El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Reparación para las víctimas de Juan Manuel Santos

Soy un ciudadano común y corriente, es decir, un pobre pendejo al que el Estado solo tiene en cuenta en época electoral y en la facturación de la administración de impuestos.

¿Por qué no votaré por Santos? Sencillo: no me siento representado por él ni por ninguno de sus áulicos, llámense ministros, secretarios, contratistas, asesores, periodistas chupamedias, ni en general por nadie que por conveniencia o por ignorancia piense que JMS es la salvación de Colombia, simplemente porque nuestro país no tiene remedio.

O sí lo tiene, pero ese remedio está en el inmenso 70 por ciento de ciudadanos indiferentes e indolentes que viven en un país en llamas, pero se quedan en la comodidad de sus casas cuando deberían acudir a las urnas a manifestar su inconformidad por las acciones aberrantes de un Estado ladrón que tiene de todo menos JUSTICIA SOCIAL. Esa indiferencia del pueblo oprimido tiene un nombre cruel: meimportaunculismo crónico.

No voto por Juan Manuel Santos porque es un personaje carente de sentido de la realidad nacional, de las necesidades de la gente, del sentir popular. No lo voto porque demostró que es un presidente que gobierna a punta de frases rimbombantes de titulares de prensa pero de realidad cero. El suyo es un gobierno derrochador que se sostiene con cifras mentirosas tipo DANE. A propósito de una noticia de ese tenor, le pregunté a mi primo magíster en economía: ¿qué es esa joda de ingreso per cápita?

El experto me contestó: “es la relación entre el Producto Interno Bruto y la cantidad de habitantes de un país. Se divide el PIB entre todos los habitantes de un país y ese es el ingreso per cápita. Esa relación define el ingreso individual y la calidad de vida de dichos habitantes”. Le dije: ¿eso significa que yo gano y disfruto igual que la familia Santodomingo, o los Ardila Lulle? Me miró como se mira a un chigüiro moribundo del Casanare y se largó.

Por fortuna estaba ahí mi viejo y procaz tío Anselmo que me consoló: “mijo, no pregunte esas güevonadas así que de pronto lo nombran secretario de almuerzos gratis en el Distrito Capital o de gerente del Santa Fe. Déjeme yo le explico con un ejemplo: si durante un semestre en Colombia, que tiene 45 millones de habitantes, se consumen 90 millones de kilos de pescado, eso significa que el consumo per cápita es de 2 kilos de pescado para ese período. ¿Me entendió?” Pensé: y si a mí no me gusta el pescado y a mi hermana tampoco, ¿cómo diablos hace el gobierno para cuadrar esas cuentas? Pero dije: o sea, “per cápita” es lo mismo que “cada uno”. Pero en ese momento salió en la pantalla del televisor el médico de Falcao García y mi comentario quedó en el aire. Claro, pensé; cómo va a ser más importante la economía del país que la lesión del gran Falcao. Me dio vergüenza con el instruido viejo Anselmo y entonces decidí no darle más evidencias de mi ignorancia supina.

En fin. No voto por Juan Manuel porque me considero víctima de su gobierno en varios aspectos. Ejemplo: tengo un diminuto apartamento de clase 3 en un barrio popular de la capital, que tiene un problema: intenté venderlo para pagar los impuestos por el precio que me sale en la factura de la DIAN pero desistí porque, a juzgar por la cara que ponen los posibles compradores cuando les di la cifra, es posible que me gane una demanda por intento de estafa. Mejor solicito un préstamo en el banco para pagar el impuesto. Imposible que no me gane el baloto. ¡Santa Laura Montoya bendita, ayúdame!

Tengo un pinche carro de unos 9  millones de pesos (hace 3 años pagué el doble) que no puedo utilizar porque para llegar a mi trabajo me gasto 2 horas y 3 galones de gasolina. Entonces prefiero utilizar el Transanimalenio para recibir masajes sexuales gratis y para ahorrar la gasolina aunque tenga que gastar una hora más en mi recorrido. Y ahora sí va a ser peor porque a don Rafapardo, flamante nuevo alcalde mayor, le dio por solucionar el problema de movilidad en Bogotá con la más facilista y bobalicona medida: pico y placa todo el día. ¡Muy inteligente el ministrico! De modo que el carro me va a servir para lo mismo que sirven las tetas de los hombres. ¡Ah, no!, pensándolo bien me va a servir para que la administración de impuestos no me olvide y me escriba como cada año para recordarme lo del impuesto.

Carro para pagar garaje, impuesto, seguro obligatorio, seguro contra riesgos, mantenimiento, llantas, aceite, pintura, etc., pero no para desplazarme, qué negociazo. Lo voy a vender pero antes le  tomo una foto, la amplío y con ella decoro el garaje. De paso recuerdo la época linda en que el gobierno me clasificaba en estrato 3.

El sueldo. Me consignan unos cuantos pesos pero cuando voy a retirarlos ya no son los mismos porque el banco me ha descontado 4 por mil, manejo de tarjeta y un sinfín de impuestos que no entiendo porque de comercio y banca tampoco sé un carajo. Pero me consuela saber que de la riqueza nacional disfruto per cápita, es decir, igual que don Luis Carlos Sarmiento Angulo que es quien me cobra por utilizar a su favor los centavos que me consignan.

No hay remedio. Somos 44,5 millones de colombianos que nos distribuimos per cápita las pérdidas de los miles y miles de millones en robos oficiales, contratos nulemorenescos, las “inversiones” multimillonarias como las dichosas cumbre de las Américas, el aumento por decreto presidencial de 8 millones mensuales para casi 300 zánganos que “trabajan” en dos inútiles cámaras legislativas, etc. Las ganancias para los ricos, las pérdidas repartidas equitativamente entre los pendejos que nos partimos el c., perdón, el alma trabajando mientras el gobierno reparte mermelada a manos llenas con tal de lograr la reelección.

La reparación a las víctimas a que alude el título de este artículo es fácil de cobrar y no se necesitan comisiones de alto nivel. Solo se requiere un poquito de conciencia política y acudir a las urnas y VOTAR EN BLANCO para demostrarle al candidato presidente que Colombia no lo quiere – ni a él ni a nadie – y que este es un gobierno equivocado, malo, derrochador, chambón, cruel y despiadado con la clase trabajadora: campesinos, transportadores, profesores, estudiantes, pensionados, que ven con angustia que con Santos esto cambiará pero para empeorar. Todos podemos cobrar reparación pero nos da pereza.

Colofón: Colombia es un país en constante festival de corrupción, en el que se confunde la sangre inocente de campesinos y soldados con la mermelada de un presidente candidato. Un presidente que aparece en  las cámaras de televisión como aprendiz frustrado de ciclista, jugador de golosa, etc., pero que no aparece, por ejemplo, en tragedias nacionales como la mortandad de flora y fauna en Casanare… un presidente candidato insensible que es fruto de una campaña de marketing político pero que no tiene ni la menor idea de los que significa justicia social. Pero, ¡que viva el Mundial Brasil 2014, que viva Falcao García!

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