El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

La fiscal y su marido (el de la fiscal)

Me tiene asoliao la tía Empera. No sé de dónde se imaginará que uno tiene tiempo para averiguar chismes de alcoba.

Yo pensaba que a la septuagenaria y gotosa pariente se le había perdido mi número y ya estaba contento. Pero no. El caso es que la intensa tía me llamó esta semana para casi exigirme que le explicara qué es la joda de la fiscal con el tal Lucio. Otra vez me dio el argumento cansón: “si no lo sabe usté, mijo, que es periodista de profundidá y vive en Bogotá, ¿entonces quién?”

Digo chismes de alcoba porque dudo mucho de que a la vieja le interesen las implicaciones políticas o judiciales que pueda tener este sonado episodio de la actualidad nacional; lo que quiere es que me meta en las implicaciones sentimentales o sexuales del caso, pero ella no sabe que para conseguir esa información se necesitan fuentes que yo no tengo. Me provocaba darle el número de celular de la Negra Candela o del monito supervarón que presenta Sweet, el dulce sabor del chisme. A esos sí que les gusta meterse en las sábanas ajenas. (Bueno, eso dicen, porque yo no tengo tiempo para ver lecciones de morbo por televisión).

Dándomelas de original, le expliqué a la tía que la fiscal está en severos aprietos nada más por la severa traga que siente por el exparlamentario Carlos Alonso Lucio; un amor maldito que no se extinguió ni un pite a pesar de la cruel separación de varios años.

Bueno, le dije, pero en el fondo yo creo que la fiscal está metida en líos es porque ni la prensa farandulesca ni la sociedad le perdonan que para su segundo matrimonio con Carlitos no hubiera desplegado la publicidad que enmarcó el primero, cuando la boda se celebró con bombo y platillos en una conocida cárcel bogotana, en tiempos en que el amigo Charles pagaba una pequeña pena por falsa denuncia. No se sabe qué estaba tratando de esconder Viviane porque cuando el primer matri no era fiscal pero cuando el segundo sí. Uno como analista de profundidad puede inferir que la señora quería proteger su vida privada, pero hay quienes dicen que la embarró con esa supuesta protección porque su dos veces marido es una figura pública, tan pública como la suya. Y el prontuario, perdón, la historia pública de Charles es de todo menos privada.

 En esas estábamos cuando sonó un pitico que anunciaba que se le estaban acabando los minutos (del celular, se entiende). Suspiré aliviado y le alcancé a decir que si quería saber el resto tenía que leerlo en El Espectador punto com. Vieja cansona, si no fuera por sus magníficos ahorros…

El inefable Carlos Alonso es un personaje que maneja a las mil maravillas el poder de la prensa. Hace unos días hizo ruido mediático cuando “absolvió” al coronel Plazas Vega, condenado por lo del Palacio de Justicia, hechos ocurridos hace ya 26 años. El exguerrillero dijo algo en lo que sí le sobra razón: “no es justo que Plazas Vega esté preso y nosotros los autores del golpe al Palacio estemos disfrutando de la libertad”. Y disfrutando de las mieles del poder, agrego yo, como Noel Petro y Toñito Navarro Wolf, entre otros tantos que eligieron el camino de la delincuencia para llegar a la cima del poder político.

Carlitos, el ahora primer damo de la Fiscalía General de la Nación, ejecuta acciones y emite declaraciones que permiten inferir que el tipo aparte de crápula es tránsfuga. Crápula porque tiene fama (no revelo mis fuentes) de gustarle la vida fácil de sibarita, de mujeres contentonas, vino, noche, y hasta dicen las malas lenguas que es como tacañín a la hora de pagar las cuentas. Esta última circunstancia, sin embargo, no alcanza para tildarlo de gigoló… ni más faltaba. Y es tránsfuga porque siendo de extrema izquierda como guerrillero del M – 19 pasa sin problemas, según la prensa, a asesorar a las AUC que son de extrema derecha. Se habla también de supuestos vínculos con el narcotráfico. Todo esto, sumado a su condición de excongresista, da para concluir que Lucio se la juega toda no a tres sino a cuatro bandas. ¡Qué barbaridad, Santo Dios, con quién se vino a meter la fiscal!

La historia demuestra que las mujeres, qué dolor, qué dolor, qué pena, se sienten atraídas por especímenes de esta índole. (Iba a escribir calaña pero queda mejor índole). Y la pobre Viviane es mujer, luego débil en esas lides. Y ella, pobrecita, que es una cristiana convencida cayó en las redes de Lucio, justo con quien está más lejos en materia ideológica y religiosa. Viviane le hace honor a una máxima de Óscar Wilde: “Los únicos amores que valen la pena son los imposibles”.

La doctora Morales está metida en líos éticos y también morales. Primero porque su investidura significa que ella es y debe ser la conciencia moral de la nación. Segundo porque como mujer enamorada y valiente se ve en la necesidad de salir a defender lo suyo, a su macho. Aun así dio muestras de probidad, de sindéresis, de rectitud, pues los medios dan cuenta de que ordenó una investigación – exhaustiva como todas las investigaciones – en torno de las actividades políticas y de mediación de su cuchi cuchi. Pero, por favor, no me pidan que me imagine en qué circunstancias ni qué actividad íntima tuvo que interrumpir para notificarlo. Lo esencial es que lo están investigando. Cuán difícil debe ser actuar en esas dos condiciones: fiscal sin mácula y esposa enamorada de alguien que al parecer tiene cuentas pendientes con la justicia que ella representa.

La señora fiscal debe caminar con pies de plomo porque para ella también hay fiscalización periodística, lo cual es muy sano. Tampoco se trata de renunciar porque en sí estar casada con Lucio no es delito. Pero puede haber por ahí implicaciones éticas y morales que la sociedad colombiana no le perdona. Y menos si se pone a citar a su despacho a las periodistas importantes que le hacen preguntas comprometedoras en los periódicos de amplia circulación. La gente que no sabe de investigaciones exhaustivas piensa que eso es una rabonada y se pone de lado de la periodista.

Colofón: El adagio popular reza que el que nada debe nada teme. Porque si Viviane hubiera querido esconder algo de su marido no se habría recasado, al menos mientras fuera fiscal. Quizás hubiera sido suficiente con tenerlo como tinieblo y nada más. Y en últimas, si a su osito de peluche lo perdonó la ley colombiana, por qué ella no habría de perdonarlo…

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