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“El Cónsul Louis Fauvel pintando la Acrópolis” del pintor Louis Dupre.

“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial escritor. Ese libro es muestra de todo lo contrario, así como en el cine lo fue El Padrino II. El lector juzgará si esta columna lo es frente a su antecesora o simplemente confirma la máxima de Cervantes. Para quienes no tuvieron oportunidad de leer la primera columna, aquí va el enlace:

https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomática

En aquella nota, titulada “De los rangos y otras confusiones de la carrera diplomática”, hablábamos de situaciones, algunas cómicas otras no tanto, en las que se confunden los rangos del escalafón diplomático, al menos en Colombia, la cual fue generosamente calificada y aprovecho para agradecer los comentarios y observaciones. Hubo quienes compartieron otras divertidas (o crueles) anécdotas, como quien manifestaba que el Jefe de Misión lo presentaba como “su” consejero personal, lo que me recuerda que algunos embajadores confunden el nombre de su posición con la de emperadores.

Pero volviendo a nuestro tema, varios de los amables corresponsables me preguntaron sobre un tema que muchos fuera de nuestro gremio no tienen claro: la diferencia entre embajador y cónsul. Vamos a intentar aclararlo o al menos darle fundamento a la confusión. Sea necesario decir que anteriormente aludimos a los rangos que no necesariamente coinciden con los cargos, pues en el caso del embajador, es una categoría de la carrera diplomática, pero también es un puesto; en el caso del cónsul, por el contrario, es un cargo. No existe la categoría de cónsul en la carrera diplomática.

Si bien en la historia, inicialmente la figura del cónsul fue de mayor jerarquía que la de embajador, no es lo que sucede actualmente y quizás por ello se origine la confusión. Durante la República romana, el cónsul era un alto magistrado que incluso podía ser comandante del ejército, mientras que el origen del embajador fue más bien humilde y peligroso. En el Antiguo Testamento ya se menciona la figura de aquellos mensajeros enviados por los gobernantes, quienes en ocasiones eran sacrificados para enviar una respuesta de guerra a una oferta de paz. Desde el Renacimiento, el concepto del embajador ha venido creciendo en importancia hasta llegar al día de hoy, como el máximo representante entre los países, tal como fue definido en el Congreso de Viena de 1815.

Así las cosas y para quienes preguntaban, en el caso colombiano el embajador es el diplomático de mayor jerarquía en otro país o ante un organismo internacional; mientras que el cónsul, aunque cuenta con carácter diplomático, tiene una función especialmente dirigida a la comunidad del país de origen en el país receptor, para atender sus diversos trámites, consultas y necesidades.

Hay varias categorías de cónsul. Está el cónsul general central (son pocos y tienen unas prerrogativas similares a la del embajador), los cónsules generales, los cónsules de primera y de segunda (este último, siempre será motivo de bromas), así como el vicecónsul (mientras que no se habla de vice-embajador, por ejemplo). Así las cosas, podría interpretarse que los consulados están supeditados a las embajadas, por ejemplo, ningún cónsul podría hacer declaraciones de orden político, lo que podría hacer el embajador, si está debidamente autorizado por la Cancillería para este tipo de manifestaciones.

Las embajadas siempre están en ciudad capital del otro país o en la ciudad más importante, mientras que los consulados pueden estar en diferentes localidades del país receptor y su instalación generalmente depende del número de compatriotas que residen en una región en particular. Ahora bien, cuando la oficina consular está integrada a la sede de la embajada, quien lleva la responsabilidad consular suele ser un funcionario de la misma misión diplomática, por lo cual se habla del encargado de funciones consulares y no de cónsul; pero suele ser algo complicado de explicar a los usuarios, para quienes ese funcionario es el cónsul y no son infrecuentes situaciones incómodas. Puede ocurrir que el encargado de funciones consulares en reuniones con la comunidad, sea más reconocido que el mismo embajador, lo cual es injusto para los dos funcionarios, quienes pueden ver alterada su relación laboral por estas situaciones espontáneas.

En este caso hablamos de dos cargos específicos (embajador y cónsul), pero la confusión puede llegar a extremos insospechados cuando mezclamos rangos y cargos. Puede suceder que el embajador sea de nombramiento de confianza y su segundo no sea un ministro plenipotenciario sino precisamente un embajador de carrera. Como suele suceder entre los militares, los funcionarios de carrera damos el trato de embajador a quien ha llegado a esa categoría tras 25 años de esfuerzo, evaluaciones y pruebas, pero en ocasiones, esto puede ser causa de más de un dolor de cabeza. Recuerdo a un embajador político que llegó hasta el punto de la exasperación pues no soportaba que, al segundo, los demás funcionarios le llamaran también embajador.

Debo decir que la intención de esta columna y su antecesora no es de profundidad académica. Para quienes desean profundizar en el tema, pueden consultar las Convenciones de Viena, de relaciones diplomáticas de 1961 y de relaciones consulares de 1963, así como el Decreto 274 de 2000, que regula el servicio exterior en Colombia.

 

Dixon Moya. Ministro Plenipotenciario, ha prestado servicios en Venezuela, Nicaragua y Emiratos Árabes Unidos, actualmente Cónsul de Colombia en Chicago.

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