Familia Ayara

Publicado el Muévete

Grafiti: Espacio Simbólico de Lucha

Grafitis Nazis

Ha sido claro tras varios años de lucha del gremio de los grafiteros, que el arte (y el urbano, en particular) es un espacio de lucha por la representación de lo que somos y un espacio donde se ejerce el poder de diferentes formas. El alcalde Petro permitió que la juventud ejerciera su poder, a un nivel simbólico por supuesto, sobre los muros de la ciudad. Sin embargo, en un acto de arbitrariedad y soberbia, tan pronto fue impuesto Rafael Pardo como alcalde encargado, los muros que antes estaban llenos de vida y color fueron tachados con diferentes grises que en lugar de embellecer la ciudad la llenaron de parches de pintura rendida, dejando traslucidas huellas de lo que había sido un acto de empoderamiento y de apropiación por parte de los grafiteros y muralistas de la ciudad.

Los jóvenes que no se resignan a perder los espacios que tanto trabajo, tanta persecución, tantas jornadas han costado ganar, salieron de nuevo a llenar de color la calle 26. Unos muy buenos, otros a los que les falta aún camino pero todos con amor y esperanza plasmaron sus expectativas y particularidades sobre los manchados muros. La policía acompañó la jornada, siempre con un discurso de conciliación que los jóvenes no tragamos entero porque entendemos que fue la policía la que dio la directriz de eliminar los grafitis y que no hubo agresiones hacia los artistas porque tenían la mirada de la prensa sobre ellos, de lo contrario el mensaje de Palomino no habría sido el que dio en los noticieros. Es claro que si quisieran ver la calle limpia no estarían persiguiendo grafiteros, ni a Aguas de Bogotá, estarían haciendo su trabajo que debería partir de la prevención de los delitos y no de encerrar gente, darle la mano a la corrupción y servir de vigilancia privada para ciertas ollas de la ciudad.

Pero la persecución no se detiene ahí, hace tiempo se hizo un mural sobre la calle 26 que hace un homenaje a las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica (UP) y que, tras la muerte de su líder en días anteriores, fue atacado por el grupo neonazi “Tercera Fuerza”, grupo de ultra derecha, que según un artículo escrito por el portal Las 2 Orillas tiene presuntos nexos con grupos paramilitares (http://www.las2orillas.co/por-que-mataron-a-alfredo-devia-el-jefe-de-los-nazis-en-bogota/).

Con los grafitis que hicieron los neonazis en el mural que homenajea a las víctimas, las estigmatizan cuando se señalan posibles nexos con la insurgencia, cosa que en Colombia tiene graves consecuencias. Un dato curioso es que a 20 metros del mural y con clara visibilidad había un CAI móvil de la policía que no hizo nada para detener estos actos, aunque cabe recordar también que fue la policía la que asesinó a Tripido pese a que sus grafitis no tenían ningún tipo de connotación partidista o política radical.

Interpretando los hechos podría decirse que la pugna por el grafiti no tiene que ver con el grafiti en sí mismo sino con sus connotaciones. ¿Por qué la policía quiere ver una “ciudad limpia” pero permite de cerca este tipo de grafitis?

Muchos se han pronunciado en contra de los grupos neonazis e incluso se han burlado de ellos argumentando la ilegitimidad de sus actos por el hecho de ser colombianos y no alemanes y blancos ojiazules; les dicen “Morenazis” y los increpan por lo paradójico de su actuar. Y aunque es muy probable que el “Führer” los mandara en primera fila para los campos de concentración, considero que lo paradójico de su actuar no está en el hecho de que sean descendientes de indígenas y de obreros de barrios populares, sino en la ideología que practican como tal que demostró ampliamente su fracaso, su ceguera y su arbitrariedad; y aunque la mano dura siempre ha sido atractiva para la masa que sin subordinación se siente insegura y libertina ya se ha demostrado ampliamente que el modelo actual, que en Occidente perpetua esas dinámicas de forma menos radical pero igualmente contundentes, ha fracasado en cuanto al beneficio de la población se refiere.

Afortunadamente, el grafiti fue restaurado por los afectados, sin embargo, es claro también que aunque las paredes son lugares donde se ejerce el poder, este tipo de actos intolerantes, e intolerables, no caben dentro de una propuesta de país que acepte al otro y trate de comprenderlo, no caben en el posconflicto y en la reconciliación ni caben dentro de una sociedad donde los derechos humanos y la dignidad de las víctimas sean una prioridad.

Camilo Cely V.

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