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Latinoamérica: la región más rica en agua que sufre de sed

En un mundo que parece destinado a sufrir por falta de agua, hay quienes buscan aliarse con la naturaleza para asegurar que este recurso no falte a los humanos, a través de los fondos de agua. ¿De qué se trata esta idea que ya protege a 22 ríos latinoamericanos?

Con el 33% de los recursos hídricos del mundo, Latinoamérica es el continente con la mayor disponibilidad. Sin embargo, aproximadamente 37 millones de personas carecen de acceso a agua potable en la región. (Imagen de referencia) / Pixabay

Por: Mudo Tudo (Brasil) y Blog El Río

Cada 20 años el consumo mundial de agua se duplica. Según ONU Hábitat, el Programa de las Naciones Unidas para Asentamientos Humanos, una de cada cuatro ciudades del mundo se encuentra en regiones donde la demanda de agua es superior a la oferta. Y la calidad de este recurso natural se deteriora rápidamente por causa de la acción del hombre.

Los pronósticos para 2025 señalan que por lo menos dos tercios de la población mundial van a vivir en zonas afectadas por el llamado “estrés hídrico”. Es decir: dentro de seis años faltará agua para cerca de 5.000 millones de personas.

Latinoamérica no saldrá bien librada de este panorama aterrador: solo en Colombia, se proyecta que un cuarto del país sufra por falta de agua en años secos, informo el Ideam en el Estudio Nacional del Agua. ¿Qué hacer? Desde hace algunos años, los Fondos de Agua se han convertido en alternativas para atenuar este futuro apocalíptico.

¿De qué se trata?

Los Fondos de Agua buscan soluciones colectivas para la disponibilidad de agua en la propia naturaleza, con la ayuda de la ciencia. Así, organizaciones no gubernamentales, gobiernos, empresas y la sociedad civil invierten en la protección protección y en la restauración, principalmente, de las cuencas hidrográficas que dan el agua a las comunidades humanas.

A pesar de contar con alrededor del 31 por ciento de las fuentes de agua dulce en el mundo, Latinoamérica será una de las regiones más afectadas por el cambio climático. / Pixabay

En Colombia están seis de los 22 fondos de agua que funcionan en toda América Latina, apoyados por los gobiernos locales, empresarios y por la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua (conformada por The Nature Conservancy (TNC), Fundación FEMSA Coca-Cola, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial).

Pero, ¿cómo funcionan? ¿qué tanto solucionan este problema? El portal aliado del Blog El Río, Mudo Tudo (Brasil), entrevistó a Alejandro Calvache, coordinador de estrategia de agua de The Nature Conservancy (TNC) para América Latina, para hablar al respecto.

¿Desde cuándo TNC trabaja con Fondos de Agua?

Alejandro Calvache: Hace dos décadas TNC viene trabajando con el diseño y la implementación de los Fondos de Agua. Los Fondos financian proyectos con comunidades locales, para proteger y recuperar bosques, proteger manantiales y agua corriente, promover sistemas de producción más sostenibles y capacitar a las comunidades de agricultores locales para realizar un manejo sostenible de los recursos naturales. Con ello, procuramos reducir la presión sobre los ecosistemas y garantizar el abastecimiento de agua (en cantidad y calidad) para nuestras ciudades. Adicionalmente, se crea un capital de reserva (endowment) con el fin de cubrir los costos.

¿Cuál fue el primer Fondo de Agua de América Latina?

Alejandro Calvache: Fue el de Quito, en Ecuador, en el año 2000. La inspiración vino de una experiencia realizada en los años ‘90 en Nueva York, cuando la ciudad decidió proteger sus fuentes de agua con el objetivo de reducir los costos del tratamiento y evitar inversiones en nuevas plantas. En Quito el proyecto se llama FONAG (Fondo para la Protección del Agua). El Fondo fue creado para existir por un período de 80 años con una pequeña inversión de US$21,000. Desde entonces hasta hoy, aumentó a US$16 millones. El principal reto en aquella región tiene que ver con la ganadería, que contamina el agua, causa la erosión del suelo y repercute negativamente en la conservación de la naturaleza.

Alejandro Calvache, coordinador de estrategia de agua de The Nature Conservancy (TNC) para América Latina. /Cortesía The Nature Conservancy

Muda Tudo: Alejandro, ¿Cuál es la situación del agua en América Latina?

Alejandro Calvache: América Latina es una de las regiones de más rápido crecimiento económico y una de las más urbanizadas del planeta. Según estimativas, el 80% de los latinoamericanos viven en ciudades actualmente y, en los próximos 15 años, la población urbana pasará de 260 millones a 315 millones. A pesar de vivir en una región beneficiada por la naturaleza (en términos de clima y bosques), tenemos un gran reto, que es el abastecimiento de agua potable a costos razonables.

¿Cómo lidiamos con este reto?

Alejandro Calvache: El abastecimiento de agua potable a costos razonables requiere grandes inversiones para la construcción de infraestructura física, como reservorios y plantas de tratamiento. Además, también son necesarias inversiones que permitan recuperar y conservar ecosistemas estratégicos, que son los proveedores del agua consumida en las ciudades en expansión.

Esta infraestructura natural (las cuencas hidrográficas) es fundamental para reducir los riesgos asociados a la cantidad y calidad del agua. Nuestras cuencas vienen sufriendo mucha presión: la deforestación, la agricultura, la ganadería extensiva, la minería, la urbanización y, claro, el cambio climático.

¿Cómo puede, cada uno de nosotros, ayudar a contribuir en la protección de nuestra agua? ¿Qué acciones individuales cambian todo en lo colectivo?

Alejandro Calvache: La población debe tener conciencia de la importancia del agua y los problemas generados por su escasez.  Debemos actuar conscientemente: no desperdiciando agua, sabiendo de donde viene el agua que consumimos, como llega ella a nuestras casas… Y debemos participar en iniciativas para proteger el agua. Debemos reconocer el valor real del agua. Para tener agua, no basta simplemente abrir el grifo. Por detrás de ese gesto aparentemente simple, existe un largo proceso, que incluye tuberías, plantas de tratamiento y, claro, la naturaleza, a la cual debemos cuidar. La cultura del agua, la información y el conocimiento cambian todo en lo colectivo.

 

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