Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

Astronomía eclesiástica aplicada a la Semana Santa 

En varias ocasiones he escrito sobre el origen del calendario gregoriano y la influencia que tuvo la Iglesia Católica en su implementación, también he compartido ingeniosos algoritmos para determinar cuándo se celebra cada año en el mundo cristiano la Semana Santa. Este año, su celebración la próxima semana y no otra, obedece a una excepción que quiero compartirles.  

Aun cuando ya lo había explicado en un artículo anterior, es indispensable saber que la determinación de la Semana Santa cada año no obedece a un capricho reciente; su origen se encuentra en las decisiones que se tomaron en la Iglesia Católica hace ya 17 siglos, gracias a las cuales es posible conocer de antemano, para cualquier año futuro, cuáles son las fechas reservadas para esa semana.

En efecto, fue en el año 325, cuando se celebró el Concilio de Nicea, que se llegó a un acuerdo y se decidió celebrar la resurrección de Jesús de Nazareth un mismo día entre todos los cristianos, poniendo fin así al desorden, confusión y diferencias que existían hasta entonces sobre la fecha correcta para celebrar el Domingo de Pascua.

No obstante, hubo que esperar dos siglos, hasta el año 525, para poder imponer el método para el cálculo de la fecha. El encargado fue un erudito monje, aficionado a las matemáticas, llamado Dionisio el Exiguo (en alusión a su baja estatura), quien convenció de las ventajas y precisión de su método para calcular con exactitud la Pascua de cualquier año futuro

El método toma como base la llegada de la primavera al hemisferio norte. Se fijó que el 21 de marzo de cada año es la fecha del equinoccio de primavera, aunque esta no coincida con la fecha astronómica real (hay algunos años en los que el equinoccio ocurre el 20 de marzo y no el 21).

Fijada la fecha del equinoccio, el Domingo de Pascua se establece como el domingo inmediatamente siguiente a la primera luna llena de primavera; es decir, el domingo inmediatamente posterior al primer plenilunio de la primavera del hemisferio norte, es decir, posterior al equinoccio, que todos los años es, como ya se dijo, el día 21 de marzo.

Hay una excepción cuando el primer plenilunio de primavera cae en domingo; en este caso la celebración de la Pascua se corre para el siguiente domingo. Esta medida se adoptó con el único propósito de impedir que la Pascua cristiana coincida con la judía.

Esta excepción es justamente la que se ha aplicado este año, pues la primera luna llena, después del 21 de marzo, tiene lugar este 28 de marzo que cae en domingo, razón por la cual, el Domingo de Pascua se corre para el siguiente domingo, que corresponde al día 4 de abril.

Es interesante saber que con las reglas y la excepción antes enunciadas, el Domingo de Pascua no podrá caer nunca antes del 22 de marzo porque el que más pronto puede ocurrir en un año es el que tiene lugar cuando el primer plenilunio cae un sábado 21 de marzo. Esto es lo que ocurrirá en el año 2285. 

Y la última fecha en la que puede tener lugar la Pascua es la del 25 de abril; para que esto ocurra se necesita que el 20 de marzo sea luna llena y entonces hay que esperar una lunación completa (29 días) para llegar al primer plenilunio de la primavera, que ocurriría el 18 de abril. Así, solo si esto sucede en domingo, será el 25 de abril el de Pascua (siguiente domingo al primer plenilunio). El año más próximo en el que ocurrirá esto será el 2038.

Y debo agregar un detalle adicional: en realidad el método establece como Domingo de Pascua el siguiente a la primera luna llena «eclesiástica», determinada por la Iglesia mediante cálculos basados en unas tablas numéricas muy complejas que son usadas para calcular los ciclos de la luna en forma aproximada, tablas que se han utilizado para realizar ajustes similares a los que se introdujeron en 1582 para la incorporación de otros años bisiestos con el fin de corregir la medición de la duración de los años solares y lograr que los valores enteros coincidan con los cálculos astronómicos reales. 

Aunque casi siempre coincide la fecha de la luna llena eclesiástica con la de la luna llena astronómica, las pequeñas diferencias entre el criterio astronómico y el religioso pueden alterar las cosas. Recientemente, en el año 2019, la luna llena eclesiástica tuvo lugar unas horas antes del día 21 de marzo, por lo tanto no fue esta la primera de la primavera y hubo que esperar la siguiente luna llena, el 19 de abril, para que se reconociera esa fecha como la del primer plenilunio; por esa razón el domingo 21 de abril fue el de Pascua y no el domingo 24 de marzo.

Este curioso fenómeno ya se había presentado en 1962 y mientras no se reemplace “luna llena eclesiástica” por “luna llena astronómica” se seguirá presentando en algunos años futuros. 

Finalmente les comparto un dato estadístico: el 19 de abril es la fecha más frecuente del Domingo de Pascua (casi 4 veces cada siglo). Lo menos frecuente es que sea el 22 de marzo (solo 5 veces cada milenio).

@MantillaIgnacio

Comentarios