El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

Bogotá: final, final, no va más… y otra vez Bolillo

Una persona seria ni siquiera debería abordar estos temas. Pero la situación lo amerita, por cuanto se trata de las ilusiones de un pueblo anegado no solo por los aguaceros inclementes sino por las copiosas lágrimas de desconsuelo, rabia contenida e impotencia.

Tampoco es hora de buscar culpables pues eso es facilismo. Decir que Millonarios perdió la clasificación porque Mayer erró el disparo desde el punto penal es inútil. Zamparle toda la culpa a Páez tampoco. Suerte, menos. ¿Entonces?

Y por el lado de Santa Fe, ni se diga. El arquero Vargas era ídolo hasta el jueves por la mañana. El desconocido técnico Wilson Gutiérrez estaba preparado para recibir el apelativo de “técnico revelación 2011”. Ómar Pérez se erigía como unos de los mejores en el presente año. Y así.

El caso es que la afición bogotana se estaba envolviendo en una nube de triunfalismo que a la postre resultó eso, una ilusión gaseosa. Pregunto a cuál aficionado bogotano, con rivalidad y todo, no le habría gustado una final entre Millos y Santa Fe. Pero la derrota no es lo que duele. En el caso de Millonarios, el equipo más emblemático y con mayor abolengo en la historia del fútbol colombiano, lo que duele y preocupa es el odio visceral que inspira en las aficiones de los 17 equipos restantes. Muchos aficionados del Nacional, del Cali y de otros eliminados hicieron rumba de estruendo como si ellos fueran los campeones. De todos modos, para los hinchas azules es un verdadero consuelo comprobar que Millonarios, ganador o perdedor, es protagonista de primer orden. Algo debe tener para que todo el mundo se vuelque a las redes sociales a hablar del equipo azul.

A los equipos bogotanos, Millos y Santa Fe, grandes en otros tiempos, se les abona el esfuerzo por tratar de recuperar el respeto por el fútbol capitalino. Pero fallaron en lo importante, pues en un torneo tan mediocre, en el que cualquiera puede ser campeón, con solo los huevos bien puestos se habría podido dar la tan anhelada final bogotana. Un Millonarios con Germán “el capi” Morales o incluso con un Eduardo Pimentel, no se dejaba amilanar y moría pero reventado. Igual Santa Fe con un Eduardo Retat, para mencionar solo unos ejemplos de jugadores líderes y machos (en el buen sentido) que morían en un campo de fútbol con las botas puestas. Jugadores con estas características brillan por su ausencia en el presente de los equipos capitalinos.

Millonarios y Santa Fe no aguantaron la caña y terminaron humillados ante dos equipos que no tienen gran cosa. A Junior le valió la actitud y el respaldo de su hinchada, y el arepazo de Giovanni Hernández. Arepazo que un presentador de RCN TV calificó de “genialidad”. No se mueeeevan, ya regresamos… Al Blanco blanco le alcanzó con el orden y la disciplina impuestos por el mejor técnico que ha habido en Colombia en los últimos tiempos: Juan Carlos Osorio. Un señor, para mí, exótico en medio de un mar de mediocridad.

Pero, en fin, como reza la sabiduría popular, no hay que llorar sobre la leche derramada. Vendrán tiempos mejores, nuevas ilusiones y nuevas frustraciones. Ese es el fútbol y a eso juegan los dirigentes. Esa es la farsa y los aficionados están para alimentarla. Y ahora, como dicen los periodistas de profundidad, que gane el mejor.———

Ahora, otro tema, igualmente espinoso. El Bolillo Gómez vuelve a las primeras páginas del periodismo nacional. En primera instancia, porque uno de los genios de la Federación considera que Gómez debe volver al banquillo. (Pero no se asusten Vélez ni Hernández, que el dirigente se refiere al sitio del estadio donde se sienta el director técnico y no al banquillo de un juzgado, acusado por maltrato a una mujer). 

Pues bien. Esta semana que termina se reunieron los genios de la Federación para darle “el puntapié en el ano” a Leonel Álvarez. (No me lapiden que esa es la frase que utilizó hace un tiempo el periodista de profundidad Esteban Jaramillo para no decir vulgarmente que a un jugador  le habían dado una patada por el c…). El caso es que le escupieron la cara a Leonel. Esta semana, luego de intensas y eruditas deliberaciones, los genios descubrieron que Leonel era inexperto. Pero cuando lo lanzaron al foso de los leones era el mejor, el más idóneo. Ganó en La Paz y era mejor que Pep Guardiola. Pero empató con Venezuela, perdió con Argentina y resultó un bodrio. Hurra por Jesurumcito, por Gonzalezitos y por Bedoyita. Dios los proteja.

Luego de esta trascendental decisión, coincidencialmente y como por arte de magia, el inefable Bolillo sale a los medios masivos a mostrar sus lágrimas de cocodrilo, a berrear arrepentido, a decir que es santa Teresa de Calcuta y que lo confundieron con un gamín que revolvió pastas para la presión arterial con vino y aguardiente. Que sólo recuerda que a la señora le pegó pasito como para que no lo denunciara pero que no recuerda nada más.

Todo parece indicar que hay fuerzas interesadas en lavar la imagen de Hernán Darío Gómez. Por dinero no hay problema. Un par de entrevistas en televisión masiva y unos dos publirreportajes para prensa de amplia circulación y ya. Unas encuesticas bien imparciales y el Bolillo vuelve con la cara lavada, ya sin lágrimas a empezar por enésima vez un proceso que nos ha de llevar nuevamente a ser campeones del mundo. ¡Aleluya!

Colofón. Señores directivos – genios: una selección nacional no necesita un técnico que cueste la millonada que cobran Martino o  Scolari. Se necesita un señor sí, que sepa de fútbol y que ojalá lo haya jugado. Pero que sea capaz de conducir un grupo humano desde sus sentimientos, sus expectativas, sus frustraciones hacia lo que se pretende: un equipo de hombres fuertes no tanto en tácticas pendejas sino en actitud ganadora. Jugadores que entiendan que, más que sus bolsillos, lo que se necesita es llenar las expectativas de millones de aficionados que sufren y lloran por ellos. Que jueguen con respeto por el rival pero con la mira puesta en los tres puntos. Que por encima de los millones que se ganan en Europa está la humidad, la modestia, el profesionalismo. En síntesis, se necesita un técnico de altas calidades humanas que no se deje manipular por dirigentes mediocres y nocivamente ambiciosos como unos que conozco pero que no puedo decir.

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