Don Ramón, psicología laboral

Publicado el ramon_chaux

Te contrato porque te necesito

 

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Pedro es un arqueólogo que ha dedicado cuarenta años de su vida a descifrar un enigma. Trabaja muchas horas al día en las excavaciones, incluso navidades y fiestas especiales, aislado en lo profundo de una cueva. Su interés es descubrir una nueva serie de homínidos. Su paga es poca e inconstante pues depende de fundaciones y donaciones que no siempre llegan puntuales. Esto no mella su ánimo de trabajo. Al final de su vida obtiene reconocimiento, es invitado a dar charlas e incluso escribe un libro al respecto.

María es entomóloga. Desde niña le apasionaban los insectos. La mayor parte de su año la pasa en la selva, en condiciones nada cómodas e incluso con peligros para su salud y su vida. No ha pensado jamás abandonar su trabajo. Su deleite es documentar en fotografía todas las especies de insectos del mundo que más pueda. Sabe que su vida no le alcanzará, pero se levanta todos los días con un ánimo increíble. En 5 años tiene documentadas 32.000 especies, únicamente de América Latina. Sabe que su vida entera no le alcanzará para fotografiar las más de 800.000 especies de insectos del mundo, pero espera hacer uno de los mayores aportes fotográficos al mundo de la entomología realizado por una persona en particular.

Camilo es un ciudadano del corriente. Para pelear contra el terrorismo internacional su país lo ha llamado a las filas y alistarse para la guerra. Camilo sabe que la guerra es el peor de los mundos. Que su vida está en constante peligro. En el día se soportan 40° C de calor en el desierto bajo un grueso uniforme y de noche duerme en una trinchera con frio. Ve la muerte a cada momento pues a diario pierde compañeros. No siempre llega la comida y es difícil dormir en medio de los estruendos de las explosiones que amenazan con despedazarlo en un golpe de mala suerte… Se siente orgulloso de su tarea y no le ha pasado por su mente abandonar. Camilo cree firmemente que su labor es apreciada por el mundo y que su deber es estar ahí.

Jorge trabaja en una oficina cómoda. Estudió administración pero curiosamente encuentra que no aplica ni el 5% de lo que aprendió en la universidad. Tiene aire acondicionado, dispensador de café y una silla cómoda. Su salario llega puntual cada mes, sin falta, y le alcanza para pagar su casa, su auto nuevo, atender sus necesidades básicas (comida, salud) y hasta para hacer un viaje anual a un destino nacional y al menos cada dos años viaja fuera del país. Todos los domingos por la tarde ve con desagrado como se acerca el lunes. Cuando llega la madrugada del día posterior al domingo se lamenta antes de levantarse y cuando va de camino piensa “Ojalá esta semana pase rápido”. La alegría del fin de semana vuelve a aparecer el jueves en la tarde cuando va camino a casa: “! Mañana es viernes!”. No sabe por qué el viernes es el día más largo de la semana pues desde el mediodía empieza a contar las horas para salir. Tiene marcado el calendario con los puentes festivos y sabe exactamente cuántos días faltan para sus vacaciones. Aunque sus jefes no lo saben, está pasando hojas de vida a otras empresas.

Como colofón de estas historias podemos decir que no siempre podremos hacer coincidir nuestros intereses con el trabajo…

! Pero un momento!  Algo no anda bien.

Camilo no pensaba de niño ir a la guerra y su interés es ser médico, sin embargo desarrolla su labor como soldado con alta motivación.

Y es que a los seres humanos…

A los seres humanos nos gusta sentirnos importantes. Nos gusta sentirnos reconocidos. A los seres humanos nos gusta saber que lo que estamos haciendo es altamente apreciado por otros. Nuestra especie está adaptada incluso para dar su propia vida en aras de causas nobles. Somos seres trascendentes.

Nos acostumbramos a vender la energía, nuestra glucosa en sangre, por un montón de monedas. La variedad de tareas que requiere el mundo no da lugar a escogencia: trabajamos en lo que encontramos.

El orden de los factores debería de cambiar: Te contrato porque te necesito, porque tu trabajo, tu tiempo y tu experticia es valioso para mí. A cambio te doy dinero para que puedas dedicarte a lo que te pido sin más preocupaciones, pero me interesa tu aporte. ¡Quiero tu trabajo!

La ley del mercado ha hecho que sea el empleado quien agradece infinitamente haber sido contratado, pues si no es él o ella, hay miles detrás que quieren y pueden reemplazarlo.

Si cambia el paradigma, si el empleador agradece al empleado que dedique su energía y su tiempo en la labor asignada (y se lo recuerda todo el tiempo), logrará resultados extraordinariamente mejores (y de paso se ahorrará un dineral en “expertos motivadores”). El salario es el mismo. El lugar de trabajo también. La tarea no cambia. Lo que si cambiará es la motivación del empleado y con esto su productividad.

No es tan primordial el salario. Lo fundamental es que el empleador celebre que la persona llegó a trabajar para él y además reconocerle que es una función importante. No afecta si es ser recepcionista, agente de call center, psicóloga de selección o coordinador de ventas. Cómo empleador celebro el establecimiento de la relación laboral y agradezco que aceptes dedicar la mayor parte de tu tiempo diario a mi negocio (y lo demuestro con hechos y acciones que no necesariamente son plata).

¿Será capaz la ley de la oferta y demanda, unido al orgullo patronal, hacer cambiar la ecuación de agradecimiento y reconocimiento en la relación laboral?

Si alguien lo logra por favor cuéntelo. Aseguro que tendrá resultados inmejorables.

PD/ Lea este post relacionado con el tema: https://blogs.elespectador.com/don-ramon-psicologia-laboral/2014/10/26/y-ya-que-no-todo-es-dinero-porque-no-aplaudimos-al-cocinero/

 

¡Hasta pronto!

 

Ramón Chaux

Psicólogo Organizacional Freelance

https://www.facebook.com/DonRamonPsicologiaLaboral/

 

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