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Publicado el Blog El Río

Un instituto dedicado a estudiar el agua en Colombia

El agua es un recurso vital que se ha visto afectado por diversos factores: el incremento acelerado de la población, el cambio en los usos del suelo, el aumento de áreas de uso agropecuario, industrial y urbano, la explotación minera. Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, explica la importancia de un espacio en el que el recurso hídrico sea considerado sujeto y objeto de estudio desde una mirada interdisciplinar.

Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua. / Foto: Mauricio Alvarado – El Espectador

Colombia es un país de agua. Su privilegiada posición en el trópico y su diversidad de ambientes marinos y costeros, así como importantes recursos hídricos al interior del territorio, constituyen una gran riqueza natural que convierten al país en uno de los más ricos del mundo en este recurso. Sin embargo, a la par de la riqueza, han aumentado problemáticas relacionadas al desperdicio y contaminación del agua, el desabastecimiento, el incremento acelerado de la población y los devastadores efectos del cambio climático en glaciares, cuencas y ecosistemas.

¿Cómo ha cambiado este recurso y porqué es importante crear un espacio dedicado investigar especialmente sobre temas de agua?, eso fue lo que se preguntó en 2017 un grupo de investigadores y expertos de la Universidad Javeriana que promovieron la creación del Instituto Javeriano del Agua (IJA). Finalmente, en julio de 2019, se inaugura oficialmente el instituto, que tiene como fin comprender el agua como sujeto y objeto de estudio, como un recurso vital y como articulador del territorio en un país cuya trayectoria ha sido marcada por diversos conflictos históricos.

Nelson Obregón, doctor en Ciencias Hidrológicas de la Universidad de California (Davis, EE. UU.) y director del IJA, en conversación con el Blog El Río explica cómo desde el instituto se le apuesta a los esfuerzos interdisciplinares para estudiar, comprender y evaluar este recurso, siempre de la mano de las comunidades.

¿Cómo nace el IJA?

En 2017 la universidad empieza a preguntarse por la creación de un instituto solo para el estudio del agua, y duramos todo el 2018 pensando por qué era necesario crear una unidad académica dedicada solo a este tema si ya había 18 facultades de la universidad con profesores, estudiantes, trabajos y proyectos relacionados con el recurso del agua. Tras el análisis y la reflexión de varios profesores y decanos de diversas facultades de la universidad, en especial la de Ingeniería, Ciencias Naturales, y la de Estudios Ambientales y Rurales encontramos una razón aparentemente sencilla: los problemas del agua van más allá de una disciplina.

¿Con qué se encontraron cuando empezaron?

Uno va al departamento de ingeniería civil y encuentra personas que hacen hidrología, que se encarga de estudiar el proceso de cambio del agua. Cuánta agua se filtra, cuánta agua se escurre en las lluvias, etc. Luego va al de ciencias y encuentra profesores que estudian lagos, humedales, la vida y las cadenas tróficas, la productividad primaria que tienen esos lagos; o ictiólogos, que estudian los peces, y la seguridad alimentaria o su biología. También están los ecólogos, que estudian las relaciones del ecosistema y las comunidades; o los economistas, que estudian el sistema tarifario del agua. Desde las ciencias sociales, por su parte, se hacen esfuerzos por entender cómo las comunidades han manejado el agua y cuáles son las relaciones de estas con el recurso. Ahí empezó a aparecer algo importante que queremos promover en el IJA: todas las facultades de alguna forma estudian el agua y el territorio, y pueden generar un valor agregado para impactar positivamente los territorios.

¿Cómo promover una mirada interdisciplinar?

Nosotros entendimos que los problemas del agua en los territorios requieren esta mirada interdisciplinar, multisectorial y de sostenibilidad. Una mirada 1ue tenga una sensibilidad por los problemas del territorio, las comunidades, por la preservación del ambiente y el respeto a la naturaleza; porque sabemos que hay problemas en los territorios colombianos que van más allá de esa ciencia dura, y que requieren más de un entendimiento de las dinámicas sociales culturales. Aunque esa visión suena muy bonita, en la práctica no es tan fácil, porque incluso las mismas Instituciones de Educación Superior, en su estructura administrativa, se agrupan por disciplinas o cuerpos de conocimiento. Pero para problemas que demanden una visión interdisciplinar, como son los problemas de agua, hay que diseñar otra estrategia, se requiere de una visión integrada. A eso le apostamos.

¿Qué han hecho en estos ocho meses de funcionamiento?

