Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

De un cáncer a otro…  De la oscuridad a la luz – tercera parte

 No se puede vivir con miedo a morir

Mi colega Myriam Muñoz  ha padecido, como pocas personas, los más severos retos frente a un extraño síndrome que se ha ensañado en poner a prueba, repetidamente al límite y sin tregua, su capacidad y fortaleza para soportar, desde hace más de cuatro décadas, la enfermedad que cada vez padecen más personas en el mundo: el cáncer. 

Su vocación docente le ha despertado un interés especial por compartir su experiencia para inspirar, contribuir y enseñar cómo sobrellevar la vida luchando enferma, no contra unos, sino contra varios cánceres. Y aunque su intención inicial era hacer llegar solamente a sus amigos y familiares su conmovedor relato, es imposible guardar esta historia de vida ejemplar, que despierta mi admiración, sin compartir más ampliamente su testimonio. 

Sería egoísta guardar para solo un reducido grupo este maravilloso testimonio que será de gran utilidad para los lectores; por eso, con la autorización de Myriam, he decidido publicar en cuatro entregas, su historia.

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ

Tercera entrega

Myriam Muñoz

La vida siguió su curso y después del nacimiento de mi hija yo había quedado con fuerte sangrado cuando menstruaba, me hicieron un legrado, pero no dio ningún resultado. Después del primer legrado, me practicaron otro y en la patología se diagnosticó un carcinoma moderadamente diferenciado en el endometrio y endocervix, cuando fui por el resultado de la patología, el genetista me había llamado para decirme que acababa de leer un artículo en donde se aseguraba, que las mujeres que teníamos ese gen que no protegía del cáncer de colon teníamos el 35% de probabilidades de tener cáncer de matriz o de ovarios, así que no importaba la patología me hiciera operar, pero ya la patología había dado lo sospechado. Lo único que se me ocurrió decir al recibir el resultado de la patología fue: POR QUÉ A MÍ, y a mi esposo: ME TIENEN QUE OPERAR, ya sabía yo que lo mejor en ese caso era la cirugía. Así fue como me hicieron una histerectomía total y nuevamente como fue en primer estadio, no me tuvieron que hacer quimioterapia o radioterapia, las células cancerosas habían salido ya en  el legrado, luego cuando analizaron lo que me habían extirpado, todo estaba ya libre del cáncer.

Mi hermano mayor era también profesor de Matemáticas de la Universidad Nacional, de tal suerte que cuando me operaron a mí, él ya había sido operado y como todavía no le habían empezado la quimio, él me reemplazó en mis clases mientras yo me recuperaba, siempre estuvimos el uno para el otro. Cuando a él le empezaron la quimioterapia yo a veces lo reemplazaba, en ese entonces él ya se había pensionado y dictaba un curso en la Universidad de Los Andes, cuando él no podía yo lo reemplazaba. 

En este momento quiero resaltar y quiero agradecer a mi hermano mayor, pues él estuvo presente en todas las etapas importantes de mi vida. Primero fue hermano mayor, cuando murió mi papá, fue mi papá, siempre tan paciente y comprensivo, cuando decidí que quería estudiar matemáticas puras en la Universidad Nacional, él me colaboró, primero convenciendo a mi mamá de que yo sí podía con ese estudio. Como primera medida tenía que ser bachiller y yo estaba en la Normal de Señoritas en Tunja, pasé al Colegio Boyacá hasta con beca y me gradué como Bachiller. Presenté el examen de admisión y entré a la universidad, en ese momento mi hermano era profesor de la Universidad y yo me convertí en la “hermanita de Chepe”. Él fue profesor mío en una materia. Me gradué y me fui con beca para estudiar a Alemania, un poco más tarde él se fue con beca de estudio para Francia, pasado un tiempo fui a presentarle al hombre que hoy es mi esposo, él le dio el visto bueno y se alegró por mí, pero estaba  triste pensando qué tal vez no me volvería a ver pues mi esposo es de Turquía, yo le contesté que el mundo da muchas vueltas y no sabemos el futuro, eso pasó y después de varios años ya estábamos en Colombia para vivir, en ese momento él era el director del departamento de Matemáticas y Estadística así que fue mi jefe directo. Como nosotros hacíamos investigación, fuimos compañeros en un grupo liderado por el profesor Takeuchi, entonces fuimos colegas. Después yo fui la presidente de la Sociedad Colombiana de Matemáticas, él se convirtió en “el hermano de Myriam”. Siempre fue mi guía y consejero.

