El matemático, físico, politólogo, marino y caballero francés Jean‑Charles de Borda (1733‑1799) es el creador de un sistema de votación que lleva su nombre y que, con toda seguridad, muchos lectores han utilizado alguna vez para tomar decisiones colectivas: en sus lugares de trabajo, en reuniones familiares o en juntas y asambleas de administración de sus lugares de residencia.

El método resulta especialmente interesante porque sustituye la lógica de votar por un único candidato y permite, en cambio, seleccionar a alguien que quizá no cuente con un apoyo mayoritario, pero que tampoco genera un rechazo significativo. En esencia, el método de votación de Borda puede resumirse así:

Si debe elegirse a uno entre n candidatos, cada elector elabora una lista con a lo sumo m nombres, donde mn, ordenados según su preferencia. El valor de m, que fija el número máximo de candidatos que cada votante puede incluir, se determina de antemano y, para que el método no se reduzca al sistema tradicional, se exige que m ≥ 2.

Para realizar el conteo final se examinan todas las listas: al candidato situado en la primera posición se le asigna una puntuación multiplicándolo por el factor m; al segundo, por m − 1; y así sucesivamente hasta llegar al último, que recibe el factor 1. La puntuación total de cada candidato es la suma de los valores obtenidos en todas las listas, y el ganador es aquel que alcanza la mayor puntuación.

Para ilustrar el funcionamiento del método, consideremos el siguiente ejemplo. Supongamos que en un curso de matemáticas hay 40 estudiantes que no logran ponerse de acuerdo sobre la fecha del examen que deberá realizarse el próximo mes. Se plantean tres posibilidades: realizarlo el día 10 (opción A), el día 20 (opción B) o el día 30 (opción C).

El grupo decide someter la elección a votación para determinar cuál de las tres fechas resulta más conveniente para la mayoría. Cada estudiante debe escribir en una papeleta sus tres opciones ordenadas por preferencia, es decir, indicar cuál sería su primera, segunda y tercera elección según su propio criterio.

En este ejemplo se tiene m = n = 3. Supongamos que, al realizar el conteo de las papeletas, se obtiene el siguiente resultado, teniendo en cuenta que la primera opción recibe el factor 3, la segunda el factor 2 y la tercera el factor 1.

La tabla anterior muestra que la opción ganadora es la B, que fue la que acumuló la mayor cantidad de puntos. Para comprender mejor la esencia del método, conviene observar que esta opción no fue la más votada como primera preferencia: la opción C obtuvo 18 votos en primer lugar, mientras que la B solo 15. Si la votación se hubiera limitado a escoger una única opción —es decir, si se hubiera aplicado el sistema tradicional de mayoría simple— el resultado habría sido el que aparece en la columna correspondiente al factor 3.

Veamos ahora un ejemplo con un conjunto de datos más amplio. Supongamos que en unas elecciones municipales compiten cuatro candidatos: A, B, C y D. Las encuestas de favorabilidad indican que A cuenta con un 40 % de apoyo, B con un 20 %, C con un 25 % y D con un 15 %. En una elección directa —es decir, votando únicamente por un candidato— el ganador indiscutible sería A.

Sin embargo, si se aplica el método de Borda, el resultado podría ser distinto. Supongamos que la votación arroja los datos que aparecen en la siguiente tabla, cuya columna correspondiente al factor 4 refleja precisamente los porcentajes de favorabilidad antes mencionados.

La tabla muestra el porcentaje de votantes que apoya a cada candidato como primera, segunda, tercera o cuarta opción. De acuerdo con el conteo del método de Borda, el ganador sería el candidato B, quien en una elección directa habría ocupado el tercer lugar y que, en un sistema electoral como el que usamos en Colombia para elegir presidente, ni siquiera habría pasado a segunda vuelta. Este contraste pone de relieve que el método de Borda tiende a favorecer a candidatos con un respaldo más equilibrado y con menores niveles de rechazo, incluso cuando no son los más populares como primera preferencia.

Este mecanismo se utiliza en algunos países —Eslovenia, por ejemplo— para elegir a los parlamentarios que representan a ciertas minorías. 

El método de Borda presenta, además, algunas variantes. Una de ellas consiste en permitir que el votante decida si completa o no la lista: es decir, que no esté obligado a seleccionar exactamente m candidatos, sino que pueda votar hasta por m candidatos según su propio criterio.

Esta modificación introduce un cambio importante: los candidatos que generan rechazo pueden quedar fuera de muchas listas y recibir cero puntos, lo que reduce su puntuación total y favorece a aquellos con un apoyo más amplio y menos polarizado. 

Por ejemplo, si hay cuatro candidatos —A, B, C y D— y un votante solo desea apoyar a A y B, puede incluir únicamente esos dos nombres. En ese caso, C y D no reciben ningún punto, porque sus nombres no aparecen en la lista. En cambio, en el método tradicional ambos habrían obtenido al menos un punto por obligación, ya que incluso el candidato colocado en la última posición recibe un puntaje mínimo. Naturalmente, si el elector decide votar únicamente por uno de los cuatro candidatos, el procedimiento se aproxima al método de mayoría simple y el votante pierde la oportunidad de expresar su rechazo o menor preferencia por los demás.

Naturalmente, adoptar sistemas de votación como el de Borda para elegir a nuestros gobernantes transformaría de manera profunda la dinámica electoral. Un mecanismo de este tipo eliminaría la necesidad de realizar una segunda vuelta, pues el propio sistema incorpora la información que hoy se obtiene en esa etapa adicional. Además, las estrategias tradicionales de los llamados barones electorales se verían considerablemente afectadas, ya que su capacidad de concentrar apoyos en torno a un solo nombre perdería eficacia frente a un método que premia el consenso y penaliza el rechazo. En conjunto, un cambio así modificaría no solo los resultados posibles, sino también la forma misma en que se construyen las alianzas políticas y se moviliza al electorado.

@MantillaIgnacio

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