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Negro futuro en Petrobras

La presidenta de Petrobras, Graça Foster, renunció a su cargo junto al resto de los directores de la estatal brasileña, sacudida por un fuerte escándalo de corrupción.

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Graça Foster renunció a la presidencia de Petrobras. / EFE

Por Vinícius Mendes, São Paulo

La presidenta de Petrobras, María Graça Foster, renunció. Lo hizo un día después de reunirse con su amiga Dilma Rousseff en Brasilia, capital de Brasil. Ya le había presentado su renuncia, meses atrás, acosada por un escándalo de corrupción sin precedentes en la historia de la empresa pública más grande de América Latina y más importante de Brasil. Entonces, la mandataria le dijo que no, pues Graça no está envuelta en el escándalo de corrupción. Pero hoy, acosada por una crisis política, por una oposición cada vez más empoderada y por una situación económica nada fácil, la mandataria decidió dejarla ir. Eran grandes amigas y Rousseff confiaba en ella.

Otros cinco directores de la petrolera brasileña también dejaron sus posiciones. En un comunicado, la empresa dijo que nuevos ejecutivos van a ser elegidos por una Junta de Administración, mismo día en que el gobierno de Brasil va a decir el nombre del sustituto en el control de la compañía.

La renuncia de Foster afectó al mercado: tan pronto los periódicos informaron sobre la renuncia de Foster, las acciones de Petrobras en la Bolsa de Valores de São Paulo subieron 15,47%, el nivel más alto desde 1998. Luego del anuncio oficial, las acciones de la compañía subieron un 7%, pero más tarde llegaron a ser la caída del 2,06%.

La renuncia de la presidenta de Petrobras es uno de los últimos capítulos de una historia que comenzó en marzo de 2014, cuando una acción de la Policía Federal en una gasolinera en Brasilia empezó la Operación Lava Jato, la mayor investigación de la corrupción en la historia de país. A partir de ahí, la policía descubrió que algunas de las grandes constructoras de Brasil, como Engevix, Mendes Júnior, OEA, Camargo Corrêa, UTC y Galvão Engenharia, dieron dinero a los altos ejecutivos de Petrobras para la firma de contratos. El importe de las tasas fue de 1% a 5% de la cantidad total de los acuerdos y, de acuerdo con la Policía Federal, pueden haber llegado a R$ 10 mil millones de reales (US$ 3600 mil millones), dos veces más que el PIB de Bután, en Asia, por ejemplo.

El soborno fue distribuido a los beneficiarios por operadores financieros, como el llamado «cambista» Alberto Yousseff, quien está en una prisión en Curitiba, Paraná desde el año pasado. Hasta ayer, la Policía Federal arrestó a 30 personas, entre ellos los exdirectores de la compañía, Paulo Roberto Costa, que aceptó participar de un mecanismo judicial denominado «premio denunciante», donde  ayuda en las investigaciones y se reduce la pena, y Nestor Cerveró, desde el 14 de enero. Maria Graça Foster, a pesar de estar en el cargo desde febrero de 2012, nunca ha sido mencionado en las denuncias y, según ella, no sabía lo que estaba pasando.

La semana antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en octubre del año pasado, la revista Veja, la de mayor circulación en el país, publicó una nota diciendo que la presidenta, Dilma Rousseff, y el expresidente Lula da Silva sabían sobre el tema. Los congresistas de la oposición dicen lo mismo, así como miembros de la prensa, que señalan con el dedo acusador al Partido de los Trabajadores (PT).

En octubre, Dilma dijo en su programa electoral que Veja había hecho «terrorismo electoral» y que «iba a pagar por ello.» Hasta la fecha no hay evidencia de que Dilma Rousseff, Lula y Maria Graça Foster sabían del plan. Sin embargo, la Policía Federal de Brasil ya sabe que los sobornos fueron pagados desde la administración del presidente Fernando Henrique Cardoso, el derechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que estuvo en el poder hasta 1998, el período en que Dilma fue directora de la empresa.

Desde que la Operación Lava Jato comenzó, el año pasado, comités de investigación en el Parlamento, el Departamento de Justicia de Estados Unidos y las agencias reguladoras internacionales empezaron a hacer investigaciones; la agencia de calificación crediticia Moody rebajó todas las notas de crédito de Petrobras, citando la trama de corrupción como la principal razón; el periódico inglés Financial Times dijo que “el futuro de la empresa está en juego”.

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