Nosotros hemos adelantado varios proyectos que van enmarcados en esa visión. Esos proyectos han llegado por invitaciones o por acercamientos propios del instituto. En general, manejamos cuatro áreas de trabajo: gestión del recurso hídrico y sistemas socioecológicos; seguridad hídrica; el recurso hídrico, ecosistemas y biodiversidad; y el aprovechamiento, conservación e infraestructura sostenible del agua.

La primera hace referencia al vínculo y al trabajo en territorios y con comunidades. La segunda, busca generar respuestas para ayudarle a estos territorios que tienen problemas de acceso, de calidad, de cantidad de agua, o que en otras épocas se pueden ver afectados por avalanchas o inundaciones, como pasó hace un par de días en Piedecuesta. Muchas de las poblaciones en el país están altamente expuestas en zonas de riesgo, por eso, se busca conocer, estudiar y prevenir estos peligros de la naturaleza. La tercera, se refiere a responder las preguntas sobre los ecosistemas altamente priorizados para el país, qué va a pasar con nuestros páramos, con nuestros glaciares, en relación con escenarios de cambio climático. Por último, está la línea de aprovechamiento y conservación, en donde se vienen discusiones muy fuertes como el fraccionamiento hidráulico, grandes obras donde se atraviesan ecosistemas o hidrosistemas como humedales; también se avecinan preguntas de la explotación minera en conflicto con recursos naturales, etc. En todos estos problemas se hace necesaria una mirada más general del territorio, porque se trata de las decisiones que va a tomar un país que va a seguir construyendo presas, embalses, pozos, minería. Una infraestructura hidráulica que tiene que ser sostenible.

¿Cómo ve el panorama en el país frente al agua?

Yo me siento optimista. Porque creo que vienen varias generaciones que, de alguna forma, dan cuenta de que este país puede ser más consciente. Cada vez empiezan a hablar un poquito más del cuidado del agua, crece el número de personas que se preguntan de dónde viene el agua que consume y que se preocupa por preservar los ríos. Los medios de comunicación y las universidades también ha sido claves.

Luego, todas esas personas que pasan por estos procesos de formación llegan a las instituciones que tienen que ver con el agua, las Corporaciones Autónomas, las secretarías distritales o municipales de ambiente, los ministerios, etc. Pareciera que ha sido un despertar tarde, pero yo me mantengo optimista.

¿Con qué proyectos se encuentran actualmente?

Actualmente tenemos cinco proyectos en regiones como el bajo Cauca, en la subregión de la Mojana; otro que tiene que ver con cuencas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Uno en una cuenca donde ha habido muchos conflictos y violencia, como en el río La Miel, y estamos explorando actividades similares en el Catatumbo. En el río Bogotá, en el Sur del Atlántico, en la Guajira tenemos muchos acercamientos de diferentes temáticas. Es decir, estamos donde vemos la oportunidad de contribuir con aliados claves en las regiones. Así, procuramos generar una red de trabajo que nos permita gestionar recursos para poder hacer estos proyectos.

En cuanto a las áreas de trabajo que estamos trabajando, tienen que ver con afectaciones por haber construido grandes presas; ciencia para definir posibles conflictos entre el agua como proveedor de servicios culturales, pero también para generar otro tipo de servicios; el apoyo a la búsqueda de personas desaparecidas en los ríos; el tema de las cuencas y fondos de agua para tener sostenibilidad de las generaciones actuales y futuras, entre otros.

¿Cuál ha sido su vinculación con las comunidades?

La articulación con la comunidad es fundamental para nosotros. Así uno lleve la mejor tecnología para solucionar una problemática, puede que esta funcione los primeros días o meses, pero si se daña alguna pieza, o las personas no se han apropiado de eso, o la forma de operarlas choca con sus visiones del universo y su cosmología o dinámicas culturales, esa solución que está intentando llevar la tecnología no será sostenible. De nada sirve hacer el mejor estudio o la mejor inversión. Por eso lo que queremos con el instituto es pensar en esa ciencia, pero también pensar en cómo esa solución puede ser sostenible desde una mirada sociocultural. Que la comunidad se empodere de esas soluciones. Para esto también contamos con la ayuda y participación de sociólogos y antropólogos.

¿Cuáles cree que han sido los principales logros del instituto en este tiempo de trabajo?

Yo creo que el logro más importante es que sentimos que hay una semillita de una escuela de pensamiento que está haciendo que la gente diga “yo creo que puedo contribuir con mi conocimiento, puedo unirme y aportar”. Más allá del discurso, pareciera que estamos logrando esto en poco tiempo, y eso para nosotros es muy importante, que cada vez más gente sea parte de la idea de pensarse el problema del agua desde una mirada distinta.

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