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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>EL CAOS DEL CONGRESO | Blogs El Espectador</title>
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        <title>EL CAOS DEL CONGRESO</title>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el Congreso se expresa en toda su magnitud la crisis de los partidos y organizaciones políticas, y<br>con ella de la actividad política, alma y motor de la vida social. Política siempre habrá, es<br>consustancial con la vida en sociedad, pero su calidad e importancia depende de cómo se<br>organizan y expresan los partidos y organizaciones. La crisis política que se vive en el mundo y<br>concretamente en Colombia, es consecuencia a su vez de la crisis e infinito desgaste de los<br>partidos, diría de su concepción, muchos decimonónicos, hijos de otras épocas. Los partidos, aún<br>los más recientes, se volvieron o nacieron como microempresas electorales, generalmente<br>unipersonales. Aunque esta “anomalía política” existe de tiempo atrás, fuera de la simple<br>denuncia verbal, nada se ha hecho para resolverla y mientras tanto, la situación se ha agudizado<br>con el paso del tiempo. Esto requeriría, ante todo, que las propuestas y discusiones políticas se<br>aborden claramente, con un sentido realista y nacional, no al calor de intereses particulares. Y<br>hacerlo en los términos de la conocida expresión, que “se escuche la voz del pueblo” para que de<br>verdad puedan ser sus voceros y representantes en las corporaciones. Se ha esfumado la<br>credibilidad y confianza ciudadana en las instituciones y en los políticos, abriéndole el camino a las<br>ofertas populistas que, aunque sean utópicas, frecuentemente son concretas respecto a<br>problemas y expectativas del elector corriente, que cree que sus requerimientos serán atendidos.<br>La Constitución del 91 reconoció la importancia de los partidos y organizaciones políticas, como el<br>engranaje del sistema y de la acción política, pero en un arrebato de liberalismo iluso envuelto en<br>un democratismo ingenuo, estableció que la crisis de la política y del poder en el país era<br>consecuencia de un bipartidismo histórico, asfixiante y limitante del alcance de la democracia,<br>reducida a ser instrumento del control oligárquico del poder. Los constituyentes creyeron<br>encontrar la solución, abriendo de par en par y sin condiciones, las puertas de la democracia para,<br>sin mayores condiciones ni precisiones, permitir “que florecieran mil iniciativas políticas”. Como<br>consecuencia, nació un aluvión de microempresas electorales, con dueños y objetivos precisos,<br>limitados y no democráticos. Y en esas estamos. Los programas han sido sustituidos por líderes<br>mesiánicos, sean Petro o Uribe, que concentran poder, sin permitir que se generen las estructuras,<br>las prácticas para pasar del paternalismo clientelista, a la estructura partidista que el país requiere<br>con urgencia, pero que no encuentra el camino para hacerla realidad.<br>No será algo milagroso; un camino largo como este requiere que se den los primeros pasos, con<br>firmeza y en la dirección correcta, para darle a Colombia una nueva estructura de la política y de<br>los partidos y organizaciones, sin pretender revivir lo de otros tiempos, que está históricamente<br>agotado; es emprender un camino ciudadano de construcción de la nueva política para los<br>tiempos de hoy, con sus posibilidades y desafíos. Tenemos los elementos para hacerlo y la<br>necesidad que nos motiva. No esperemos milagros. Los líderes irán apareciendo, el discurso se irá<br>ajustando y los resultados irán dándose. Se que suena vago pero, salvo la aparición de un líder<br>milagroso, los resultados serán el fruto de un proceso, de nuestro proceso. En las elecciones que<br>llegan no se producirá el cambio, pero si debemos depositar nuestro voto, con el ojo puesto en<br>quienes consideramos que están dispuestos y con la capacidad de dinamizar y liderar ese cambio.<br>Debemos votar pensando en el camino a recorrer en los próximos años y en quienes pueden ser<br>nuestros compañeros de ruta y no en resolver algún problema inmediato. Solo así podremos<br>romper el círculo vicioso de las pequeñas soluciones que, aunque alivien el problema de hoy, no<br>abordan el proceso de cambios requerido. No hay ni fórmulas ni personajes milagrosos. Hay</p>



<p>propósitos compartidos y esfuerzos comunes que deben precisarse. Esa es la tarea pendiente;<br>cada uno desde su sitio y ámbito, debemos tenerla presente para aportar, aunque sea nuestro<br>granito de arena, sin esperar milagros o que otros nos hagan la tarea.</p>
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        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
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        <pubDate>Tue, 10 Feb 2026 17:56:03 +0000</pubDate>
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