El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Petro: la revocatoria cuesta en cambio la defensa también…

La Registraduría sirve cuando actúa a favor pero no sirve cuando sus decisiones son en contra…

Gustavo Petro está asustado. Y en medio del susto se está tirando plata que quién sabe de dónde saldrá, aunque se presume que provendrá del bolsillo de los bogotanos, para orquestar una multimillonaria campaña en defensa de uno de los gobiernos bogotanos más impopulares en la historia de Bogotá en 25 años de alcaldes elegidos por voto popular.

Para la muestra un botón: acaba de llegar a Bogotá Fernando Tuesta, un peruano “experto en revocatorias”, invitado por el Dr. Jorge Rojas, Secretario Privado del Dr. Petro para asesorarlo en este proceso de dilapidación del erario capitalino. ¿Cuánto nos cobra don Fernando?

El ilustre burgomaestre capitalino afirma con más corazón que con razón que la Registraduría Nacional lo está tumbando con las firmas y que de las casi 700 mil recogidas por los promotores de la revocatoria apenas unas cuantas son válidas. Lo que significa que para avalar su elección sí sirve la Registraduría pero para revisar las firmas que, ¡ojo!, también son mandato popular, NO SIRVE.

Independientemente de que lo revoquen o no, a uno como ciudadano de a pie, como contribuyente generoso, como abnegado pendejo expuesto a todos los peligros de la Bogotá Humana, lo que le preocupa es la cantidad de dinero que se está utilizando en el proceso.

Pregunto, en primer lugar, ¿cuánto le cuesta a la nación una revocatoria, cuando se sabe que con abogados expertos en dilaciones judiciales ni siquiera va a alcanzar el tiempo para hacerla efectiva, en caso de que prospere? ¿Cuántos funcionarios distritales (incluido Tavo) en lugar de estar trabajando por la ciudad están trabajando para defender su gobierno? ¿Los bogotanos pagamos para que administren o para defender las acciones de un señor que piensa que es el ombligo del mundo?

Petro está equivocado. Si de veras cree que cuenta con “el fervor” popular, ¿por qué no se dedica a administrar y deja de lado las supuestas injusticias en su contra, en espera de que sea el mandato popular quien lo absuelva? Pero si no sabe administrar entonces, como dice la ordinaria tía Empera, ¿pa´ qué se metió? La revocatoria es por voto popular y, si su mandato es del pueblo es como él cree, ese voto popular lo va a eximir y lo va a catapultar a la cima de las encuestas. Y entonces tendrá capital político suficiente para aspirar al cargo con el que sueña desde sus románticos tiempos de rebelde en armas: la presidencia de la República.

La realidad de Bogotá, sin embargo, es diferente a como la ve Gustavito. Voy a poner un ejemplo. En Lago de Timiza, un barrio del sur de Bogotá, (City TV) en la popular Ciudad Kennedy, la población está más que indignada con el alcalde porque en su invento de rehabilitar drogadictos, no tuvo un sitio mejor que su barrio para llevarlos a seguir metiendo vicio allá por cuenta de la alcaldía. Pero esto no es lo malo; lo malo es que en dicho sector hay no menos de 10 COLEGIOS entre públicos y privados, lo que significa que los drogadictos del alcalde van estar a sus anchas para robar, atracar, y hasta violar niños. En palabras de un habitante: “nos jodimos, dijo la lora, porque aparte de los atracadores y violadores que de costumbre trabajan en nuestro barrio ahora tendremos que soportar los que nos suministra la belleza de alcalde que tenemos”.

Esta y otras acciones absurdas del alcalde son lo que indigna al pueblo. ¿Por qué, en lugar de enviar a sus pupilos drogadictos lejos de las lujosas oficinas distritales a amenizarles (léase amenazarles) la vida a escolares y ciudadanos contribuyentes abnegados, no les monta a sus drogadictos una carpa en la Plaza de Bolívar para monitorear su gran obra más de cerca? Allá quedan muy bien, don Tavo. De paso les muestra a senadores y representantes el producto de su trabajo: una sociedad podrida y descompuesta por los delitos en contra del erario. Porque, don Petro, esos seres humanos perdidos en la droga y en el vicio están así entre otras razones porque no hay Estado, no hay gestión de los servidores públicos. Porque los que se tiran el billete oficial están más interesados en viajar, en viaticar, en beneficiarse a sí mismos con negocios torcidos o, en últimas, a defender gobiernos mal enfocados, equivocados de cabo a rabo como el suyo.

Quiero hacer una aclaración necesaria: concibo a Gustavo Petro como un señor inteligente y honrado. Es un luchador de la vida quizás con ideales que no se corresponden con la época o con la sociedad actual. Decir que Petro es ladrón o equipararlo con los hermanitos Moreno Rojas o con Beodín Garzón sería injusto e inconveniente. Tantas denuncias a grandes cacaos incluido el omnipotente Álvaro Uribe dan para que todo el aparataje del Estado le busque el quiebre a Petro. Pero de todo ello ha salido airoso, lo cual significa que, o está muy bien blindado o en realidad es un hombre honesto.

El problema del alcalde es que se equivoca en la forma de gobernar porque tiene una idea muy distorsionada del concepto democracia. Darles comida gratis a los pobres o marihuana y bazuco a los indigentes no es democracia. Democracia es proveer empleo para todos; es destinar recursos para que los desadaptados sociales encuentren el camino y se rehabiliten en sitios acondicionados para ese fin; es proveer salud, educación, vivienda, recreación, SEGURIDAD para todos sin distingos políticos o de raza o de condición social. Y buscarle la pelea a todo aquel que no piensa como él puede ser todo, menos democracia.

Todo esto lo escribo aun a sabiendas de la reacción furibunda de los escasos adoradores y adoratrices de Petro, los que escriben en el foro o los que encuentro en mi círculo académico y social. Pero es cierto: Petro NO TIENE el respaldo popular que dice tener. Por esa circunstancia está dando palos de ciego y se está tirando la plata en la defensa de lo indefendible y busca con desespero respaldos aquí y allá. Ya amenazó con denunciar ante la ONU, ante la OEA, seguramente contratará a Jimmy Carter, buscará la mediación del papa Francisco, etc. Y mientras tanto Bogotá se hunde en la inseguridad, en la deficiencia en los servicios públicos, los policías sin gasolina para sus motos, y un sinfín de problemas que deberían ser resueltos, pero para eso no hay tiempo ni plata. Por ahora lo importante es la imagen del alcalde y la salvación de la revocatoria. El resto vale huevo, mk.

Colofón: siento profunda tristeza de ver en qué se va a gastar la platica del llamado cobro de valorización por “beneficio general”. ¡Oh, Dios, ayúdanos!

 

 

 

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