Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

Curiosidades históricas de nuestro calendario

Ahora, cuando inicia el nuevo año 2019, quiero recordar de dónde viene la organización del calendario que nos rige, compartiendo algunas curiosidades históricas que a mi modo de ver resultan sorprendentes.

La fascinación y el interés por medir el tiempo e investigar el movimiento de los astros y comprender los ciclos y fases de la luna y del sol ha marcado el avance mismo de la humanidad para entender la naturaleza y sus leyes. Al interés por proponer formas de medir el tiempo no escaparon las diferencias entre las iglesias de Roma y Alejandría.

Un pasaje histórico famoso es la condena a la que fue sometido Galileo Galilei en 1633 por hacer públicos sus resultados con especial entusiasmo, aún sabiendo que ante la Inquisición sería acusado de herejía, por ser sus conclusiones contrarias a lo aceptado por la Iglesia Católica. Galileo tuvo que retractarse para salvar su vida; no obstante, dicen algunos historiadores que en voz baja, justo después de abjurar, murmuró la famosa frase: “Eppur si muove” (“y sin embargo, se mueve”) refiriéndose al movimiento de la Tierra alrededor del sol.

El calendario más antiguo hasta ahora documentado fue descubierto en Escocia en un monumento que al parecer tiene alrededor de 10.000 años de existencia y mide el tiempo a partir de las fases de la luna y del sol. 

El origen de nuestro calendario se remonta a hace más de 2000 años, cuando Julio César modificó en el año 46 a. C. el calendario romano, fijando el año normal en 365 días y el año bisiesto, cada 4 años, en 366 días. Este calendario, conocido como «calendario juliano» también estableció el orden y duración de los meses tal como los conocemos hoy. 

Pero el año juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año solar. Esta diferencia acumulada durante siglos empezó a generar problemas, especialmente en la celebración de algunas festividades religiosas como la Semana Santa. 

En efecto, recordemos que la fecha del equinoccio de la primavera del hemisferio norte se fijó en el Concilio de Nicea realizado el año 325, como el 21 de marzo (aunque en la realidad, en algunos años puede ser el 20 de marzo). Esta fecha es muy importante, pues a partir de ella se fija la Semana Santa de cada año; es por eso que el domingo de Pascua, fiesta central del cristianismo, establecido como el siguiente domingo a la primera luna llena (o plenilunio) de la primavera en el hemisferio norte, no puede ser anterior al 22 de marzo ni posterior al 25 de abril. Por lo tanto, las fechas de la Semana Santa sólo pueden estar en el intervalo comprendido entre el 15 de marzo (un domingo de Ramos) y 25 de abril (un domingo de Pascua). Aprovecho para mencionar un dato curioso: el 19 de abril es la fecha más frecuente del domingo de Pascua (4 veces cada siglo) y el menos frecuente ocurre el 22 de marzo (solo 5 veces cada milenio).

Retomando la historia de nuestro calendario y de la influencia que ha tenido en su adopción la Iglesia Católica, hay que indicar que fue solo hasta 1582 cuando el papa Gregorio XIII, para conseguir que el equinoccio de primavera siempre ocurriera el 21 de marzo, como ocurrió cuando se celebró el Concilio de Nicea, decidió promulgar un decreto eliminando 10 días del calendario. Así, el día siguiente al 4 de octubre de 1582 se contó como el 15 de octubre.

Para evitar nuevos desplazamientos el papa instituyó las mismas reglas del Calendario Juliano, pero implementando una modificación mediante la cual se estipuló que los años centenarios divisibles por 400 son bisiestos y que todos los demás centenarios son años normales; así por ejemplo 1600 y 2000 fueron bisiestos, pero 1800 y 1900 no lo fueron. Este nuevo calendario se llamó Calendario Gregoriano y fue adoptado lentamente en el mundo occidental; por ejemplo Grecia lo hizo sólo hasta 1923.

El calendario gregoriano se compone entonces de ciclos de 400 años, divididos en 97 años bisiestos y 303 años comunes. Haciendo el cómputo en días tenemos: (97 x 366) + ( 303 x 365) = (35 502 + 110 595) = 146 097 días en los 400 años. Por lo tanto la duración media del año gregoriano es de 365,2425 días. Esta aproximación tiene aún un error cercano a 1 día cada 7700 años.

El último ajuste al calendario gregoriano para corregir el desfase aún existente, consiste en añadir una hora cada 600 años. Por esta razón, y para conseguir esto sin mayores traumatismos, desde 1972 se añade un segundo, llamado «intercalar», a algunos años; así por ejemplo el 30 de junio de 2015 y el 31 de diciembre de 2016 fueron un segundo más largos.

Existe una propuesta razonable que realizó John Herschel a comienzos del siglo XIX para introducir una corrección al calendario gregoriano, consistente en considerar los años que son múltiplos de 4000 como años comunes en lugar de años bisiestos, lo que reduce la duración media del año calendario de 365,2425 días a 365,24225. Aunque esto aproximaría mejor el año medio tropical de 365,24219 días, la propuesta no ha sido aprobada.

La forma como se adoptó el calendario gregoriano es una buena fuente para poder hacer un ejercicio, ahora que acabamos de celebrar la Navidad. Si aceptamos que Jesús nació el 25 de diciembre del año cero (aun cuando los romanos no usaban el cero), ¿qué día de la semana nació Jesús? Con mayor precisión, para quienes gustan de hacer cuentas, puede determinarse el día de la semana en que Colón llegó a América. Y más sencillo aún es determinar el día de la semana en que ocurrió la Batalla de Boyacá, ahora que se celebrará el bicentenario de nuestra independencia. 

@MantillaIgnacio

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