El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Dilian Francisca de Asís…

Esta semana le correspondió el turno de mojar prensa a la senadora Dilia Francisca Toro, figura prominente de la política nacional, procedente de la rancia clase electoral del Valle del Cauca. Esta vez ya no como insigne presidenta del docto Senado de la República sino como ilustre huésped en un centro de reclusión.

Por qué de Asís. Por su pobreza franciscana, muy parecida a la de sus predecesores como Juan Manuel Corzo, Gómez Gallo, Pinedo Vidal, Uribe Escobar, García Orjuela, etc., por poner sólo unos ejemplos. Pobrecitos. Están en la cochina calle a punto de pedir limosna. Además porque la Dilian de esta semana nos sirve de símbolo para hablar de nuestro flamante Congreso.

Los colombianos de a pie nos preguntamos por qué tanta alharaca con la detención de la senadora Toro, cuando todos sabemos que para llegar a esas altas investiduras no se necesita precisamente ser una Santa Teresa de Calcuta. Ser senador o representante cuesta muchos millones de pesos pero ser presidente de esas corporaciones cuesta muchísimo más.

De dónde sale el billete es la pregunta. Yo, todo inocente y sin una pizca de suspicacia, pienso que los políticos no son tan brutos como para invertir platica de su propia pecunia, corriendo el riesgo de perderla. Para eso necesitan patrocinadores con capitales muy fuertes que no siempre son transparentes. Y que no precisamente dan sin esperar nada a cambio.

El caso concreto es que los colombianos tenemos una fauna de dirigentes corruptos que cada vez son más cínicos. La evidencia no hay que buscarla muy lejos. Está en el reciente escándalo de la reforma a la justicia, con la que los parlamentarios pretendían despedir la moribunda y estéril legislatura y saludar la nueva con nuevos dignatarios en presidencias y en primeras, segundas, terceras, cuartas, quintas vicepresidencias – hasta cuál habrá -. Quien quiera conocer la cara del cinismo sólo tiene que ver en los periódicos la fotografía y las palabras de quienes, luego de descubiertos los orangutanes, defendieron su posición, como si ignoraran que la gente ya no es tan mentecata y desinformada como hace unos años.

Esta semana estamos estrenando dignatarios en las mesas directivas de Senado y Cámara. En el Senado quedó de presidente el Dr. Roy Barreras, ampliamente conocido por su incondicional apoyo (léase lambonería) a Álvaro Uribe cuando este era Presidente. En otras palabras, el nuevo presidente del Honorable Senado era uribista cuando estaba Uribe en el poder y ahora es santista porque Santos está en el curubito. “Nuestro candidato natural es Juan Manuel Santos”, sapeó el Padre de la Patria. Qué será lo que quiere el negro, diría la negra.

Barreras se instaló debajo del árbol que más sombra da en este momento. Y se posesionó con un discurso ejemplo de inteligencia y originalidad. Dijo, entre otras perlas, que ahora sí va a funcionar el congreso porque él va a terminar con la corrupción. Que es necesario recuperar la dignidad de esas corporaciones para que la gente vuelva a creer en ellos. Además habló del “nuevo congreso” como si ya lo hubieran revocado y vuelto a elegir. Lo que quizás quiso decir es “los nuevos dirigentes” lo que podría traducirse como “los nuevos ordenadores del despilfarro y la componenda”.

 Lo mismo le pasa a su carnal Armando Benedetti. Mandito (y muchos otros especímenes de esa gran fauna que es el congreso) también ya se declaró santista de toda la vida y proclamó a los cuatro vientos que apoyará la reelección de Juan Manuel. A ellos no les importa la diferencia intelectual que hay entre sus dos jefes; lo que les importa es el inmenso poder que ellos detentan. Porque, seamos sinceros – no nos digamos mentiras – decía un amigo carpintero, uno no necesita ser uribista para ver el abismo intelectual que hay entre Santos y Uribe. El Ubérrimo al menos habla fluido. Juanma tartamudea como una mini uzi en cámara lenta. Como decía mi maestro Klim cuando hablaba  un inolvidable  personaje de su época: “entre palabra y palabra caben dos señoras sentadas”.

A su vez, en la Honorable Cámara de Representantes, el sacrificio de servir denodada y abnegadamente a su Patria querida desde la presidencia de la corporación le correspondió al pereirano Augusto Posada, quien ya se hizo notar esta semana con dos declaraciones impresionantes (cito de memoria): Vamos a buscar la solución a la crisis de la salud, y los Honorables Representantes no deben administrar los recursos de la Cámara. (Antes de publicar este comentario, le leí a la vieja tía Empera este párrafo y de la carcajada que soltó se le salieron las cajas dentales que fueron a parar como a tres metros; guácala).

Todo esto, por desgracia, no es nuevo; significa que tendremos otras dos legislaturas sin que pase nada, como no sea el aumento del despilfarro y la desidia.  Y la entronización definitiva del cinismo en el poder público. Porque tradicionalmente se eligen para presidir las cámaras legislativas personajes que, más que por inteligencia y trabajo, se destacan por su locuacidad. Aparecen en los medios con unas declaraciones rimbombantes con que disfrazan sus verdaderos propósitos. Por favor, no me pregunten por los verdaderos propósitos porque me meto en líos. Los lectores los conocen. A los políticos elegidos para tan altos cargos les llega su cuarto de hora y ellos lo aprovechan. Allá sus conciencias. Que si bien pueden birlar el erario y burlar la justicia terrenal, ya habrá en la otra vida un Juez que con su infinita sabiduría los va a juzgar. Ese es nuestro consuelo.

Colofón: A estas horas, en plena mitad del mandato de Juanma y del Congreso, con todos los escándalos que generan las dos cámaras de la Honorable Micoteca, y con la difusión que se les da a estas atrocidades en las redes sociales, me pregunto: ¿habrá algún colombiano del común capaz de votar nuevamente por estos honorables? Yo, en el fondo de mi corazón y en medio de un inusitado ataque de optimismo, no lo creo. Porque si los Merlanos vuelven, válgame Dios; ya no quedarán esperanzas de nada. Dios bendito, protégenos…

Twitter @elojodeaetos

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