El invitado

Publicado el tsancheznieto

Si sufre de la tensión agradezca que son cuentos y no novelas: la tranquilidad de la literatura anormal

Tathiana Sánchez*

Al principio ninguna imagen me venía a la mente cuando me dijeron Pájaros en la Boca. Creí que era algo como una combinación de palabras, una forma de llamar la atención del lector con un título raro, todo menos la literalidad de la frase. Fue hasta que leí el cuento que lleva el mismo nombre que supe que un pájaro, en realidad, estaba en la boca de un ser humano. Y ese escozor ante el impacto de las cosas que no parecen reales pero que pudieran serlo, continuaron en los demás cuentos de la argentina Samanta Schweblin. Una realidad que parecía mantenerme en un sueño de esos que no se entienden, pero que al final son tan raros que no se sabe si son verdades o pesadillas.

Por qué el título Pájaros en la Boca

Pájaros en la boca de Samanta Schweblin
Pájaros en la boca de Samanta Schweblin

“-¡Come pájaros! ¿La hiciste ver? ¿Qué mierda hace con los huesos?
Silvia se quedó mirándome, desconcertada.
-Supongo que los traga también. No sé si los pájaros… -dijo y se quedó mirándome.
-No puedo llevármela.
-Si se queda me mato. Me mato yo y antes la mato a ella.
-¡Come pájaros!
Silvia fue hasta el baño y se encerró. Miré hacia afuera, a través del ventanal. Sara me saludó alegremente desde el auto. Traté de serenarme. Pensé en cosas que me ayudaran a dar algunos pasos torpes hacia la puerta, rezando por que ese tiempo alcanzara para volver a ser un ser humano común y corriente, un tipo pulcro y organizado capaz de quedarse diez minutos de pie en el supermercado frente a la góndola de enlatados, corroborando que las arvejas que se está llevando son las más adecuadas. Pensé en cosas como que si se sabe de personas que comen personas entonces comer pájaros vivos no estaba tan mal. También que desde un punto de vista naturista es más sano que la droga, y desde el social más fácil de ocultar que un embarazo a los trece. Pero creo que hasta la manija del coche seguí repitiéndome come pájaros, come pájaros, come pájaros, y así.”

Fragmento del cuento Pájaros en la Boca. Samanta Schweblin.

La extrañeza, la anormalidad, esas situaciones raras que mueven hasta las más bajas sensaciones y que hacen sentir en carne propia las vivencias de los personajes. La literatura de Samanta es así. Sus líneas están llenas de la más fina narrativa negra. Y sí, es de ese color, negro, ni gris ni azul. Sus historias son negras porque son oscuras, sus cuentos dirigen a ese mundo de dos caras, del que el lector quiere despertar pero hay algo en el fondo que pide más.

Así ha sido esta escritora desde su primer libro. Lo escribió antes de llegar a los 20 años y fue publicado en 2001. El núcleo del disturbio mostró de inmediato esa necesidad de Samanta de revolver las sensaciones, de perturbar la calma y la monotonía de las historias normales. De darle a la ficción esa fuerza mágica de ser inventada y a la vez real. Esto continúa en su segunda publicación Pájaros en la Boca.

Samanta Schweblin

Aunque su segundo libro se publicó hace un poco más de cuatro años y ganó el premio Casa de las Américas de 2008, hasta el viernes de la noche de los libros de la FILBO 2012, Samanta presentó en Bogotá estos 14 cuentos donde hay componentes comunes como la niñez, la inocencia, los adultos aterrados y la continuidad de la vida dentro de estos imposibles. Ficciones que rayan con la verdad o al menos con lo que podría ser verdad.

Samanta Schweblin

Samanta escribe cuentos, un género que no es precisamente para niños aunque los más pequeños seguro gozarían con estás ideas extrañas. De hecho, entre esas cosas que me inquietaban de ella era qué pensaba cuando otros decían que tiene un libro de cuentos para niños. Entre risas respondió:

Samanta Schweblin

Sus historias parten de imágenes disparadoras y se convierten en cuentos. No novelas, no ensayos, no poemas. Son cuentos porque esta argentina le encanta imprimir tensión desde la primera línea, una que ya viene definida desde el principio y que dura hasta el último punto.

A veces en mi mente sus textos aparecen ligados a una estética similar a la de Tim Burton o David Lynch, en la que esas ideas subterraneas son, sin duda, parte del mundo cotidiano: es una anormalidad que allí es totalmente coherente. Hay una mezcla con esas fantasías de Gabo, Borges o Cortázar, y con las plumas nortemericanas de Flannery O’Connor, William Faulkner, Ernest Hemingway y Reymond Carver, que terminan combinando la maravilla de la magia con el shock de la incomodidad. Y es esto último lo que hace al lector totalmente partícipe de los cuentos, ese no sentirse bien allí pero querer estar.

Samanta Schweblin

No es autobiografía, es pura posibilidad su literatura. Aunque Samanta me confesó que Cabezas contra el asfalto, uno de sus cuentos de Pájaros en la Boca, si parte de alguna de sus anécdotas de niña.

Samanta Schweblin

En los cuentos de Samanta uno como lector entiende la maravilla de la extrañeza, lo delicioso de lo repuganante, la luz de lo negro y la capacidad de hacer realidades, de leer fantasía y de crear imposibles que pueden ser tan cercanos, tan certeros como el día a día.

Samanta Schweblin

¿Qué es lo normal? ¿Qué es lo que está bien? Samanta Schweblin entiende que lo normal no es lo de siempre, y que la anormalidad es tan común y tan cercana como esos sueños en los que no se sabe dónde empezaron pero que están ahí en la cabeza. Sus cuentos llevan a extremos e involucran hasta el punto de vivir la historia a pesar de lo inimaginable que pueda pasar allí adentro.

A veces creo que sus libros deberían tener una especie de advertencia: No apto para incrédulos. O más bien debería tener una de esas cintas que ponen alrededor de los libros mencionando los premios. Sin embargo esta debería decir: Si sufre de la tensión ¡agradezca! son cuentos, no novelas.

Tathiana

@tathysan

*Invitada. Periodista cultural y realizadora radial. Co-creadora del proyecto SonidoenVivo.org de artes vivas, que se emite los jueves a las 7pm en Javeriana Estéreo.

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