El MERIDIANO 82

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Kenia dejaría 325.000 refugiados a la deriva

Two Somali refugee women walk past  recently dug graves in Dadaab refugee camp.
Dos refugiadas en del campo de Dadaab caminan frente a tumbas recién cavadas. / Brendan Bannon

Miles de desplazados por la violencia se quedarían sin hogar luego de que el gobierno de Uhuru Kenyatta decidiera acabar con el campo de Dadaab. Sin embargo, esta puede ser la oportunidad para que Kenia se convierta en ejemplo de cara a las políticas inhumanas de Europa con los refugiados.

Por Kenneth Lavelle*

El 6 de mayo el gobierno de Kenia anunció una decisión que pone en riesgo la vida de cientos de miles de personas. Su propuesta de cerrar los campos de refugiados en Dadaab tendría consecuencias inmediatas y devastadoras a largo plazo para alrededor de 325.000 refugiados. El Ministro General de Kenia para Asuntos Internos, el Dr. Karanja Kibicho, ha expresado públicamente su preocupación sobre la débil respuesta de la comunidad internacional para responder a la crisis mundial de refugiados. En Médicos Sin Fronteras (MSF) estamos totalmente de acuerdo en que esta respuesta es aterradoramente inadecuada.

Estamos de acuerdo en que los persistentes “dobles estándares” de muchas naciones occidentales son inaceptables. Al mismo tiempo que dan la espalda a refugiados que huyen de la guerra, opresión y la desesperanza, siguen esperando que naciones como Kenia brinden protección a los cientos de miles de refugiados de Somalia, Sudán del Sur y demás lugares. Esta inconsistencia es más evidente tras la firma del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, mediante el cual Europa va a externalizar la atención de los refugiados a otro país que puede negarles el derecho a solicitar asilo.

El gobierno y la gente de Kenia han brindado refugio a miles de personas en los campos de Dadaab durante un cuarto de siglo, un hecho del que Kenia debería estar orgullosa. En lugar de respaldar las inhumanas políticas de la Unión Europea y otros, ahora, más que nunca, es momento de que Kenia continúe con su tradición de brindar refugio. Kenia puede tomar el liderazgo y dar el ejemplo a otros, incluyendo a quienes están en occidente, sobre cómo tratar de forma humana a quienes huyen de guerras y conflictos.

El gobierno dice que la seguridad de Dadaab está en riesgo. Los equipos médicos de MSF han visto personalmente las consecuencias de los actos de terrorismo infligidos en Kenia. En abril del año pasado, nuestros equipos médicos brindaron asistencia a las víctimas del horroroso ataque en la Universidad Garissa, en colaboración con el personal del Ministerio de Salud. El gobierno de Kenia ciertamente tiene la responsabilidad de brindar seguridad y protección a su población. Sin embargo, bajo las convenciones de refugiados bajo las que se encuentra Kenia, esta responsabilidad también se extiende a quienes han huido y siguen huyendo de guerras y conflictos.

Es inaceptable castigar a los 325.000 refugiados en Dadaab por las acciones de unos pocos. El conflicto en Somalia se ha prolongado durante más de 25 años, y las condiciones para el regreso digno y seguro de los refugiados simplemente aún no se han presentado. El acuerdo tripartito para repatriación voluntaria, firmado en 2013, fue considerado un paso positivo en su momento, pero su implementación ha sido limitada, especialmente debido a la falta de seguridad dentro de Somalia.

Los campos de Dadaab nunca estuvieron planificados para albergar al número de personas que actualmente viven en ellos, y ahora están sobrepoblados e insuficientemente fundados. Su cercanía a la frontera somalí vuelve a los campos vulnerables a la inseguridad que prevalece en

Somalia. A pesar de los repetidos llamados, no se han buscado soluciones alternativas para los campos de refugiados masivos y, hoy, son los refugiados en Dadaab quienes están pagando el precio.

Escasea gravemente la voluntad política para encontrar una solución. A muy pocos refugiados se les ha ofrecido una reubicación en otros países. Los mismos campos son muy grandes y, aun así, no se ha explorado la posibilidad de crear campos más pequeños en locaciones más seguras y con mejores servicios. Hay muy pocas oportunidades para que los refugiados se vuelvan autosuficientes y se integren a la vida fuera de los campos. Estas oportunidades requieren financiamiento y compromiso político.

Pero si no se persiguen, con el apoyo de la comunidad internacional, los refugiados de Dadaab ya no tendrán otra opción más que regresar a la Somalia desgarrada por la guerra o arriesgarse a hacer el peligroso viaje hacia el norte para cruzar el mar y llegar a Europa.

Durante los últimos 25 años, Kenia ha asumido un papel principal en cuanto al recibimiento de refugiados. Al reconsiderar la decisión de cerrar los campos, hoy el gobierno tiene una verdadera oportunidad de dar el ejemplo al resto del mundo sobre cómo tratar a los refugiados y cómo brindar un refugio a la gente que no tiene otro lugar a donde ir.

 

*Coordinador de proyecto de las actividades de Médicos Sin Fronteras

** Esta es otra entrega de la colaboración entre Médicos Sin Fronteras y el blog Meridiano 82.

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