El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

¡No más Santos! Con Santa Laura nos basta…

La semana que termina nos dejó una noticia nefasta que se veía venir: al presidente Santos lo picó el virus de la reelección. ¿Pensará acaso que lo está haciendo bien?

El presidente ya empezó a mover fichas. No ha dicho de frente si quiere reelección pero es que él nunca dice nada de frente. Y se la va a jugar con Germán Vargas Lleras como su escudero para entregarle el poder en el 2018. Lo cual significa que Santos quiere hacer con Vargas lo mismo que hizo Uribe con Santos. Y es muy posible que Vargas Lleras haga lo mismo que Juan Manuel hizo con Uribe. Es decir, utilizará los hombros del presidente para llegar a la presidencia para después hablar pestes de un gobierno del que fue protagonista.

La realidad, sin embargo, dice que al señor presidente Santos no le ha ligado ni media. Fracasó con la reforma de la ley 30 de educación, fracasó su reforma política, fracasó la reforma a la justicia y salvó a pupitrazo limpio un reforma tributaria que cinco meses después no se le ve ni pies ni cabeza ni se conocen los verdaderos alcances. El hombre ya sufre pesadillas con la palabra reforma. Pero por ahí se oyen y se leen áulicos del gobierno que dicen que el balance de Santos es satisfactorio.

La historia dirá que durante el gobierno Santos Colombia perdió 80 mil kilómetros cuadrados de mar territorial. Bueno, dirán que ese fue un proceso que venía de tiempo atrás. Sí, venía de tiempo atrás pero este gobierno y su flamante canciller María Ángela Holguín no hicieron absolutamente nada para impedirlo, que es una manera de propiciarlo. Y aquí sí se están viendo las consecuencias: seis meses después del polémico fallo de la Haya, la principal empresa pesquera de San Andrés “Antillana” acaba de cerrar porque la pesca se vino abajo. Y este es solo un ejemplo.

Claro, Colombia tiene los cayos pero resulta que los hijuemadres peces siguen con la manía de permanecer en el agua, en vez de “subirse” a los cayos. Y por eso no se dejan pescar sino por los nicaragüenses que son los nuevos dueños del agua. De esta forma, más de 200 empleados (solo de esa empresa, aclaro) quedan sin sustento. Pero al Gobierno no le interesan estas nimiedades. Mejor dicho, que los pobres se jodan; quién los manda ser pobres. A Santos lo que le importa en este momento es recomponer el gabinete de cara a su reelección y pensar en la estrategia mediática para subir en las encuestas.

Y a propósito de encuestas, no se entiende quiénes ni cómo las hacen. Porque uno que habla con la gente en la buseta, en la calle, en el posmoderno Transanimalenio, nunca oye que alguien esté de acuerdo con el gobierno Santos. Todo el mundo de carne y hueso habla mal de él y de su gobierno. Me sentiría plenamente realizado si algún lector me explicara a quién le preguntan las dichosas encuestas porque, según los resultados, en Colombia no hay hambre, no secuestran, no asesinan, no roban, no violan, no cobran impuestos, la gente puede viajar por el mundo cuando quiere, los supermercados no cobran, los servicios públicos son gratis, los bancos no roban, los políticos trabajan, etc. Cualquiera que venga de otras tierras analiza las encuestas y dice: no joda, ¡esto es el paraíso!

Hay, sin embargo, un hecho, incierto e improbable si se quiere, que con encuestas o sin ellas puede catapultar a Santos a la reelección y es que el proceso de paz salga adelante. Pero digo incierto y poco probable porque de eso tan bueno no dan tanto por una razón muy sencilla: las Farc no van a renunciar al poder militar y económico que tienen. Dicho en otras palabras, la guerrilla de las Farc no va a cambiar su poder por unos puestecitos en el gobierno. Ni bobos que fueran. Pero tienen, Santos y las Farc, la fórmula para narcotizar al escaso 30 o 32 por ciento de la gente que elige al presidente. Y a uno que otro ingenuo de la llamada franja abstencionista.

De todos modos, uno como colombiano desea desde el fondo de su corazón disfrutar de un momento de paz, hágala quien la haga, entre otras razones porque la paz, con todo y lo costosa, es más barata que la guerra. No creo, como dice el gobierno, que haya enemigos de la paz como no sean los fabricantes y traficantes de armas, porque a esos se les acabaría el próspero negocio. Pero un colombiano promedio, es decir, el que no tiene acceso al presupuesto, que aunque quisiera no puede robar el erario, no es (no podría ser) enemigo de la paz.

El caso consiste en que Colombia está ante un muy probable segundo período de Santos, y no precisamente porque este sea buen presidente. Al contrario, es tanto a más ligerito que Andresito Pastrana, es decir, es muy bueno para la pasarela y para el espectáculo multicolor de luces, cámara y calzoncillos. Pero su discurso, débil y elemental, tiene que ver más con la maquinaria política de puestos y repartijas que con la realidad y con las necesidades de la gente.

Pero Juan Manuel va a lograr la reelección porque es astuto. Y manipula los hilos del poder en forma diametralmente opuesta a como maneja el discurso. Mejor dicho, el tartamudeo del discurso contrasta con la habilidad para utilizar los medios y para formalizar alianzas. Además porque su cuna de oro no le permitió nunca dimensionar los gastos. Es este un gobierno derrochador como en los tiempos de Pastrana. Él y sus ministros gastan montañas de dólares como si estos fueran del infantil juego de Monopolio. Para el caso no es sino recordar la archifamosa Cumbre de Cartagena que tampoco sirvió para absolutamente nada más que para que la señora canciller derrochara el equivalente a tres gruesos balotos para saber que hasta la bella árabe, perdón, argentina, perdón española Shakira los hiciera quedar como un zapato (me perdona el zapato) porque ni siquiera fue capaz de aprenderse el Himno Nacional de Colombia.

Lo dicho: Juan Manuel Santos será reelegido pero no por el pueblo hambriento sino por las encuestas y por la apabullante maquinaria mediática. Porque sabe cómo meterse al bolsillo a los cacaos económicos del país, justamente porque él es uno de ellos. Porque es un diablo que sabe para qué es el poder. Pero también va a ser traicionado. Porque en política el fin justifica los medios. Lealtad, dignidad, honestidad, decencia, son palabras proscritas en el diccionario de la política colombiana. Qué dolor…

Colofón: no votaré por Santos como no lo hice en las dos pasadas elecciones. Me parece un tipo desleal y no precisamente con Uribe. Y es maquiavélico en el mal sentido. Como no veo un candidato medianamente serio, seguiré con mi supuesto papel de bobo: votaré en blanco, hasta que la gente comprenda que el triunfo del voto en blanco es la mejor y más democrática manera de pegarle una sonora bofetada a la clase política putrefacta. Punto.

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