 Leyendo y estudiando sobre el cáncer, aprendí que, si uno sangraba por el recto, el cáncer estaba localizado en el colon descendente como en mi caso, en el sigmoide, si uno estaba con anemia el cáncer se localizaba en el colon ascendente como en el caso de mis dos hermanos.

La gente en la universidad comentaba que me había dado una recaída, pero esto no es el caso, es un nuevo cáncer, no es metástasis, tiene que ver con el gen. Según los investigadores, tengo el síndrome de Lynch tipo 2, le llamaron así en honor al gran genetista Dr Lynch. Es decir, siempre puede aparecer otro cáncer que no tiene que ser metástasis. 

Nuevamente la vida siguió su curso, esta vez no tuve problemas con el manejo de la parte psicológica, ya había aprendido acerca del cáncer, que detectado a tiempo no es mortal, y que hay que saber llevar las consecuencias de cada operación. Mis hijos ya habían crecido lo suficiente y estábamos integrados a la sociedad y a la economía, ellos habían aprendido a trabajar y a ser independientes, a pesar de que a mi hija todavía le faltaba un año de bachillerato, ya no era preocupante, todo eso fue lo que influyó para que yo estuviera más tranquila. Siempre he pensado que uno educa a los hijos para que sean independientes. 

En algún momento pensé, ya vi a mis hijos crecer, estudiar, graduarse, casarse, doctorarse, trabajar, es más de lo que yo esperaba después del primer cáncer.

Como me descubrieron el cáncer apenas empezando, nuevamente no hubo necesidad de ninguna quimioterapia o radioterapia, a pesar de la operación tan grande, me recuperé rápido y al mes ya estaba trotando en el estadio de la universidad, como era mi costumbre. El ejercicio es de gran ayuda en la vida, no sólo ayuda en la parte psicológica, también ayuda a prevenir el cáncer. La otra parte importante en la prevención del cáncer son los controles periódicos, nunca se debe bajar la guardia. 

El trabajo, el ejercicio, una dieta saludable le dan a uno calidad de vida. Así tuve otros años de vida tranquila. Entre tanto me pensioné, mi hija se había graduado, empezó a estudiar en la Universidad Nacional y luego se fue a estudiar a Estados Unidos.

Ya pensionada nos fuimos de paseo por bien merecidos siete meses y al regreso pensamos en radicarnos fuera de Bogotá, terminamos en Villa de Leyva, compramos un lote e hicimos construir una casa en un sitio tranquilo. Llevábamos un año viviendo allá cuando empecé a sentirme acelerada, yo que siempre haciendo deporte, la frecuencia cardiaca es baja, me sentía como si hubiera corrido la maratón, me tomé la tensión y estaba alta, nunca había tenido tensión alta, igualmente el ritmo cardiaco estaba muy alto, decidí llamar a mi médico general y me recetó un medicamento para la tensión, mientras viajaba a Bogotá, era viernes y como no se estabilizó la tensión decidí viajar el lunes a Bogotá. Yo le decía a Dios, con tanto esfuerzo que construimos la casita y apenas llevábamos un año viviendo allá, que me dejara disfrutarla un poco más, Él ha respetado mi súplica.

Viajé en el primer bus y en ayunas, de manera que pude ir directo a la universidad al médico; primero me ordenó un cuadro hemático, tenía una anemia terrible, así que ordenó examen para sangre oculta y claro salió sangre oculta, el siguiente paso fue ordenar endoscopia y colonoscopia. El gastroenterólogo que me realizó los exámenes encontró un pólipo en el intestino, el cual extirpó e inmediatamente se envió a patología, él sabía ya que era canceroso, le pregunté: si la patología sale negativa, qué hacemos, me dijo: hacemos colonoscopia hasta que salga positiva, o sea que ya era claro que había que actuar rápido. Regresé a casa con mi hermana y mi cuñado, ellos siempre me han colaborado con la casa y con los animales, en ese momento teníamos dos perros y tres gatitos; debía regresar a Bogotá, esta vez acompañada de mi esposo.

