Esto mejora, pero no cambia

Publicado el Polo Díaz Granados

A Vargas Lleras las leyes le importan un cigarrillo

Cuando tenía 5 años, mi papá me dio una lección que me traumatizó pero me sirvió para toda la vida… El viejo Jacobo me sentó en sus piernas y, sin soltar el cigarrillo de sus manos amarillentas y arrugadas, en medio de una bocanada de humo me la tiró así, sin anestesia: “mijito, yo comencé a fumar porque nunca tuve a nadie que me dijera que el cigarrillo era malo. A mí un día de estos el cigarrillo me va a matar, por eso, cuando tú estés grande y te ofrezcan uno, vas a poder decir que no”.

La lección me marcó tanto que más de 20 años después de ese día, puedo decir que no me he puesto, siquiera apagado, un cigarrillo en la boca.

De pronto por eso es que cuando en el año 2010 vi por primera vez a Germán Vargas Lleras sacar el cigarrillo y prenderse como una chimenea en medio de los periodistas, en un salón cubierto del Ministerio del Interior, sentí el impulso de sacar el celular y dispararle una foto: ¡Un manotazo de un funcionario de prensa evitó que la imagen saliera nítida!

Habían pasado dos años desde que el Ministerio de Salud, como una medida para proteger a las personas de que se volvieran fumadoras pasivas, obligó a todos los establecimientos del país a ceñirse a unas reglas claras sobre los espacios para fumar: ¡La famosa ‘ley’ que prohibió el cigarrillo bajo techo!

Les confieso que en ese entonces me dio mucha rabia que si existe una normativa, el entonces ministro del Interior sacara su cigarrillo y, como pedro por su casa, lanzara sus bocanadas de humo ante los periodistas sin que nadie tuviera derecho a quejarse. ¡Ajá! ¿Acaso este man es qué?, ¿el gato que más maúlla? ¡La vaina quedó ahí!

Pero el sábado pasado, por cosas de la vida, terminé yendo a cubrir el consejo de ministros que presidió Juan Manuel Santos en la sede del SENA en Barranquilla. Vargas Lleras, ahora mucho más poderoso que en ese 2010, volvió a pasearse con su encendedor en la mano y, esta vez en la plena cara del gobernador del Atlántico y de la ministra de Transporte, encendió su cigarrillo (bajo techo) y comenzó a fumar de nuevo. Ahora sí no había prensa que me impidiera registrar el momento.


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Yo no sé si al gobernador del Atlántico le encante tragarse el humo ajeno, ni si a la ministra de Transporte le gusta ser fumadora pasiva, pero en todo caso no hablo por ellos, sino por los colombianos que, amparados en una normativa vigente, (y que debería implicar una sanción para el SENA por su permisividad) tenemos derecho a exigirle respeto al señor Vargas Lleras. ¡Porque las normas existen y hay que cumplirlas!

Que Vargas sepa que si quiere ser presidente, va a tener que ganarse el voto de los ciudadanos dando ejemplo, pero no precisamente el ejemplo de que ¡hecha la norma, hecha la trampa!

Con este blog les dejo tarea para la casa: a Vargas Lleras, que la próxima vez que saque el cigarrillo, mire pa’ arriba, que si hay un techo encima, ya sabe que no puede fumar. Y a quien lo acompañe ese día, le queda la tarea que si el hombre se pone de prepotente, alguien lo baje de su nube de humo y le recuerde que las normas no son pa’ los de ruana… ¡también pa’ los de plata!

Firma Polo Díaz Granados

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