie Sheen y Patrick Stewart, siguieron el juego a su manera cada uno, sorteando la situación con altura.

La donación, realizada ya sea con fines egoístas o no, es percibida como una acción éticamente loable, ya que típicamente se piensa que puede transformar el estado de las cosas, convirtiéndose en una herramienta que pretende lograr equidad entre los individuos. Lo anterior, junto a la condescendencia relacionada con la concentración de la riqueza, deriva en que si los más favorecidos dan un trozo de lo suyo, pueden lograr compensar a aquellos que no han tenido tal suerte. Mediante dicha tendencia, aquellos que poseen los recursos legitiman su posición.

Dicho escenario puede llevar a la construcción de una falsa conciencia, donde la donación es el evento menos relevante, sólo importa poner el reflector sobre sí, lamentablemente el baldado de hielo logra tal cometido. El destino de la donación -si existió- poco importó en el caso colombiano, sólo se buscó ocupar un par de minutos en los noticieros.

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El balde fue la mujerzuela que utilizaron a su antojo para ganar notoriedad, encuadrando al jet-set criollo en el reconocimiento perverso, donde la satisfacción egoísta de ser visto y legitimado como celebridad junto al ansia de permanecer popular, vence a la decencia que debía acompañar al recipiente vacío en el momento de hacer el reto.

 

Por Edgar A. Medrano

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