El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Elecciones: odio, soberbia, venganza; que entre el diablo y escoja…

Candidato: viene de cándido, puro, limpio, inmaculado, blanco… ¡Gulp!

Los colombianos estamos obligados a elegir entre los dos peores candidatos que ha dado la corrupta clase política del país.

Uno como colombiano común, es decir, honrado y trabajador, aspiraría al menos a encontrar unos candidatos que ofrecieran programas no de igualdad social o equidad porque eso es imposible, sino propuestas medianamente creíbles.

Pero nuestros prohombres, Zuluaga y Santos, se han dedicado a ofrecer lo que nunca van a cumplir. Hablan como si fueran los amos y señores del poder, como si no hubiera un aparato estatal con tres ramas del poder público. Cualquiera que desprevenidamente lo oiga llega a la conclusión de que van a ignorar las leyes que fabrican nuestros amadísimos congresistas, es decir, hablan como si fueran dictadores.

Voy a subir los salarios; vamos a terminar con el servicio militar obligatorio; en mi gobierno no habrá más pobres; vamos a construir 700 mil viviendas gratis; voy a darles educación y alimentación gratis a TODOS los niños que nazcan en Colombia; voy a hacer la paz pero con condiciones; la plata del conflicto la vamos a gastar en los pobres; elija entre la guerra y la paz, y un largo etcétera de imbecilidades que no se las creen ni los que las pronuncian. Como diría Alfonso Lizarazo en sus mejores tiempos de Sábados Felices: la próxima semana, más cuentachistes…

Santos, en su desespero por los resultados de las encuestas, en solo un par de semanas ha formalizado macabras y vergonzantes alianzas que los ciudadanos vamos a pagar muy caras en términos de ponqué presupuestal; por ejemplo, con su reciente enconado rival y ahora nuevo mejor amigo, Gustavo Petro y con la seudoizquierdista Clara López Obregón. Y esos cobran duro. Ha logrado torpes y malintencionados respaldos del chapetón Felipe González, ha logrado respaldos perversos con un gran sector de la prensa mermeladófila, y hasta con la máxima heroína francesa Íngrid Betancur.

Inclusive el adusto y huraño conversador de paz en la Habana, Humberto de la Calle, que hasta el momento solo se limitaba a leer comunicados “conjuntos” ahora aparece más en televisión que Luis Carlos Vélez, el vitrinero director de noticias de un conocido noticiero. Amenaza don Humbertico con una catástrofe si los colombianos no elegimos a su Juanma. El manzanareño  nos dice entre líneas que si no elegimos a Juan Manuel, desde el lunes 16 de junio Colombia será un monumental campo de batalla con ríos de sangre y muertos. Pero, en su espejismo, dice que si Santos gana, entonces a partir de ese día los colombianos vamos a vivir en paz, en un paraíso soñado sin atracadores, sin DIAN, sin políticos, sin choferes de SITP, sin declaraciones de Petro, etc.

Por su parte el candidato del uribismo en medio de la densa nube en que fue embutido por su mentor, no ha tenido tiempo de dimensionar el hecho de ser hoy uno de los dos aspirantes a ocupar el desvencijado y desprestigiado sillón presidencial; por esa razón, en los chocarreros debates televisivos, Óscar Iván se dedica únicamente a hablar de su gestión como ministro de hacienda porque no tiene nada más que decir, y a seguirle el macabro juego al presidente candidato en el sentido de prometer puentes donde no hay ríos. Dijo la vieja y descocada tía Empera: el Osquítar es bueno y puede ser buen ministro, pero no tiene culo pa pantalón de paño. Y le riposta el sabio tío Anselmo: pero si pudo ser presidente Andresito Pastrana, y Juan Manuel aspira a su segundo período, por qué no va a poder Óscar Iván que al menos tiene pinta de ser honrado.

Señores Zuluaga y Santos: el problema de fondo no es una pinche firma; los problemas de Colombia no se solucionan con toches e insípidas frasecitas de campaña. Los atracadores no se acaban con poner 20 mil cámaras en las calles; no se solucionan subiendo el salario mínimo un par de puntos por encima de la inflación; los problemas graves no se solucionan abrazando a una viejita tan humilde como procaz, así el candidato tenga que bañarse después con decol.

La generación de la paz nace cuando los gobernantes empiecen a construir infraestructura; cuando haya educación de calidad; cuando la gente no muera en los andenes de los hospitales porque no tienen cómo pagar una mísera consulta; se solucionan cuando los niños no mueran por falta de una miserable vacuna o una inyección de ibuprofeno; se solucionan cuando la clase política no se embolsille con crueldad extrema el dinero público en sueldos astronómicos, en prebendas extralegales, sobornos, peculados, compra de jueces y fiscales, etc.

Señores aspirantes Zuluaga y Santos: la paz nunca llegará mientras no haya justicia social. No habrá paz mientras la gente vea cómo la alta dirigencia del país, llámense políticos, banqueros, industriales exportadores, comerciantes en gran escala, se llenan los voraces bolsillos, en detrimento de una clase trabajadora cada vez más pobre y miserable.

Señores: uno de los dos puede ganar la presidencia, pero pierde Colombia porque ninguno tiene ni una pizca de sensibilidad social necesaria para liderar procesos de convivencia ciudadana para construir nación. Ustedes son hijos de la opulencia  (uno más que el otro) y del despilfarro y por eso nunca, léase bien, NUNCA van a poder ofrecer paz. De nada sirve la paz en la Habana si los colombianos del común siguen comiendo lo que sabemos y viendo por televisión los banquetes de presupuesto que ustedes devoran. Y que gane el más vivo porque no puedo decir el más inteligente. ¡Viva el voto en blanco!

Colofón: doctores Zuluaga y Santos: ustedes “diseñaron” una campaña torpe y ridícula para tarados. Pero olvidan que los colombianos ya no somos tan ignorantes como hace décadas. Por eso guardamos la esperanza de que en las urnas se demuestre cuánto los desprecia la gente de bien. Los que voten por ustedes serán cómplices de la debacle que se nos viene encima. ¡Pobre Colombia!, pero, ¡que viva la Colombia de Teo, de James y de esa banda de futbolistas que nos están regalando una ilusión que nos sirve al menos para olvidar el triste destino al que ustedes nos someten! Y que Dios los perdone…

Comentarios