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La oposición al fracking en Latinoamérica se toma Bogotá

Desde el pasado miércoles, y hasta este viernes 30 de agosto, la Alianza Latinoamericana contra el Fracking se reunió en Bogotá para pedirle a los legisladores estudiar y entender los peligros potenciales de esta tecnología en el país.

Por: María Paula Rubiano
Periodista Blog El Río y El Espectador

En las últimas semanas, el fracking se ha tomado las conversaciones del país. Con la llegada de Iván Duque y su gabinete, el tire y afloje para darle vía libre a esta técnica se renovó, sobre todo después de que el presidente dijera que consideraría autorizarla “de forma responsable” mientras que el contralor saliente, Edgardo Maya, aseguraba en medios que el país no está listo para enfrentarse al fracking.

“Ante esta debilidad institucional, sumada a la insuficiencia  de información para la toma de decisiones y de los  grandes riesgos de afectación ambiental, esperamos que el gobierno nacional actuar conforme al principio de precaución y estableciera como mínimo una moratoria en la aplicación de este tipo de técnica”, dijo a Semana.

Al mismo tiempo, un grupo de más de 100 organizaciones sociales y 30 senadores presentaran un proyecto de ley para prohibirlo en el Congreso. Esas mismas personas organizaron la primera reunión internacional que se realiza sobre el tema en el país: el Encuentro Latinoamericano por los Territorios Libres de Fracking, liderada por la Alianza Latinoamericana Frente al fracking.

El encuentro, que está llevando a cabo en Bogotá desde el pasado 29 de agosto, y que culminará en el Magdalena Medio el próximo sábado 1 de septiembre, cuenta con la presencia de expertos y activistas internacionales, quienes llegaron al país para pedirle a los legisladores que prohíban el aterrizaje de esta técnica extractiva en Colombia.

Los argumentos de los opositores, que incluyeron temas como derechos humanos, salud humana y cambio climático, tuvieron un fuerte componente ambiental, entre ellos, el del recurso hídrico.

El agua, una preocupación mayor

Entre los invitados se encuentra Claudia Campero, activista de la Alianza Mexicana contra el Fracking, y quien habló en un panel sobre los peligros que esta técnica representa para las aguas superficiales, pero sobre todo subterráneas, en Colombia y el mundo.

Durante el encuentro, Campero explicó que para hacer fracking, cada pozo necesita de nueve a 29 millones de litros de agua, de acuerdo con una investigación realizada por Antonio Lucena en 2013, y publicada en el libro Agrietando el futuro. La amenaza de la fractura hidráulica en la era del cambio climático.

Asimismo, la activista señaló que esa agua es mezclada con más de 700 químicos sobre los cuales no hay certeza pues las petroleras protegen sus nombres bajo la excusa de “secreto industrial”. Lo único que sí se sabe es que los químicos son tan peligrosos, que es imposible reutilizar esa agua.

Además, presentó evidencia de pozos de fracking en México, en donde las filtraciones de esta agua contaminada han llegado hasta acuíferos de agua potable, de la cual dependen diversas comunidades. Es el caso de Paplanta, en el estado mexicano de Veracruz.

“Lo que tenemos allí, el lugar con más fracking de todo México, es que constantemente llega hacia los acuíferos contaminación por el petróleo, sin que nadie haga nada”, señaló.

Y si bien el pasado junio el gobierno central emitió diez decretos que  prometían el cuidado de las fuentes de agua, la organización de Capero analizó con cuidado las nuevas normativas y se dieron cuenta que “solo establecieron una protección de poco más del 30% para conservación ecológica y menos del 1% para uso doméstico y público urbano”.

El 70% de las aguas mexicanas, dicen, podrían ser usada para todos los sectores industriales, incluyendo la fractura para la extracción en yacimientos no convencionales, o fracking.

Teniendo en cuenta que cerca del 70% del país se encuentra bajo un riesgo alto de estrés hídrico, de acuerdo con el Atlas del Agua en México 2016, realizado por la máxima autoridad del agua en ese país (CONAGUA), para la organización es una “irresponsabilidad” emitir ese tipo de normas.

Pero Campero no es la única ni la primera en hablar sobre los efectos del fracking en el agua. De hecho, en 2015, la Agencia Ambiental Estadounidense (EPA, por su sigla en inglés) publicó el estudio más completo que se haya hecho sobre los riesgos de esta técnica para las fuentes hídricas.

Su conclusión, ampliada en diciembre de 2016: que esta técnica sí tiene la capacidad de contaminar los cuerpos de agua, aunque, por falta de datos, no fue posible afirmar que esto sucediera de forma sistemática o frecuente.

Otras conclusiones de esa agencia ambiental incluyeron una disminución en la disponibilidad del agua, especialmente en áreas donde no hay abundancia del recurso, derrames accidentales del agua contaminada con químicos que llegaron hasta aguas subterráneas, inyección de estos fluidos directamente en recursos subterráneos y contaminación de agua pura por un mal manejo de las aguas residuales de la actividad.

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