Entretanto salió el resultado de la patología y como se esperaba era cáncer de colon, tenia que buscar a un cirujano. En enero de ese año me habían realizado los exámenes de rigor y estaba bien, pero en septiembre fue cuando me detectaron el cáncer, de ahí la importancia de estar alertas a cualquier cambio, no para estresarse, pero si para hacer las cosas a tiempo.

Un cirujano amigo, quien no me podía operar pues no estaba adscrito a la universidad, me recomendó a su mejor estudiante de todo su tiempo de trabajo como profesor, el mejor gastroenterólogo que he conocido; el cáncer se descubrió el 22 de septiembre y el 3 de octubre ya estaba operada, me quitaron todo el colon y se hizo una operación especial, pues ni mi hermano ni yo hemos tenido colestomía. 

De esa operación me recuperé bien, aunque no tan pronto como hubiera querido, estaba el factor de la edad y la dieta adecuada.

Además de la familia y amigos, los animalitos me han dado mucha paz y cariño, yo que tenía pánico a los perritos, llegué a tener cinco perros grandes: dos Golden Retrievers, dos pastores Collie y una criollita, el Golden más grande y viejo murió hace dos años, él era mi guardaespaldas. Los cuatro restantes son todos adoptados y muy tiernos además de no ser agresivos. 

Pasaron los años, mi hijo hizo su doctorado en economía en la universidad de Brown y empezó como profesor de en la Southern Methodist University en Dallas, Texas, mi hija hizo su doctorado en física espacial en la Universidad de Kansas, luego un postdoctorado en el Instituto Weizman en Israel, luego otro postdoctorado en Bélgica, donde se quedó a trabajar y a vivir. Escribo esto pues estoy muy orgullosa de lo que ellos y yo logramos. 

La vida transcurría tranquila y yo siempre pendiente de mis controles pues además de los cánceres que se podían presentar por el síndrome de Lynch tipo II, tuve un primer un cáncer de piel escamo celular y luego como a los tres años un escamocelular y un basocelular, SIEMPRE HAY QUE ESTAR EN CONTROLES, con este síndrome uno no sabe ni cuándo ni dónde se va a presentar otro cáncer.

Entretanto llegó la Pandemia del COVID-19. Boyacá, mi departamento, cerró fronteras, el condominio donde vivimos cerró puertas a empleadas domésticas y jardineros, todos los días en el pueblo a las 4:30 p.m. empezaba toque de queda hasta las cinco a.m., los fines de semana, sábados, domingos y festivos, nadie podía salir de su casa, sólo los carnetizados como domiciliarios, entre semana había el pico y cédula, es decir de acuerdo al último número de la cédula y al correspodiente se empezaron los trabajos de domiciliarios, que favoreció tanto al que compraba como al que traía, pues por ejemplo joyerías, almacenes que no fueran de víveres y restaurantes cerraron, fue una situación difícil. Los médicos sólo atendían telefónicamente y en algunos casos con video. 

Esto contribuyó a que no se pudieran hacer los controles de rigor y por eso mucha gente enfermó y sobretodo, estoy aterrada de la cantidad de personas a las que les diagnosticaron cáncer, con tan mala suerte que el cáncer ya estaba muy avanzado y había hecho metástasis. Para muchos de mis amigos ya era tarde y murieron en esos días, además algunos médicos y veterinarios conocidos, también murieron, muchos por COVID-19, pues todavía no había vacunas.

Durante la pandemia mi hermano mayor tuvo obstrucción intestinal, lo operaron y para desbloquear, con tan mala suerte, le hicieron, varias perforaciones en el intestino, así que dos días después tuvieron que operar otra vez para cerrar las perforaciones, quedó una perforación abierta con la consecuente peritonitis y con tanto antibiótico no se dieron cuenta. Pasado un año, tuvo que hacerse exámenes y le descubrieron un cáncer de estómago, lo programaron para cirugía, lo abrieron pero no pudieron hacer nada, dentro del abdomen todo estaba adherido. Le empezaron a hacer quimioterapia bastante fuerte y así siguió en tratamiento por más de año y medio. 

La segunda hija de mi hermano enfermó y también le detectaron cáncer. Ella murió a los pocos meses. También una sobrina segunda tuvo cáncer y no sobrevivió, murió a los cinco meses de mi sobrina. Mi hermano murió a los dos meses de mi sobrina segunda.

Como vemos, nuevamente la genética tiene mucha influencia en el cáncer.

Comentarios