El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Las caras visibles del 2013…

Puede ser pesimismo o realismo. Usted, amigo lector, decide…

Muere el 2013 sin pena y sin gloria. Y sin esperanzas para la inmensa mayoría de colombianos que ven cómo su calidad de vida se deteriora cada vez más.

Las escasas satisfacciones corrieron por cuenta, como siempre, de un puñado de deportistas como Nairo Quintana con su participación de estruendo en el ciclismo de elite en Europa y de la morenaza Catherine Ibargüen en la cima del atletismo mundial. Sin embargo, fue la clasificación de Colombia al mundial de Brasil 2014 lo que más marcó las alegrías del pueblo colombiano que ve en el fútbol su única fuente de felicidad.

En cambio en la política todo fue nefasto. Los grandes titulares de los medios registraron la “triunfal” gira de Juan Manuel Santos por EE UU a principios de diciembre pero lo que la gente no sabe es que esos “noticionones” tienen su origen en una multimillonaria campaña de medios para subir en las encuestas de cara a las elecciones de marzo próximo. A Estados Unidos no le interesa la vida de un paisito de Suramérica más allá de los negocios en los que puede sacar generosas tajadas. Pero el periódico de marras dijo que Santos había logrado importante respaldo de tres grandes del mundo: Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.

Cuando el viejo tío Anselmo leyó los titulares dijo: “BID, BM y FMI son la manera más fácil de explicar el caso de los peces gordos que se tragan a los chiquitos”. Cuando le dije que por favor me explicara eso, el viejo zorro me dijo medio enverracado: “¿cuándo ha visto usted, que es estudiado, que esos jijos hagan negocios en los que corren el mínimo riesgo de perder?

En política exterior también se consolidó el fallo de la CIJ de la Haya en el despojo de una gran porción de mar territorial, porque el gobierno de Santos y de la divina María Ángela no hizo sino alharaca pero de aquellito nada. Y pasó lo que tenía que pasar: el pueblo colombiano se narcotizó con la Selección de Pékerman y se le olvidó el atraco nicaragüense con la complicidad de una Corte que tiene mucho de internacional pero casi nada de justicia.

En política interna lo más destacado fue (es) el proceso de destitución del alcalde Petro, por dos vías: una por medio de la firmatón para revocarle el mandato por las buenas y otra la pelea con su santidad Alejandro Ordóñez que lo quiere sacar a la brava. Las opiniones están divididas porque el burgomaestre cordobés despierta odios y amores sin términos medios. Por un lado, la fuerte casta política a la que le duele que un hombre emergido de los entresijos de la subversión le arrebate el inmenso poder que entraña ser alcalde de Bogotá y que tiene injerencia directa con cerca del 70% del capital que se mueve en Colombia; y, por otra parte, una masa de seguidores que sin mayor análisis de la “cosa” política lo adoran como si fuera la redención de decenios y decenios de malas administraciones distritales.

En cuanto a política nacional, se destaca el generoso obsequio del presidente Santos a cada uno de los 268 congresistas por la suma de  7’898.445 pesos mensuales, una bicoca de miserables 2.116´783.260 (dos mil ciento dieciséis millones, setecientos ochenta y tres mil doscientos sesenta pesos MENSUALES, multiplicados por 12 meses que da una cifra astronómica de 25.401´399.120 (veinticinco mil cuatrocientos un mil millones trescientos noventa y nueve mil ciento veinte pesos anuales). Una verdadera simpleza, como se puede ver, todo para que le aprueben unas reformas, como la de la salud, absolutamente antidemocráticas y leoninas. Pero aun con el desorbitante pago por adelantado, nada le garantiza que logre sus propósitos porque el apetito de los congresistas es mucho más grande de lo que se alcanza uno a imaginar. ¿Y quién paga? Premio para el que responda esta pregunta…

Bueno, pero no todo es malo. Porque el gobierno de Juan Manuel acaba de decretar el “más alto aumento del salario mínimo de los últimos años” porque él es el presidente de un “país más justo”. ¿Qué entenderá nuestro mandatario por justo?

El otro hecho fue la celebración por todo lo alto de los primeros doce meses de conversaciones en la Habana. Ningún otro presidente, léase bien, ningún otro presidente, ni siquiera el gran Andrés, había logrado conversar con las FARC durante más de un año. Pero los colombianos, y en especial los malditos uribistas de la oposición son unos desagradecidos que no le reconocen al presidente Santos este magno triunfo de la democracia ni tampoco los ignorantes noruegos del Comité Nobel que se hacen los pendejos y no le dan el ansiado premio.

Recuerdo que el 2012 finalizó con la esperanza de que doña Clemencia le hiciera ver a su marido lo mal presidente que es y que por amor lo hiciera desistir del magno despropósito de la reelección. Pero no. A ella también le gusta el poder y ser primera dama es un privilegio por el que bien vale la pena sacrificarse. De modo que los colombianos debemos resignarnos a la negra suerte de seguir gobernados por un señor que no tiene ni la menor idea de lo que vale el dinero y juega con él como si fuera un juego de monopolio. Y que le parece justa el hambre que aguantan más de las dos terceras parte de colombianos que tienen  que gozarse la vida con $616.000 pesos mensuales.

 

Nos queda una esperanza: la sanción política y moral que da el voto en blanco. Por fortuna, revisa uno las redes sociales y el movimiento toma fuerza. Y entre este momento y las elecciones va a dejar de ser una tendencia para convertirse en una fuerza incontenible. La esperanza es que cada vez sean menos los ignorantes que creen que reelegir a Santos es la solución. Esto es un asunto de dignidad humana. No se puede votar por una clase política que cada día está más podrida. La resignación (masoquismo) no puede ser un mal que dure más de doscientos cincuenta años. Urge despertar de ese largo letargo social y político que nos tiene aguantando hambre pero felices con los goles de penalti de Falcao García…

Colofón: ¿Cómo se puede vivir en un país tan anormal? Y, ¿qué esperanza tendrán los colombianos en este país tan injusto e inseguro? Dios mío, ayúdanos a soportar tantas injusticias de esta clase política. La única esperanza es el voto en blanco. ¡Votemos masivamente en blanco; no hay más!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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